EL ATRAPADOR DE SUEÑOS

Por: María Teresa Rodríguez Almazán

sueños_dic_01Hace muchos, pero muchos años existió un país en donde todos eran inmortales,  suprainteligentes, equilibrados; vivían sin contradicciones ni conflictos. Eran hermosos, educados y  cultos; se podría decir que lo tenían todo.

Su único defecto era que no conocían la felicidad porque no soñaban. Nadie sabía que existían los sueños.

Al llegar el verano aconteció un hecho inusitado: en la Plaza de la Armonía, hizo su aparición un personaje, aunque nadie pudo explicar de qué forma había llegado, ni porqué. Su apariencia era totalmente diferente a la de los habitantes de ese país, quienes nunca habían visto a alguien así. Enseguida lo rodearon y observaron en silencio, sin agredirlo ni tocarlo. Esperaron a que llegara el Primer Maestro, y cuando éste se presentó, amablemente pidió al ser que lo acompañara hasta el Palacio de Plata. El hombrecito lo siguió sin temor, pues ninguno de los habitantes de ese país le demostró agresividad ni malicia.

Al llegar al Palacio, el Primer Maestro pidió a las Tin Hinan o Doncellas Elegidas, que lo llevaran a las habitaciones de las Ideas Notables, que era donde alojaban a los visitantes ilustres, para que lo bañaran y fuera alimentado, y después, cuando descansara, lo condujeran al Salón de los Acuerdos Permanentes, que estaba hecho de láminas de cristal que emitían un brillo muy especial, mismo que era enviado a todas las ciudades para que los habitantes de ese país poseyeran la eterna juventud.

-¿Por qué estás aquí, pequeño ser?… ¿de dónde has venido?   -Yo… soy Eeeener, titubeó el hombrecillo, y vengo a traeros un regalo. El lugar del que provengo no tiene importancia porque en realidad no existe. Escogí a tu país pues tiene todo, menos sueños…

-¿Sueños?, ¿qué es eso?, preguntó el Primer Maestro, llamado por la curiosidad.

-Los sueños son la memoria de los inocentes que guardan recuerdos y experiencias; son misterios difíciles de resolver que nos remiten a momentos felices. Son las alas de las mariposas que revolotean en una mañana en donde los suaves rayos del sol nos regalan su amarillo, donde los ángeles cantan canciones que sólo son escuchadas por las almas puras; son los sonidos que emite el universo para darnos vida, y la risa del viento que nos susurra palabras desconocidas pero fáciles de descifrar.

-Sueños… parecen ser un regalo maravilloso, pero ¿para qué sirven?

-Para dar paz y felicidad.

-Nosotros tenemos paz.

-Pero no son felices, no saben qué es la felicidad… ¡Déjame ayudarlos, acepta mi regalo!

-Yo soy el Atrapador de Sueños Felices, y los regalo porque sé que, aunque los seres lo posean todo, a veces sienten melancolía y no saben el motivo.

-¿Y por qué alguien que vive en un país que lo tiene todo, desearía tener sueños?

-Ya te lo dije antes, para ser felices.

-¿Y qué es la felicidad?

-Es el lugar donde el alma, a través del conocimiento de sí misma, alcanza un estado de armonía interna, que perdura con el tiempo. –Déjame enseñarles a soñar.

Entonces el Primer Maestro aceptó y convocó a los habitantes del país a la Plaza de la Armonía.

En poco tiempo, todos aprendieron a soñar. Y desde entonces el orden perfecto dejó de existir. Los habitantes de ese país ideal empezaron a tener sueños utópicos como el amor correspondido, la realización personal, y una felicidad que no supieron alcanzar, porque también tenían pesadillas; además, se convirtieron en humanos.