Objetivos de Desarrollo Sostenible “en veremos” para el mundo — Primera parte

Por: Juan Danell Sánchez

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Los focos de alerta se encienden. Es la luz amarilla que universalmente previene sobre algún acontecimiento que incide de manera directa en la seguridad de las personas, sea de manera individual o de la sociedad en su conjunto. Se trata, en este caso, de la posibilidad de que los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) no lleguen a buen puerto en el plazo que fijó la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 2015, para cumplirse en 2030.

La premonición fue anunciada desde la presentación del informe “Situación y Perspectiva Mundial 2017”, por Diana Alarcón, economista principal del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, quien explicó que “la recuperación económica no es suficiente en algunas regiones para alcanzar los ODS. Es preocupante el deterioro de las perspectivas de crecimiento para algunos de los países más pobres. Se espera que el PIB, en conjunto de éstos, crezca en la siguiente proporción 4.7% en 2017 y 5.3% en 2018: cifras significativamente inferiores al 7.0% necesario para alcanzar los Objetivos”.

En México, cuyo crecimiento para 2019 se estima inferior a 2.0%, recientemente, durante la celebración del Día Nacional de la Semilla, profesores e investigadores de la Universidad Autónoma Chapingo (UACh) alertaron a los gobiernos municipales, estatales y federal sobre la problemática que enfrentaremos como país con el cambio climático en las proyecciones al 2050, por lo que urgieron, básicamente, tomar medidas para la conservación y regeneración de bosques y ecosistemas de las selvas dañadas por los incendios en los últimos 30 años.

Bernard Herrera y Herrera, director general de Investigación y Posgrado; José Mejía, investigador del Departamento de Fitotecnia, y Leovigildo Córdova Téllez, director general del Sistema Nacional de Investigación y Conservación de Semillas de la UACh, precisaron la urgencia de que el Gobierno Federal estructure e impulse políticas de reconversión ecológica y agrícola, toda vez que, para 2050, México deberá producir 70% más de alimentos en la misma superficie con que se cuenta en la actualidad.

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Sobre el tema PERSONAE entrevistó a Salvador Fernández Rivera, Coordinador General de Desarrollo Rural de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), considerado en esta dependencia como el especialista para hablar de este tópico.

¿Cuál de los ODS considera fundamental para que el campo pueda superar los problemas que enfrenta en la actualidad?

La Agenda 2030 consiste en un conjunto de 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) orientados conjuntamente al desarrollo sostenible integral y ha sido adoptada por 193 Estados miembros de la ONU, entre ellos México. En el marco de la Agenda 2030, la superación de los problemas que el campo mexicano enfrenta en la actualidad, está relacionada principalmente con el ODS 2, “Hambre Cero”. 

Al aumentar la producción agropecuaria y acuícola pesquera se mejora el acceso de los mexicanos a alimento suficiente, nutritivo e inocuo, en particular para las personas que viven en condiciones de pobreza y marginación. En este sentido, el desarrollo del campo es fundamental para el logro de la seguridad y soberanía alimentaria.

El desarrollo del campo está también relacionado con el ODS 1 “Fin de la pobreza”, pues los aumentos en la productividad del medio rural mejoran los ingresos de productores, generando oportunidades de empleo para jornaleros. Por otra parte, el uso eficiente de los recursos naturales, en particular el agua, el suelo, la agro-biodiversidad y los océanos, así como la implementación de buenas prácticas agropecuarias para reducir las emisiones de gases con efecto invernadero contribuyen al ODS 12 “Producción y Consumo Responsable” y al ODS 13 “Acción por el Clima”.   

Dada la profundidad y amplitud de los ODS, ¿es posible que México pueda cumplir con ellos, en el plazo propuesto por Naciones Unidas, desde luego me refiero a lo correspondiente a la realidad socioeconómica y política del medio rural?  

Las metas establecidas en la Agenda 2030 relacionadas con la realidad socioeconómica del medio rural consisten en poner fin al hambre y todas las formas de malnutrición, así como en duplicar los ingresos de los productores de alimentos en pequeña escala, en particular las mujeres, pueblos indígenas, agricultores familiares y jornaleros. 

Para avanzar significativamente hacia el logro de estas metas, es necesario mejorar la capacidad productiva de las unidades de producción familiar, aumentando el valor de la producción, así como la proporción del valor producido que es retenido por los productores. 

Esto es factible mediante el acceso a recursos de producción y mercados de insumos, productos y servicios, la aplicación de conocimientos y tecnologías apropiadas y el uso de prácticas que mejoren la resiliencia de la agricultura al cambio climático y que preserven o mejoren la base de recursos naturales en beneficio de las generaciones futuras. 

¿Qué lectura merece el hecho de que México fue el principal país que impulsó en cabildeo y posterior estructuración de los ODS en la ONU (2015), esta iniciativa que tiene sus principios fundamentales en el Plan Nacional de Desarrollo del presidente Miguel de la Madrid, y que fue la propuesta de desarrollo sostenible vanguardista que por primera vez en América Latina se haya registrado?

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México tuvo una participación muy activa en la formulación de la Agenda 2030 a partir de los Objetivos de Desarrollo del Milenio adoptados en el año 2000. Nuestro país también se ha distinguido por establecer mecanismos formales de seguimiento a la implementación de la Agenda y por la presentación voluntaria de avances que se tienen en el país en torno a los ODS. 

En la presente administración, la política para el sector agropecuario y pesquero se centrará en lograr avances significativos en las metas establecidas en la Agenda 2030, en particular en los ODS 1 “Fin de la pobreza” y 2 “Hambre cero”, aportando de manera significativa a los ODS 12 “Producción y consumo responsable” y 13 “Acción por el clima”. 

Como país, ¿hemos sido consecuentes en trabajar para alcanzar el cumplimiento de esos principios?

En México se han tenido avances en reducción de la pobreza y la pobreza extrema, pero los retos que enfrenta el país son aún enormes. De acuerdo con el CONEVAL, la población que vive en pobreza disminuyó de 46.1 % en 2010 a 43.6% en 2016. Sin embargo, en el mismo periodo el número de personas en situación pobreza aumentó de 52.8 millones a 53.6 millones. 

La situación en el medio rural es aún más crítica. Mientras que en el medio urbano la población en pobreza es de 39.2% y en pobreza extrema de 4.7 %, en el medio rural la población en pobreza es el 58.2% y en pobreza extrema de 17.4 %. 

Por otra parte, en la población mexicana existe una situación nutricional crítica. Se estima que aproximadamente el 20% de la población presenta pobreza alimentaria y un 70% problemas de sobrepeso u obesidad. Ante esta situación, el papel de la agricultura se debe conceptualizar en un sentido más allá de lo relacionado solamente con la disponibilidad de alimentos, abordando aspectos relacionados con la nutrición.

Bajo este enfoque nutricional, la agricultura tiene la importante función de proveer alimentos nutritivos e inocuos en el marco del concepto “seguridad alimentaria y nutricional” planteado en la Cumbre Mundial de Alimentación en la FAO. El enfoque nutricional de la agricultura requiere ser complementado por un esfuerzo y coordinación multisectorial para impulsar la educación de la población en temas de nutrición y su relación con la salud humana.

En lo correspondiente al sector rural, ¿Cuáles son las estrategias y los mecanismos que se han estructurado y puesto en práctica para avanzar en lo que les corresponde de los ODS? 

La política de la presente administración está orientada a un desarrollo más incluyente dando prioridad a los habitantes que viven en condiciones de pobreza y marginación.

En el caso del campo, la estrategia se basa principalmente en el impulso a las actividades agropecuarias y acuícola-pesqueras a través de un conjunto de programas prioritarios que abordan problemas relacionados con la producción de granos básicos y estratégicos, leche y alimentos de origen acuícola a través de una política de precios y apoyos directos que incentiven la producción y den certidumbre a los productores. Estos programas son complementados con asistencia técnica, innovación tecnológica, gestión de riesgos y acceso a mercados, con el fin último de combatir la pobreza rural y mejorar la seguridad y soberanía alimentaria nacional.

Sin duda alguna el rezago del campo mexicano es profundo, algunos autores y especialistas lo ubican en al menos 20-25 años, respecto a los países con los que comercia o son socios de México en el mercado internacional, ¿cómo se puede explicar ese atraso cuando nuestro país ha sido reconocido internacionalmente por programas como el Coplamar, Sistema Alimentario Mexicano, Ley de Fomento Agropecuario, el Desarrollo Sostenible, Progresa, sólo por mencionar algunos?, y éstos encajan en los ODS.

Efectivamente, en los últimos 30 a 36 años, la política pública se caracterizó por una apertura comercial que resultó en beneficios importantes para una parte del sector agropecuario a través de exportaciones crecientes de alimentos y bebidas; hortalizas, particularmente tomate; berries (moras); aguacate; cerveza y tequila, entre otros. 

Las exportaciones de estos productos han aumentado progresivamente y en los últimos años, conduciendo así balanza comercial positiva. 

Continuará…