El origen de la primera manifestación del comercio global de La Nueva España con el Oriente — Fueron 250 años de negocio con el Oriente

Por: Arturo Ríos Ruiz

comercio_jul_01

Alexander Von Humboldt, en su Ensayo político sobre el Reino de la Nueva España, escribió: “Desde que en 1565 Andrés de Urdaneta estableció el tornaviaje y comenzó la historia de la Nao de China, las relaciones con Asia fueron fundamentales para la historia del arte, desarrollo y proyección de la cultura mexicana”. Le faltó escribir que también en lo económico, nació un nuevo comercio entre ambas regiones.

En este trabajo vamos a abordar el origen de ese fenómeno que vale la pena penetrar en los detalles del cómo se dio lugar a este acontecimiento:

Ya consumada la Conquista, Hernán recibió la Cédula Real, se trataba de una orden expedida por el rey de España entre los siglos XV y XIX, cuyo contenido estaba enfocado a resolver algún conflicto de relevancia jurídica, la cual iniciaba con “El Rey” y finalizaba con “Yo, el Rey”. Por mandado de S.A.N Francisco de los Cobos, Se trata de Carlos 1 de España y V de Alemania.

De esta manera, se le ordenó al Conquistador enviar embarcaciones a las islas Molucas para saber de Hernando Magallanes y Fray Joffre García Loayza. Se le explicaba en la misiva u orden, que recodara que en 1519 se habían enviado cinco naves a dichas islas y a otras partes donde había especiería. La moda de aquel momento, consideradas, algunas de ellas como “drogas”.

Se le detalló, que las islas estaban dentro de los límites de sus demarcaciones donde adquirían las espacias por parte del capitán general Hernando Magallanes, de la cual, algunos navíos llegaron a las islas, para cargar especias, pero la nave capitana La Trinidad quedó en aquel lugar, porque se hundió con cincuenta y siete hombres.

comercio_jul_03

Detalla la Orden Real que el año anterior, 1525, se envió otra armada a las mismas islas con el mismo motivo de conseguir las especias, que estaba compuesta de ocho naves, las cuales llevaron como capitán general al Comendador Fray García Loayza. 

Loayza cargó las más grandes de la flota y regresaron con personal del viaje; se le ordenó que se quedaran el resto de las embarcaciones en esas islas con los cuidados y seguridad necesarios, y ayudarían a gobernar esas tierras.

Asimismo, en 1526se le informó, que había partido Sebastián Caboto, con otra armada de tres naves y una carabela, quien iría a las mencionadas islas de Las Molucas con el fin de saber qué pasó con las expediciones anteriores y con la nao capitana llamada la Trinidad.

Se le instruía que indagara qué pasó con sus ocupantes, qué ocurrió con aquellas embarcaciones, y si convendría enviar a esa parte con diligencia una carabela o dos, para traer noticias de lo antes explicado.

El Rey, le recordaba a Hernán Cortés que por sus Cartas de Relación hacía memoria de las cuatro carabelas o bergantines que construyó y que ya había echado al agua en las Costas del Mar del Sur.

Que mencionaba el conquistador su propósito del descubrimiento de la especiería y que por la gran confianza que le tenía por su voluntad en las situaciones a su servicio y progreso de la Corona Real, le encargaba y mandaba que tan pronto recibiera la Cédula, preparara el envío a una persona de confianza al mando de dos o tres carabelas y un bergantín con ese destino.

comercio_jul_04

Agregó el Rey, “Que vayan en demanda de las Islas de las Molucas, hasta hallar a nuestra gente que en ellas se encuentran”.

“Mandará usted de mi parte, que el capitán y los marineros que conformarán el contingente, que después de llegados a las islas observen las órdenes que adjunta a la carta.  

Y cerraba el Rey sus indicaciones: “Será conveniente que en los barcos que envíe lleven equipo de rescate, para que, si no encuentran a nuestros enviados y sí localizan algunas islas o tierra rica, puedan contratar y rescatar en ellas, se provean de lo que se juzgue conveniente para lo que deberán contar con el mejor piloto, apoyados de marineros expertos en navegación, dentro de lo posible.

La carta de Carlos I de España y V de Alemania, fue la semilla de un interesante viaje por el Pacífico, que partió con el vasco Álvaro de Sayavedra desde Zihuatanejo el 31 de octubre de 1527, con dos carabelas un bergantín.

Uno los barcos y el bergantín se hundieron en el trayecto y Sayavedra tuvo que seguir en una sola nave con su tripulación; recorrió las islas orientales y atendió las órdenes al pie de la letra.

comercio_jul_05

Supo que todos los marineros de Magallanes, muertos ante el ataque de los lugareños, fueron hechos prisioneros y vendidos como esclavos a una banda de chinos, sin saber más de ellos.

Álvaro recorrió parte de las siete mil islas de aquella zona por dos años y medio; recolectó valiosa información y pretendía traer plantas, especias y otros productos, pero murió en el intento de su regreso. Lo valioso de su viaje, fue que dejó la bitácora, día por día de cuánto observó.

 

Frutos del Viaje de Álvaro de Sayavedra Cerón

Año 1565 

comercio_jul_06

Los resultados de la odisea realizada por Álvaro de Sayavedra Cerón, tienen el sello de haber heredado la luz a Andrés de Urdaneta para descubrir la ruta de regreso de las Filipinas a la Nueva España, el Tornaviaje, es decir, el viaje de regreso de esas islas a México.  

Tuvieron que pasar 36 años para que el vasco Andrés de Urdaneta, con base a los intentos de Sayavedra, descubriera que la vía idónea para regresar estaba más al norte del punto donde insistió el primo de Hernán Cortés, en la búsqueda del camino que lo conduciría a su destino, que era Zihuatanejo, de donde había partido el 31 de octubre de 1527 o a Tehuantepec, Oaxaca, como se lo había ordenado su pariente.  

Cinco navegantes habían fracasado, incluido el mismo Urdaneta y parecía que no había manera de encontrar la ruta que devolviera a los marineros de aquellas tierras que se denominaban las Indias Orientales, hacia la Nueva España.  

Por ello, es tan importante la hazaña de Andrés de Urdaneta, así como la de Álvaro de Sayavedra que dejó fincados los derroteros que más tarde siguió aquel, para inaugurar el regreso y dar lugar a la extensión del dominio español a las Filipinas.

Se produjo la primera manifestación del comercio global en México, a través de la legendaria Nao de China, que venía de Filipinas con vasta mercancía de la zona de Oriente, cuyo destino, a parte de la Nueva España y otros países de América, estaba en Europa.

Fueron 108 viajes que realizaron 50 barcos de Manila a Acapulco y viceversa durante los 250 años de ese intercambio comercial, pues la mayor parte de los navíos repetían el trayecto cargados de mercancía de Oriente y toda Asia que comerciaban por a América y Europa. 

Además, transportaban de la Nueva España otros lotes de productos de América Latina conquistada.  

De esas 50 embarcaciones, 15 fueron construidas en los astilleros de Zihuatanejo, los demás en Salagua, Barra de Navidad, Acapulco y Autlán.

comercio_jul_07

Por esa razón, se incluye en este trabajo parte de la vida de Andrés de Urdaneta, quien conoció personalmente a Álvaro de Sayavedra en las tierras de los mares de Oriente, donde establecieron una relación de interés para ambos en cuanto a su actividad en los mares.

Andrés de Urdaneta nació en Ordizia, zona Vasca de España, en 1508 y murió en México en 1568, sus padres Juan Ochoa Urdaneta y Gracia de Cerain; los datos de su vida hasta los 15 años son oscuros y especulativos, por lo que es preferible no tocar lo escrito de esa parte de su existencia para no caer en confusiones.

Fue hasta 1553 cuando Andrés de Urdaneta viajó a México con 45 años de edad, se alojó en el Convento de los Agustinos y se considera que, ahí conoció a Miguel López de Legazpi.

Urdaneta partió del puerto Filipino San Miguel, el primero de junio de 1565, estaba consciente de que quien más se acercó al objetivo fue Álvaro de Sayavedra Cerón y conocía su Carta de Navegación; ello le permitió avistar más al norte, frente a Japón donde encontró las corrientes que deslizaron el barco hacia América.

Luego de cuatro meses de navegación, un recorrido de 20 mil kilómetros, llegó a Acapulco el 8 de octubre de ese mismo año, 1565.

Fue un sacerdote Agustino, marinero y explorador que desde los 17 años inició la carrera que más tarde lo haría inmortal.