Amalia Aguilar, La Última Rumbera

Por: Rosaura Cervantes Conde

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De La Habana ha llegado una nueva conga, nuevo baile de ritmo y placer…”. A cuadro, sobre unas zapatillas de tacón alto aparecen unas hermosas piernas bailando; en segundo plano, una valija con una gran etiqueta” Habana-México”… Ella se mueve de un lugar a otro y es con su canto y movimientos que le da sabor a la escena: “…para poner a la cintura mover, nadie quiere bailar ya Foxtrot, y olvidar del Tango llorón… Lo que quiere la gente es rumbón…”, el sonido de los tambores y las trompetas se funde en la cinta sepia, Cuba invadió a México con su música, sus letras, sus bailes y sus mujeres, una de ellas, la más guapa, Amalia Aguilar, ¡La Bomba Atómica!

Es un día frío, la visitamos – su nieto, el talentoso Maestro Salomón Cohen y yo- en su casa ubicada al poniente de la ciudad de México. Fue una conversación muy de familia, Amalia nos observa detenidamente, no pierde detalle, junto a ella está Daphne, su hija mayor. Nos acomodamos todos alrededor de la cama, la habitación está templada y se muestra feliz. Inicia la conversación con algo muy de ella, con uno de sus más de 150 poemas autobiográficos de género afrocubano.

amalia_ene_03“Nací con buena estrella

Desde el vientre de mi madre

Doña Regla se llamaba

y don Óscar mi papá

 

En ese barrio de simsom

Mi madre allí me parió

Su gente muy bailadora

Santeros de profesión

 

Casona en Matanzas tenía

Cuba y San Carlos señor

Mi madre tocaba el piano

Yo bailaba con furor

 


Esto lo llevo en la sangre

Soy cubana de verdad

Cecilia, nació en La Habana

Dos hermanas pa’ qué más

 

Mi padre talabartero

Y mi mamá de sociedad

Ella iba al ateneo

Al potro cubano papá

 

Mi viejo improvisaba

Un teatro con telón

En el patrio de mi casa

Cobrábamos un botón

 

amalia_ene_02Con un fonógrafo viejo

Arquímides pous lo inspiró

La mulatada y el negrito

Hicimos giras al interior

 

Nos mudamos a la habana

Buscando nueva ilusión

El recuerdo de mis padres

Lo llevo en mi corazón

 

Una accesoria a la calle

En el barrio de colón

Pusieron café de a kilo

Y papá de remendón

 

Ensayaba en la azotea

Harrison me hacía bailar

Diariamente sin cobrarme

Buen amigo de papá

 

Alquilaron una casa

Pusieron una pensión

Corrales cuarenta y cinco

Mejoró la situación

 

América mandulein “Gran Artista”

En el teatro nos vio

Carral de Guanabacoa

Y a la pensión se mudó

 

La farándula nos invade

Viven, comen sin pagar

No hay mal que por bien no venga

Nos enseñaron a actuar

 

Cmq, Cadena Azul,

Teatro Martí, Nacional,

Edén Concert, Tropicana

Con Las “Hermanas Aguilar”

 

Son mis inicios en Cuba

Lo demás lo saben ya

De una artista cubana

Su nombre “Amalia Aguilar”

 

Amalia vibra con cada párrafo. La voz se le quiebra cada vez que refiere a sus padres y por emoción y añoranza un par de lágrimas se asoman de sus ojos. Al declamar, sus manos indican la fuerza interior. Así, con esta gran introducción, continuamos…

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Comenta que su padre siempre estuvo a su lado, fueron, ella y su hermana, a hacer una audición al Teatro Martí, y ahí el célebre bailarín Julio Richard, que era el encargado de la selección de talentos para los teatros, le dijo a Amalia: “Te ves preciosa, querida. Tus pechos se mantienen firmes pero no eres buena”, obvio recuerda que lloró y lloró, más no se dio por vencida. Tiempo después anunciaron un concurso de rumba, al cual se convocaba a los mejores rumberos de Cuba, Amalia asistió y para sorpresa, ese mismo día salió con contrato para trabajar en el Hotel Nacional, a la par se presentaba con su hermana Cecilia en el cabaret Edén.

Conserva el acento de la isla, recuerda cuando los contrataron para ir a Panamá: “Viajamos y cuando llegamos allá, nos dimos cuenta que nos habían engañado, que no existía ningún contrato, imagínate dejamos todo, pero mi padre nos dijo, empezamos desde cero, así fue volvimos a comenzar. Salimos adelante hasta que Cecilia se enamoró, se casó y se fue a vivir a Estados Unidos… Al no estar ella, seguí como solista, y resulta que cierto bailarín estaba buscando una pareja de baile para su próxima gira por México, dicho bailarín se fijó en una cubana que le pareció  bailaba sensacional, ese bailarín fue nada menos que el mismo que, tiempo atrás me había dicho “Te ves preciosa, querida….”, efectivamente, era el mismísimo Julio Richards”. Deja escapar una sonrisa y sus ojos revelan satisfacción.

Así, con su familia y Julio Richards, “llegué a México en 1945, país del que se enamoré profundamente. Debuté en el Teatro Lírico junto a Roberto Soto, después me presenté en el cabaret Sans Sousi y conseguí un contrato para presentarme en la XEW al lado de Pepe Guizar y Carlos Amador”,

Todas sus vivencias –buenas y malas- las ha hecho poemas. Recordó cuando estuvieron en el Cabaret Tropicana y compartió algunos fragmentos:

 

“…Las coristas envidiosas

Una noche sucedió

Con la yerba picapica

Nuestra ropa salpicó

 

Casi nos dio la loquera

El vestuario se rasgó

Corrimos casi desnudas

Sin vergüenza ni pudor…

 

“…El picapica del coño

La envidia fue la sazón

EL éxito y los aplausos

Se me fue la comezón”.

 

Ya no entramos en más detalles, más recuerda aquella desesperación de la yerba picapica.

Amalia Aguilar debuta en el cine con la cinta “Pervertida” de José Díaz Morales, protagonizada por Julio Ahuet, Ramón Armengod y Emilia Guiú. Siguió con el espectáculo de cabaret y cierta noche asistió el empresario estadounidense Edward Perkins y quedó tan impresionado por el espectáculo que la hizo firmar contrato para llevársela a Estados Unidos, realizando un  show inspirado en la película “Una noche en La Habana” y la acompañaron los Lecuona Cuban Boys, la orquesta del momento.

“Lecuona Cuban Boys y su Orquesta

Lo contratan para mí

Famosos por todo el mundo

Quién me lo iba a decir…

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La siguiente cinta la filmó en Estados Unidos “Una noche en el Folies” producida por W. Merle Conell. Después regresa a México para filmar diversas cintas: “Conozco a los dos” (Martínez Solares), “Dicen que soy mujeriego” con Pedro Infante; “En cada puerto un amor” (con Blanca Estela Pavón, Pedro Galindo, bajo la dirección de Ernesto Cortázar) y “Calabacitas tiernas” (con Tin Tan dirigida por Gilberto Martínez Solares).

Daphne, le dice: “mamá, platícanos de Pedro Infante”. Ella pícaramente respondió: “Pedro Infante estaba como para agua para chocolate. Era un guaperri. Tenía mucha personalidad. Era muy gracioso”. También trabajé con un viejito (Agustín Lara) un viejito muy serio, pero dentro de esa seriedad, se ponía al piano a tocar “La Cucaracha” (con sus manos simula tocar el piano). Sus amigas fueron Olga Guillot, Irma Dorantes y Fanny o Fannie Kauffman “Vitola”.

Viajó también a Perú, cuando se “excomulgaba” a todos aquellos que asistieran a algún espectáculo relacionado con el mambo. Había manifestaciones para ello. Pérez Prado le dijo que no se presentara, que saliera de Perú, Amalia no entendía nada de lo que estaba sucediendo, y todavía antes de su función, caminó por los alrededores del teatro y un señor que se manifestaba se le acercó y le dijo: “Señora, no asista al espectáculo de Amalia Aguilar”. Ella preguntó: ¿por qué no?, la respuesta que obtuvo  del hombre fue “porque Amalia Aguilar es inmoral”. De inmediato respondí: “Cómo no voy a asistir al espectáculo de Amalia Aguilar, si Amalia Aguilar ¡soy yo!”.

En Perú conoció al amor de su vida y padre de sus hijos, Raúl Beraún Bedoya con quien permaneció casada de 1956 a 1962, fecha en que él falleció en un accidente de aviación. Procrearon tres hijos: Daphne, Raúl y Jorge. Como anécdota, pese a vivir en Perú, todos los partos se realizaron en México: “Yo tenía que venir a parir a México, y así fue”.

Amalia fue la chica de las piernas bonitas, de las primeras que fueron aseguradas, fue la mujer que cantó y bailó y que levantó muchos suspiros en el cine y en el cabaret, es la mujer que ahora nos ofrece su sentir a través de todos estos poemas, que son un fiel retrato de la época, son escritos hechos desde su alma, que son un verdadero tesoro que bien valdría la pena ser publicados.

 

Algunos reconocimientos:

Charola de Plata del Consejo Distrital de Surquillo, Lima, Perú, 1980.

Diploma de Honor “ANDA” por su meritoria labor escénica y por una época de arte en nuestro cine Srio. Julio Alemán. México 1994

Medalla de Plata “ANDI” Srio. Lilia Aragón. México 1994.

Diploma “Fecimex” Fideicomiso de Estímulo al Cine Mexicano. C. Irma Dorantes. México 1994.

“Diosa de Plata” por su trayectoria en el cine nacional al participar en exitosas películas de la época de oro del cine mexicano, dejando un grato recuerdo con su singular talento para bailar los ritmos afrocubanos y su capacidad histriónica.

Reconocimiento de Honor. El Consejo Provincial de las Artes Escénicas y el Teatro Sauto que marcó los inicios de su carrera artística. Matanzas, Cuba 2003.