«Adiós, príncipe, adiós», el Gran Yiyo

Por: Rodrigo E. Cervantes

torero_octubre_01José Cubero “Yiyo”, nació en 1964 en Burdeos, Francia. Tal vez pudo haber sido una de las grandes figuras del toreo del siglo XX, de no ser porque Burlero le segó la vida en 1985. Yiyo  participó en uno de los carteles considerados “malditos”, el de Pozoblanco, en el que participaron Francisco Rivera “Paquirri” y Vicente Ruiz “El Soro”.

“Yiyo” era hijo de emigrantes españoles, aunque él siempre se consideró madrileño. Estudió en la Escuela de Tauromaquia de Madrid. Su primera vez en Las Ventas fue como novillero el 11 de mayo de 1980, fue tal su actuación que causó muy buena impresión, tanto que ese año fue el novillero con más corridas, además consiguió el valioso Zapato de Oro de Arnedo.

Antes de continuar cabe destacar que consiguió salir dos veces por la Puerta Grande de Las Ventas, el 1 y el 9 de junio de 1983, y de ahí… llegaría el día 30 de agosto de 1985, que lo abordaré más adelante.

Tomaría la alternativa en Burgos, un 30 de junio de 1981, de manos de Ángel Teruel, teniendo como testigo a José María Dols ‘Manzanares’ con toros de Joaquín Buendía, tarde con gran éxito, en tanto que la confirmación llegaría el 27 de mayo de 1982 en Madrid durante la feria de San Isidro, apadrinado por Manzanares, en presencia de Emilio Muñoz, que no resultó una gran tarde… Ya siendo torero viajó a Colombia y Ecuador, para entonces ya tenía un estatus respetable dentro del mundo del toreo considerándole una de las figuras  determinantes de la década de 1980, “gracias a su finura y elegantes maneras, conocedor del oficio y calidad clásica incuestionable”.

Su muerte llegaría demasiado pronto…  El periodista Ángel Parra Guzmán hizo la siguiente observación en su crónica de la tarde del fallecimiento de Yiyo:  ““El destino le había deparado [a Yiyo] a ser el único torero de la historia que había dado muerte a dos toros homicidas: Avispado que mató a Paquirri en Pozoblanco y Burlero que terminó con la vida del más joven de los toreros.””.

Para 1985 únicamente tenía 21 años, los últimos había disfrutado del éxito. Resulta que Curro Romero no se podía presentar aquella tarde en la Feria de Colmenar, y Yiyo lo sustituyó, fue así que compartiría cartel con por Antonio Chenel  Antoñete y José Luis Palomar con toros de la ganadería de Marcos Núñez.

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Muriel Feiner en su libro “La Mujer en el Mundo del Toro” 520 páginas, editado por Alianza Editorial (1995) publicó una entrevista con la madre de Yiyo, doña Marta Sánchez de Cubero, que entre otras cosas comentó: “Yo sé que mi hijo iba contento ese día a torear en Colmenar.  Iba a sustituir a Curro Romero y, como siempre, me preguntó: Mamá, ¿qué quieres que te traiga? Y yo siempre contestaba lo mismo: Las orejas.”

Palabras duras, más salen del corazón, doña Marta seguía diciendo: “Lo que me duele más aún es que Dios no le ha dejado más tiempo en la tierra para que pudiera haberse consagrado totalmente como figura del torero.  Mi único consuelo es que sé que él habría preferido morir en la plaza en vez de en la M-30, como le ocurrió a un amigo suyo.”

 

El sexto de la tarde

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“Llegó el sexto toro de la tarde, Burlero, José Cubero le hizo una magistral faena que completó con una magnífica estocada que causó la muerte del astado, pero, en el encuentro, el toro corneó por el costado izquierdo al torero llegándole hasta el corazón…”. Todos en la plaza se sobrecogieron, las cuadrillas lo trasladaban a la enfermería. Su mirada estremeció a todos los que le rodeaban. “Los doctores apreciaron desde el callejón la extrema gravedad. Cuando El Yiyo llegó a la mesa de operaciones, no respondió a los estímulos. «Burlero» se había llevado entre sus astas la inolvidable sonrisa de Cubero, después de realizar una faena colosal, premiada con dos orejas.” Los doctores declararon «Rotura por asta de toro, que provoca una parada cardiorrespiratoria irreversible…».

Las últimas palabras de José Cubero con voz apagada fueron para su peón  «Pali, ese toro me ha matado». El gran Yiyo, fue despedido por el periodista Antonio D’Olano (1938-2012) con «Adiós, príncipe, adiós».

En la explanada de entrada a la plaza de toros Monumental de las Ventas de Madrid hay un monumento a su memoria obra de Luis Sanguino, mientras que en la Escuela de Madrid reza el siguiente letrero  “Ser torero es difícil; llegar a ser figura del torero es un milagro.” Y se añade debajo: “El toro te puede quitar la vida, pero jamás la Gloria.” Burlero le quitó la vida a José Cubero Yiyo pero su nombre estará siempre escrito con letras de oro en la historia del toreo.

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