AMOR DEL GÜENO

Por: María Teresa Rodríguez Almazán

love_mar_01“Amor del güeno”, eso fue lo que dijistes que sentías por mí.  Por eso, cuando te vi con la Lupe, pus se me nubló el entendimiento y sentí hartas ganas de matarte por falso y traicionero. Nadien me entiende y todos son rete güenos pa juzgar… ya quisiera yo ver que bieran hecho si a ellos les biera pasado lo que a mí.

Pero mi tata me enseñó a ser paciente. Cuando regresastes al cantón, pus por eso no te dije nada, pero ya tu suerte estaba jurada. Con hartísimo coraje y rabia me tragué tus mentiras cuando te pregunté a dónde andabas y me dijistes que en casa del compadre Anselmo, quesque te pidió ayuda porque la mula se echó y ya no quiso cargar la leña y lo tuvistes que ayudar. Y a mí, ¿quén chingados me ayudaba a cargar los bártulos del changarro?  Pus nadien…y tú de farolón gastándote con otras viejas malnacidas lo poco que sacaba.

Dejé que pasaran tres lunas, no fueras a sospechar mis intenciones, aunque a cada rato me decías que estaba bien rara, que qué me pasaba. Yo te me quedaba mirando y  contestaba que nada. Y de veritas, cuando veía tus ojos tan negros, esos que me bían enamorado, pus hasta me daban ganas de echarme patrás, pero no, pus entonces, onde quedaba mi orgullo de mujer, eso sí que no… tenía que vengarme y bien bonito.

Cuando querías coger, pus aunque yo no quería sentir nada, sentía mucho y ya cuando te quedabas dormido y roncando, yo bien despierta me preguntaba quien me iba a hacer sentir lo que tú, pero luego me figuraba que le hacías lo mesmo a la Lupe y a las otras, porque yo bien sabía que bía otras, y me entraba harto coraje.

Lo que no entiendo es pus por qué los hombres tienen más derechos que nosotras… quesque porque semos viejas… y, eso qué tiene que ver… si sentimos igual… tragamos y cagamos igual… bueno, ellos no tienen las sangres de cada mes, pero es lúnico que nos hace diferentes.

Y todos me culpan por lo que pasó,  Adió… si yo quería pagarle igualito.  Por eso pensé y pensé y pensé… y no se me ocurría con quién vengarme que le doliera hasta el alma; por eso cuando vino de visita su apá, lo vide con detenimiento, no estaba de mal ver,  y me imaginé que pus igual era tan cogelón como su hijo, y que se las bía de saber todititas, así es que cuando Usebio se salió una nochecita, dizque pa ir a echarle la mano a su compadre Anselmo, pus me dije: ahoritita es cuando, y como Don Graciano se bía quedado jetón, me encueré y me le metí en la cama y lo empecé a sobar.  Rapidísimamente respondió su cosa… y pus no se aguantó y que me empieza a lamer y a supcionar por todos lados, nomás jadeaba como burro… hacía unos sonidos bien raros que hasta me asusté, pero la verdá, también me calenté y me gustó que me hiciera cosas que el Usebio nunca me bía hecho.

Pus nada, que ya no se quiso regresar a su pueblo, se enculó bien gacho conmigo y ya no quería que durmiera con su hijo, y cuando estábanos solos nomás quería coger y coger. Usebio como que empezó a sospechar. Se nos quedaba viendo bien raro, porque  a veces su apá no se aguantaba y me nalgueaba delante dél, o me pellizcaba onde me agarrara.

Una mañana nos dijo que iba a casa de su compadre y luego lueguito Graciano se me echó encima. Estábanos bien entrados y que se aparece Usebio. Enfurecido agarró la tranca de la puerta y que le empieza a dar de garrotazos a su apá… Ay pobre Graciano, ni tiempo tuvo de meter las manos porque pus las tenía ocupadas conmigo. Yo me bajé del catre pa que no me tocara un guamazo. Creo que ni cuenta se dio por onde le llegó la huesuda. Su cabeza quedó sobre el catre, se le salieron los sesos y tenía los ojos bien abiertos, como espantados. Yo gritaba bien juerte y empezaron a llegar los vecinos.  Estaba encuerada y todita llena de sangre, pero a mí no me hizo nada el Usebio.  Alguien, no sé quién llamó a la polecía y se llevaron al Usebio y luego vinieron unos como dotores y se llevaron el cuerpo. Al rato aparecieron mis cuñadas y las muy malditas me corrieron y ni siquiera dejaron que agarrara mis cosas. Ora vivo con la hermana mayor de mi amá, que me tiene encerrada en un cuarto con candado y no me deja salir pa nada, no vaya a ser que le dé baje con su pinche viejo que está jorobado y bien feo. Güeno, pus manque me critiquen, y me culpen por lo que pasó, ora sé que no existe el “amor del güeno”.