Raúl Quintanilla, forjador de estrellas

Por: Kury Galeana / Fotografía: Toño Flores/TV Azteca

actor_junio_01Al hablar de Raúl Quintanilla es hacerlo de alguien que ha dejado su huella en el teatro y la televisión, además de ser uno de los personajes más reconocidos en la escena teatral; bajo su tutela en el Centro de Formación Actoral (CEFAT) de TV Azteca, se han formado una buena parte de los actores que hoy protagonizan las películas, telenovelas y series mexicanas.

De entrada le comento que muchas de las actrices que hemos entrevistado en Personae, presumen haber sido formadas bajo su tutela, él sonríe y comenta: “Eso es una generosidad de parte de los alumnos, pero creo una de las cosas fundamentales cuando uno enseña actuación es que uno no está enseñando las técnicas sobre la actoralidad, está uno enseñándoles un proceso de pensamiento que está basado en tratar de encontrar entendimiento de cosas que normalmente en la vida dejamos pasar. La actuación es un tipo de pensamiento completamente antinatural que busca el conflicto en vez de buscar la armonía y cuando encuentra la posibilidad de desarrollar el conflicto, uno se vuelve un ser humano que tiene otro tipo de profundidad, de ideas, de cosas que ayudan mucho a la comprensión de una realidad paralela, que es distinta a la que uno vive”.

“Uno vive la realidad desde una manera muy rupestre, tratando de gozar la existencia, pero luego se nos olvida que el gozo en la vida es el sufrimiento y la alegría al mismo tiempo, eso es lo que le permite a uno poder entender las cosas fundamentales de una realidad que es totalmente aprehensible, que se puede dejar ver, pero nosotros por nuestra preocupación, por esta idea de estar bien, dejamos pasar y dejamos de observar. Yo creo que por eso se acuerdan de uno, porque los ayudo a ver la vida de otra manera”, complementa.

Hace algunos años había una gran división entre los actores, aquellos con una larga tradición teatral veían con poca estima a los de televisión, más cuando uno habla de Raúl Quintanilla, lo primero que le viene a la mente es un hombre de teatro; sin embargo, por décadas ha dirigido la principal escuela de actuación de la televisión mexicana, explica a transición: “Tengo 35 años dando clases y había una cierta filosofía que imperaba sobre el teatro, que era una filosofía de esfuerzo, de mucha lucha, un sentido de enorme competitividad, competíamos los unos contra los otros, éramos mucho menos porque costaba mucho trabajo dedicarse a esto y lo más importante era considerar que lo que se estaba haciendo tocaba al arte, no nada más por el nivel del producto, sino por la forma de vivir. Dentro de esas formas de vivir se decía que hacer televisión era algo que rebajaba los niveles de desarrollo, que era prácticamente dejar de pensar artísticamente para entrar en un proceso industrial”.

Prosigue: “Con el paso del tiempo la televisión se empezó a convertir en una posibilidad completamente diferente. TV Azteca tiene 25-26 años y lo que hizo fue provocar un tipo ficción completamente contrastante con lo que existía; las telenovelas de Azteca fueron diferentes, los textos, los programas unitarios, la pretensión de la televisión se modificó. Se quiso hacer algo que marcara, y en ese momento puedo decir que la televisión se convirtió en un cobijo, una gran posibilidad, en un gran desarrollo para muchos seres humanos. Entonces llega un momento, que uno empieza a darse cuenta que el 95% de las personas que uno formó en cualquier escuela, que conoció en el medio teatral y que convivió dentro del cine, están todos trabajando en la televisión, porque se vuelve una enorme opción de poder encontrar -a través de ficciones-, una forma distinta de poder realizar tu trabajo y poder tener una entrada, un salario y una forma de vivir mucho más digna que el simple concepto del esfuerzo que se ponía antes”.

Sobre el éxito de los egresados comenta: “El CEFAT siempre ha tenido un espíritu, no solamente hay que crear buenos actores, esa es una obligación, una exigencia, hay que crear nuevos seres humanos, personas con fortaleza, que sepan respetar, que sepan resistir, pero sobre todo que su condición humana siempre esté relacionada con lo que están haciendo. Si usted logra eso en un alumno, logrará darse cuenta que lo importante no es el atajo al éxito, sino el camino sostenido y desarrollado a poder ponerse a prueba y competir contra quien sea”.

Actualmente el CEFAT se está renovando, se ha abierto al público con un sistema de enseñanza modular no seriado, donde el estudiante podrá tomar materias enfocadas a sus necesidades e incluye otras ramas de la comunicación, además de la actuación: “Estamos en una época donde la gente trae un poco más de necesidad de poder desarrollarse rápido, pensando que no hay atajos al éxito, tenemos que desarrollar a la gente rápido en sistemas de enseñanza flexibles, donde ya no estemos buscando hacer una audición, sino convertirnos en una posibilidad para toda aquella persona que quiera resolver un problema, se acerque a nosotros y tengamos una validación donde él pueda formarse no solamente en la conducción, sino en el área de la comunicación, de la expresividad, enseñar a la gente la capacidad de poder comunicarse, poder crear lenguajes nuevos, también enseñar la conducción como elemento posible de la televisión, dar asesorías individuales a líderes de empresas o a personas que se desarrollan en entornos donde es muy necesaria la comunicación como la política, como las empresas, con un grado muy alto de eficiencia porque el poder ahora está en la comunicación. Hemos abierto aparte de la actuación cinco o seis posibilidades más y va a resolver las posibilidades de una sociedad distinta.

Una de las razones de la creación del CEFAT fue generar un cuadro de actores que nutriera las producciones de la televisora, mismas que casi han desaparecido además del concepto de exclusividad (que firmaban los alumnos), al cuestionar como afecta esto al CEFAT, comenta: “Lo interesante del asunto es que ya las empresas no tienen exclusividad y a los seres humanos ya no les interesa la exclusividad, usted pregúnteles si quieren estar amarrados por un contrato y le van a decir que no, porque el mundo está abierto y tiene muchas posibilidades. Entonces para qué obligar a un alumno a que se encierre, mejor a un alumno que pueda tener una cierta capacidad adquisitiva y que pueda pagar lo que quiera desarrollar. Si la persona nos parece fuera de serie, vemos la oportunidad de quedarnos con ella atrayéndola a una empresa que realmente por ahora no estamos haciendo ficción pero tal vez en muy poco tiempo va a regresar, va a buscar tener un lugar y no necesitamos crear exclusividades, necesitamos crear lealtades y procesos de estancia que el que quiera estar aquí sea porque le gustó y porque se puede desarrollar”.

Pregunto si la institución será menos selectiva, el maestro Quintanilla expone: “El CEFAT Cambia objetivos, desarrolla nuevo propósitos. Trabajar pensando en un solo público le puede provocar que sus ideas se vayan muriendo. El arte puede tener una utilidad, sus ideas deben llegar a un lado, si no, está uno muy cerca del fracaso. Todo está hecho para tener relevancia y utilidad, ya no hay conocimientos estáticos, hay que obligar  y ayudar a las personas a que entren en la infinita bondad del movimiento, que se den cuenta de que hay múltiples posibilidades, acontecimientos y caminos para él que tiene la necesidad expresiva. Entonces el hecho de la selectividad ya no tiene que ver con aquel juego de pretensión artística, ahora lo que uno está buscando es una herramienta para que la gente pueda vivir de manera distinta”.

Mas su labor al frente del CEFAT no lo ha alejado de los teatros donde está vigente, por ejemplo dirige el montaje de la Compañía Nacional de Teatro, El Padre (de August  Strindberg), presentado en la sala Héctor Mendoza, además no se ha anquilosado: “He tenido una gran evolución relacionando el teatro con la neurofisiología, con las emociones, con el mundo sentimental, con la sociología, porque para poder estudiar actuación, para poder enseñar actuación, está uno enseñando planos de profundidad, está metiéndose en el campo del lugar de las cosas extraordinarias y de la intimidad. Para mí el teatro ha sido una plataforma, no ha sido una llegada, ha sido un punto de fuga donde he podido aplicar todo lo teatral en el manejo de asesorías al liderazgo al comportamiento a la comunicación. Creo que las escuelas de actuación necesitan renovar sus planes de estudio, romper la sensación de que hay materias que son exclusivamente las que tienen que darse; hay que alimentar los sistemas de estudio de otra manera, porque estamos en otra ideología, en la posibilidad con otro desarrollo”.

“Es el momento de no dejar al teatro aislado sino que debe conjugarse con otro tipo de lenguajes. El que quiere enseñar actuación no puede hacerlo porque quiere un trabajo, se enseña porque es una necesidad, es una vocación. El arte cuando no te acepta te ataca, te puede destruir. Lo más importante del arte es corregir la naturaleza, no simplemente un amaneramiento estético o una forma de desarrollar o producir emociones pequeñas en el espectador”, complementa.

“La genialidad no existe, existe la capacidad de tener una enorme vocación, de desarrollo y esfuerzo con inteligencia nueva y flexibles para esta época”, concluye.