Siempre hay otros — Lo único aceptable es la verdad

Por: Mariano ESPINOSA RAFFUL

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Quizá no existe hoy optimismo en nuestras conciencias, quizá pesa más la incertidumbre sobre nuestros hombros, ante el despertar de un año nuevo, cargado de demasiados espacios vacíos en el intento para salir adelante.

La memoria nos trae lo que desafortunadamente ya se fue, aquello de carne y hueso, donde habitaba el sentimiento puro, más allá de la ociosidad en la conciencia.

Los últimos meses se han sorteado en ese surrealismo de alimentar esperanza, todo por el notable panorama sombrío que no nos deja en los pensamientos críticos necesarios más que de resistencias, donde López Obrador lleva ventaja.

Y es que somos parte de esa generación de los inconformes, que arriesgan las posibilidades de las buenas intenciones, ante el realismo de un gobierno frágil. Nos damos ánimos por despertar en un mejor país, donde no falte el trabajo, la generación de empleos sea un instrumento en la democracia, para solventar las suspicacias de la existencia.

La paz y la tranquilidad de millones de mexicanos dependen en gran parte, de lo que estamos dejando de hacer, de cuidarnos, de alborotar los espacios de malas noticias, porque pareciera que todo es negativo. No hay en el horizonte una gota de voluntad para la quietud y las leyes no parecen resolver problemas de fondo como la inseguridad.

Nos debe ganar la prisa, dos años no es demasiado tiempo, veinticuatro meses es suficiente para demarcar otro derrotero, menos hostil, más saludable, menos inhóspito; más afable ante los ojos de los que se atreven a mirar, políticos hoy de alcances mediáticos.

Engañarnos con esos enganches inapropiados en la temática que desean fijar, los interesados de que al país le vaya mal, los mismos de siempre, una oposición en la opacidad, desde el perredismo o el panismo maquillado de sobriedad.

Salarios mínimos raquíticos, para seguir en la orfandad, discursos que no hacen eco, excepto al interior de los beneficiarios de los silencios, en las comodidades propias de esa generación que nos abruma, que se adelantó, y nos rebasó sin darnos cuenta.

El panorama no podría estar más desolador ahora, amanecer del 2017, cuando hemos dejado el fin de otro año de quejarnos en la nada sideral, porque no le vemos la cuadratura al círculo, en esas historias temidas por los congestionamientos de la admiración en la escapatoria sin cuerda.

Ser parte de ese final sin principio, no hay proyectos descabellados, ni mucho menos metas que no se puedan alcanzar, llegando con esa dignidad de sentirnos tratados sin fatigas ni fracasos, en las aguas mansas de una deriva insoportable.

Los panistas, priistas, perredistas y los otros que acompañan el pretendido modelo ideal para cachar votos, debieran ser más prácticos, sin especulaciones, cerrando ciclos, pero a la vez abriendo otros; donde el mensaje no sea ir contra el tiempo, sino a favor del viento en una democracia perfectible.

Desde este mismo enero, pueden resultarnos demasiados los nombres y apellidos que desean enlistarse, a unos los apuntan de relleno, a otros los mencionan para quedar bien, unos más pagan para aparecer en ese suculento placeo de sentirse tomados en cuenta, y los otros, los contados con los dedos de una mano, donde por cierto nos sobran hasta dos o quizá tres de ellos, están ahora mismo diseñando su travesía.

No quiere decir que no se puedan revertir los negativos, pero para conmover hay que moverse más aprisa, en las brevedades de lo suntuario, dejando las comodidades que arrasan en el pesimismo.

Esos desconocidos horizontes de expulsar a la crítica, apostar a favor de México es la clave, de los mexicanos que vivimos y disfrutamos al máximo cada paso en su suelo fértil, o en sus aguas infinitas donde navegar debe ser con la mira puesta en un nuevo objetivo.

Por los aires solo deben surcar vientos de cambio, no de promesas, en el discurso no almacenar más indignaciones de quienes han prolongado su agonía, en ese escaparate de fallarle a sus gobernados.

Hay que practicar a cada instante la compatibilidad, ir más allá de un solo intento, los mexicanos nos crecemos ante la adversidad, este temporal también ocupa un espacio en el tiempo.

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