LA VIDA NO CONCLUYE CON LA MUERTE, ES UN APRENDIZAJE PARA EVOLUCIONAR: René Boiero

Por: Ercilia Feria Ortiz

rene_boiero_01Una mañana de 1981 -cuando tenía 8 años- René Boiero se despertó en su natal Argentina con la sensación de que había soñado con seres de luz que le hablaban, pero la visión alrededor de su cama era real, ésa fue la primera señal de un don para conectarse con las almas. Actualmente, y después de 17 años de visitar ciudades de América Latina y España, ha atendido a cerca de 150 mil personas, interesadas en saber cómo están sus seres queridos que ya abandonaron el plano terrenal.

Como terapeuta y guía espiritual, René Boiero tiene entre sus pacientes a empresarios, presidentes, sacerdotes. En cada consulta, y sin que medien preguntas de por medio, da mensajes de seres a los que llama “ángeles de la guarda”, que están en otro plano, “porque la vida no se termina con la muerte física de un ser humano”.

Después de superar experiencias traumáticas muy dolorosas, René tiene como filosofía espiritual que todo es parte de un aprendizaje, “todo lo que ocurre en la vida es porque la Luz, con su sabiduría, propicia nuestra evolución”.

En entrevista con Personae, el también director de la Fundación Almas, que apoya a grupos vulnerables en varios países del continente americano, responde a la pregunta, ¿Quién es René Boiero?

-Es un ser humano que trata de dar luz, que intenta, con cada cosa que hace, poner un granito de arena en despertar conciencia de quiénes somos realmente. René es un ser humano lleno de errores y defectos, que vino a este mundo a enseñar y aprender todo lo que podía de cada una de las personas que pasan enfrente a mí. Cuando era chico pensaba que todo lo que quería era ver feliz a la gente que me rodeaba, yo rezaba y pedía la felicidad de mi familia, pedía el amor de mis hermanos.

-¿Cómo fue darte cuenta, a tan temprana edad, de que podías comunicarte con personas ya muertas?

-El primer recuerdo que tengo es que estaba acostado en la cama y vi seres como luces fluorescentes con boca, ojos y me puse a hablar con ellos. En el primer momento pensé que eran fantasmas.  Mi casa era grande en construcción, con un padre y una madre muy preocupados por nosotros, en un pueblo pequeño de 7 mil habitantes llamado Laborde, a 500 km de Buenos Aires.

En mi adolescencia me revisaban los médicos y me hacían tomografías computarizadas; pensaban que estaba mal de la cabeza. Fue todo un episodio porque era la época militar en Argentina, en la que no se conocía mucho de esto que hacemos hoy desde la espiritualidad. Los exámenes nunca terminaron de arrojar nada de lo que tenía, pero sí me acuerdo de despertarme en los hospitales, donde me dopaban, siempre durmiendo. Eso fue muy traumático y doloroso, porque siempre me sentí diferente.

-¿Cuándo te quedó claro que lo tuyo era un don?

– Cuando a uno de mis hermanos le agarró culebrilla -nombre común que se da al herpes zóster-, y fuimos con la curandera. En los pueblos pequeños los médicos no curan esta enfermedad de la piel, doña Rosa nos vio entrar y dijo: “yo sé lo que su hijo tiene”. Mi mamá pensó que se refería a mi hermano, no a mí y aceptó dejarme con ella para que me explicara lo que me pasaba y todo lo que podía hacer. Todo esto que tengo -las cartas, el paño-, ella me lo regaló, hace exactamente 17 años, también me enseñó cómo manejarlo, cómo escuchar a esos seres de luz.

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-¿Cómo ves ahora esta conexión con personas que ya murieron?

-Lo veo como una oportunidad de darnos cuenta de que somos espíritus, somos almas que estamos dentro de un cuerpo y venimos a este mundo a aprender. Visualizo que todos los seres que se fueron siguen estando, que la vida es un largo aprendizaje que nos lleva a la perfección del espíritu.

Creo que cada cosa que pasa en nuestra vida la causamos consciente o inconscientemente, uno mismo lo genera todo a través de los pensamientos, las acciones, de lo que se aprende, de la estructura, a través del miedo, la felicidad, la culpa.

-¿En qué cree René Boiero?

-Creo en la fe de Dios, en Cristo, en Buda, mas no creo en la estructura de la religión, no creo en el mandato, en el castigo, en la culpa, porque no es verdad; eso te sectoriza, te marca, no te permite actuar en libertad. En ese sentido, creo que la mejor religión es la que uno crea para sí mismo.

-Con todo lo que has visto ¿Qué hay después de esta vida?

-¡Vida! La Vida no se termina con la muerte física de un ser humano. Yo creo que la vida comienza después de que uno deja su cuerpo y renace, tomando conciencia de lo que viviste, tomando conciencia de lo que pasó.

El proceso de duelo dura entre 60, 90 o 120 días, hasta que tu alma logra estar en paz. En ese tiempo te despides de los que amaste, tomas conciencia de lo que hiciste, de lo que dejaste de hacer, de lo que protegiste, a quien abandonaste, eso se llama proceso de duelo y es maravilloso; al cabo de ese tiempo -depende de cada ser-, esa alma pasa a estar en una plenitud absoluta.

-Para una persona que ha perdido a un ser querido, debe ser muy difícil entenderlo.

-Lo que pasa es que nos enseñan a estar prendido de lo material, entonces, no te puedes imaginar una vida sin ver a alguien físicamente, sin poder tocarlo, sin poder hablar. La mayoría de los padres que pierden hijos, que es una sensación muy fuerte y muy triste, me preguntan si sus hijos tienen frío o hambre o si están acompañados, es una sensación de estar atrapado en lo material, no tomarnos con la concepción de que todos somos energía y que todo en la vida es energía, y esa energía se mantiene mientras te acuerdes de esos seres; por eso es importante, cuando una persona se va de este mundo, prender una vela blanca, porque te acuerdas de ese ser y sigues conectado con su luz, eso es maravilloso, saber que la verdadera vida existe cuando nos vamos.

-¿Cuánto tiempo tarda un alma en volver a encarnar?

-Depende de cada uno, pueden pasar muchísimos años, miles de años: el tiempo que pasas entre una vida y la otra es de muchos años. La reencarnación es muy larga y pasa mucho tiempo.

-¿Cómo visualizas ese otro mundo que las personas ordinarias no podemos ver?

-Un mundo donde hay pura luz, muchas flores, jardines inmensos con aromas maravillosos, donde todo es amor y no existe nada más que el amor, no hay ego ni temor. Imagínate nubes infinitas con el cielo al final, con miles de seres de luz arriba de esas nubes, así es como lo veo.

-¿Cómo percibes esas presencias? ¿Sientes que te hablan? ¿Las ves?

-Las puedo ver y te hablan, como veo a la mamá de él -se refiere a Mario Torres, el reportero gráfico de Personae-. Veo atrás de él a una viejita peinada para atrás, cabeza blanca, unos ojitos pequeñitos redondos, pero con una sabiduría maravillosa. A los seres de luz los veo y los escucho hablar cuando te van diciendo algo.

-¿Qué buscan las personas que vienen a ti?

– Creo que buscan paz y tranquilidad, respuestas de qué continúa después de la muerte, nuestra vida en la tierra hace que nos olvidemos de quienes somos y perdemos esa esencia. Con todo el respeto, creo que estamos en un mundo donde es importante entenderlo desde el amor, no desde el odio o el enojo.

-¿Qué recomiendas hacer para conectarnos con la energía del amor?

-Conectarte con tu propia esencia y dejar de buscar afuera lo que tenemos dentro. Creo que todo se complica cuando quieres que ella o él te amen, te aprueben, te reconozcan, porque ahí no está actuando el amor, sino el ego.

Una cosa muy importante es aprender a mirarnos con amor, que aprendamos a aceptarnos en amor, eso va a cambiar la realidad de tu vida, eso cambia la realidad de tu historia; dejemos de criticarnos, de autocastigarnos, de buscarnos los defectos: tu cuerpo físico es el mapa de tu vida, por eso, si nos empezamos a aceptar en amor, no te enfermas y desde ese lugar del amor es de donde puedes fluir y todo ocurre de una forma perfecta.