La Exquisitez de Hotel Parque México

Por: José Rivapalacios

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En una interesante edificación restaurada en azul cobalto y rodeada por majestuosas jacarandas, se encuentra el nuevo Hotel Parque México. A su entrada nos recibe una catrina tamaño natural y obras de artesanos mexicanos con un ligero olor a café recién tostado que emerge de la cafetería, además tiene un pequeño bar o salón de lectura. Ofrece treinta y ocho habitaciones con muebles pintados a mano, que llegas a ellas por un pasillo de vidrio iluminado que recuerda a una alberca del viejo y elegante Acapulco de los años cuarenta.

restaurante_ene_02Por una recepción anexa, se llega a la terraza del hotel, el elevador fue pintado a mano por el artista Guay Bochi el cual está lleno de detalles, de arte huichol y artesanías oaxaqueñas. Cuando se abren las fauces del jaguar pintado en la puerta del elevador, llegamos a la impactante terraza con una estructura de herrería imponente con columnas coronadas con agaves, cómodos equipales en color vino, un bar al centro con el escudo nacional de la época juarista y con vista a un bosque de copas de árboles iluminados por el sol del atardecer. Entrando a esta terraza, uno se imagina que fue construida por un cazador que ha viajado por el mundo, donde nos presume sus trofeos y nos quiere contar sus aventuras a través de la comida, de los murales y del extravagante arte que ha ido recolectando de viajes a inframundos o a imperios lejanos y que se asienta por un tiempo en el Parque México para compartirnos sus experiencias.

La terraza cuenta con dos corredores, la arquitectura recuerda el Acapulco de Caleta, de María Bonita y de El flaco de oro, con nombres al estilo mausoleos de los más grandes compositores de México.

Conforme va pasando la tarde la iluminación nos sorprende y le da un toque de cabaret tropical al estilo Tongolele, perfecto para escuchar la música en vivo que va cambiando todos los días y que va desde una hermosa cantante de blues con grandes ojos claros a un grupo de jazz, que por lo general nos deleita los viernes, o un grupo de son cubano y hasta un espectáculo de ópera.

El chef Gerardo Delgado se hace presente en todas las mesas antojando sus especiales y su carta, la experiencia comienza con un dulce de frutas impregnado de una raíz de Guanajuato que después de 30 segundos de ingerirse crea una sensación muy especial en la boca para limpiar y neutralizar el paladar para iniciar con un mezcal cortesía de la casa, un Espadín de Matatlán Oaxaca, Mono Araña y de ahí comenzar el festín de bebidas y antojitos en su mayoría mexicanos con un toque muy especial.

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El chef nos recomienda primero unas pellizcadas de pato con mole de tamarindo acompañado con viruta de poro frito y brotes de betabel, luego siguen unos tlacoyitos de haba y frijol a los dos moles -verde y coloradito- con flor de calabaza y quelites, también cuenta con unas tostadas de salpicón de venado, nos sorprende un chile ancho relleno de camarón y plátanos macho envuelto en hoja santa, sobre una salsa ligera de tamarindo acompañado con cous cous. Platicando con el chef nos cuenta que la inspiración de su carta vino al entrar a la terraza y recordar las grandes  comilonas en las casas y jardines de sus tías oaxaqueñas.

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De la carta llama la atención la sección de las tortitas que van desde una de jabalí al escabeche de dos vinos con zanahoria y hongos en un bollo ligeramente dulce, a una tortita de pulpo a la vizcaína con pan de ajo, la tradicional ahogada o una de cochinita pibil. Cabe mencionar que la carta recomienda el maridaje que va desde mezcal, sidra artesanal, vinos, cervezas artesanales y aguas frescas que van cambiando todos los días.

En postres, sorprende un mousse de chocolate oaxaqueño con tocino, flores comestibles y zarzamoras, combinación perfecta para maridar con un mezcal. Deliciosa también la tarta de dátil acompañada con helado de mascarpone y una tarta de pera con pasta de almendra y pedacitos de chile pasilla oaxaqueño.

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El cantinero Braulio Hernández nos da a probar la selección de sus cocteles, donde destaca el mojito de mezcal acompañado de una cañita de azúcar remojada en mezcal, el agave fashion,  un coctel corto macerado con naranja, piloncillo, pimienta rosa y un toque final de licor Ancho Reyes, el Martini sucio acompañado con un trozo de queso parmesano, otro llamado horchata para tres, la teporocha con ginger beer, jarabe de agave y mezcal, además de otros tragos con ginebra y whisky.

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Platicando con el chef nos cuenta que el hotel ha sido incorporado al libro: “Las 50 obras de restauración de todos los tiempos” y tuvo una mención importante en la Revista Arquitectural Digest. La decoración y el ambiente que se crean será imposible que pasen desapercibidos, el servicio es cálido, es un espacio para pasar una tarde o una noche sin prisa y sentirnos en el México elegante, el México perdido de la época de oro del cine mexicano donde vamos a conocer a gente interesante, inteligente y creativa.