MUCHAS NAVIDADES

Por: Tomás Urtusástegui

escenarios_banner

escenarios_dic_01Faltan muy pocos días para la Navidad y aún no he comprado nada, tampoco he adornado la casa con el arbolito y las esferas. Lo peor es que creo que no voy a hacer nada de lo anterior. Me pregunté por qué estoy actuando así, más bien dejando de actuar. ¿Será por que ya no creo ni en la virginidad de la virgen, ni en la ancianidad de José, ni en el niño levantando un pie y un brazo para pose de fotografía o que lo pongan en un establo lleno de mierda de animales? Menos creo en los burros, becerros y demás animales hincados frente al pesebre. Y en los que menos creo son en los tres reyes. Siempre pienso que salieron de una cantina cantando “pero sigo siendo el rey”… Contesté a esta pregunta diciendo: pueda, así de sencillo ¡Pueda! Vino la siguiente pregunta: ¿Será porque se fue tu mujer y se llevó a tus hijos? Me contesté que qué pregunta tan idiota, por supuesto que eso influye, ni que fuera uno de qué. La tercera, y no la vencida, es que si no hago nada es porque no tengo dinero para comprar ni las esferas, ni el arbolito ni los regalos. Cierto. La cuarta, y esta sí la vencida, es la siguiente: ¿Te estás volviendo un viejo amargado que ya nada le interesa? Ah, canijo, esta pregunta sí que me hizo pensar: Primero saber que ya estoy viejo aunque apenas pasé de los sesenta años, después enterarme que estoy amargado y por último constatar que nada me interesa.

Dejé de hacerme preguntas para hacer lo que he hecho toda la vida, pelear, luchar. ¡A la chingada todo lo anterior y también lo actual! Que la Navidad religiosa se vaya por un tubo, lo mismo mi mujer, ya que todavía no es mi ex; lana sacaré del banco aunque la tenga que pagar con altos intereses. Por último voy a demostrar que ni estoy viejo, ni soy amargado y sí me interesan muchas cosas. Entre ellas la navidad. Conste que ahora lo puse con minúsculas. Navidad, la natividad, quiere decir nacimiento. Nacer es ser, morir es dejar de ser. Confieso que de la iglesia católica me llama mil veces más el nacimiento que la crucifixión, a pesar de todas las falsedades que pueda tener el primero. Con el nacimiento se ríe, con el otro se llora. Y yo no estoy para llorar, ya lo hice en su momento.

Vuelvo a la navidad con minúscula. Los humanos tenemos la facultad de poder lograr que nazcan mil cosas y eso es lo que voy a hacer de hoy en adelante. Empezaré con poesía, de mi pluma nacerán poemas dedicados a la vida, a la mujer, a la naturaleza. Todos ellos bellos, o al menos eso espero. Después nacerán canciones escritas y musicalizadas por mí. Canciones alegres, para cantar en la calle y para bailar, no para quejarse como son las de cantina donde todo el mundo chilla y chilla porque los dejó su pareja. El siguiente nacimiento será de cuentos, escribiré muchos, para niños, para jóvenes y señores y sobre todo cuentos para ancianos. Siempre se habla que a los niños hay que contarles historias, eso es cierto, pero más verdad es que a los que también hay que hacerles la vida menos pesada es a los ancianos y una forma es sentarse frente a ellos a contarles toda clase de cuentos, y si son subidos de color, mucho mejor. Eso los hará reír. ¿Qué otra natividad puedo lograr?  La de la naturaleza: sembraré plantas, flores, árboles; tendré perros, gatos, pericos, mariposas, lombrices, arañas, grillos. Y sigo con la navidad, en minúscula. Haré que nazcan sonrisas en los tristes y amargados, risas en los niños enfermos, cantos en los mudos, bailes en los paralíticos. También lograré un parto que tenga como producto el amor. Un amor que abarque a todos, incluyendo a mi mujer y a todos a los que no les gusto o les caigo mal. Y para terminar con tantas navidades haré la mía, la dedicada a mi cuerpo y alma. Nacerá en mi pecho la felicidad. Y esa es la que les deseo a todos los que leen este cuento.

Tomás Urtusástegui

Dic 2016