Poemas

Por: Rodrigo Calvillo

AYER, HOY

I

Inmensa luz del recuerdo

que recupera el ayer desesperado,

cuando yo era aquel vendaval,

entre soles de palabras,

que encendían en un minuto

el añejo ayer de las ilusiones,

gotas de sudor en movimiento.

II

Acaricio con manos invisibles

la sonrisa del pasado,

no se detiene mi memoria,

y yo, desde mi interior, la abrazo,

la detengo para que no me persiga,

así, perfecta reviviendo.

III

No hay ayer ni hoy,

los segundos son los labios del presente,

puertas que se cierran y se abren.

Duerme en mí el ayer,

solo el silencio me alerta

que viví lo ya vivido,

ojos antiguos

que me regresan:

recomienzo.

 

ESPEJO

Suéltame dios,

suéltame o déjame sólo

conmigo, en mi sosiego.

¿Hay alguien más?

¿Alguien como yo?

Me reconozco

 y soy mi sombra

que me hiere,

que se escapa de mí;

ya no somos uno mismo.

Ignominiosa sombra mía,

enciendes la luz de la creación,

esa que avanza,

que es una incógnita,

un ser hecho de minutos

e incansables horas.

Me regalas un alma insondable

que se funde con la carne

y el cuerpo: escondite.

Escupo lo que se

funde en mi alma:

apariencias que hinchan mis ojos,

espejo reflejado en otro espejo,

signos equívocos de la existencia

que absorben la imagen

borrada del sueño

que sueña una vida distraída.

 

SONIDOS

Susurro de piedra en el diluvio,

ni presente ni ausente,

notas suaves.

Viento en los años suspendido.

La noche se pierde,

el sol se guarda en otro día,

espejismo de figuras

cuando cae la lluvia,

engaño del aire.

En la niebla encantada

la ventana escucha al pájaro,

sin oír, imagina lo que canta.

Diluvian notas, silbidos de consonantes,

palabras, suspiros que flotan

en el estero, en los minutos,

en un instante sin peso.

Susurro de esta tierra húmeda

que mancha.

Los aromas se elevan y caminan

sobre la luna que sonríe y acaricia

la forma suave de las luces;

su canto atraviesa los bosques

y los obscuros pantanos;

camino de fuego.

La tierra al mar siempre escucha,

los árboles iluminan

el vaivén del oleaje

en bocanadas de murmullos.

Susurro de nube en el sol,

pasan las horas, pasan los años,

se cobijan las palabras

en ese instante

donde se escuchan las voces en el tiempo;

creadoras de sitios sin lugares ni momentos.

Susurro de llovizna por mi alma,

los días se cuelan por mis manos,

vagan por el sendero de mi razón.

Por fin, silencio.

 

RITUAL

Atrapado en pequeñas ilusiones:

ritual donde la poesía vuela,

pienso en otro cuerpo, habito en otra sangre,

corro en otras venas para quedar solo de nuevo.

Abro los ojos y en mi frente golpea tu imagen,

flecha de humo que atraviesa el lago hirviente.

Y ante todo me levanto para cruzar los días salvajes,

luces del engaño y del temblor insaciable.

Me miro las manos delirantes cubiertas de sal,

soplo -como si no existiese el aliento-

palabras golpeadas por un susurro:

¿quién sueña mientras el sol muere por la luna?

¿Quién calla hoy para hablar mañana?