Escenarios

Por: María Teresa Rodríguez Almazán / TOMÁS URTUSÁSTEGUI

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HOY VA A MORIR

DE TOMÁS URTUSÁSTEGUI

2005

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PERSONAJES:  

AUSENCIO…. 70 AÑOS

MÉDICO

MÉDICO.- Lamento mucho tener que decirlo pero el día de hoy se va a morir. 

AUSENCIO.- ¿No puede ser mañana o pasado? 

MÉDICO.- ¡No! Es hoy, hoy, hoy. 

AUSENCIO.- Pero ¿por qué hoy? Es domingo, si me muero todos mis amigos y familiares no estarán en su casa, se fueron al cine, al teatro, de paseo. 

MÉDICO.- Pues mala suerte, pero no se puede cambiar la fecha. 

AUSENCIO.- Usted no es la muerte, usted es el médico y como tal debe procurar alargar la vida de uno. 

MÉDICO.- Se alarga la vida al que está en condiciones y usted no lo está, ¿acaso no se ha visto en el espejo? Mire, desnúdese y vea su cuerpo, sus piernas, sus brazos, su abdomen. ¿Usted cree que con eso se puede vivir más? No, señor, usted ya está fuera de cualquier posibilidad. 

AUSENCIO.- Pero en domingo no hay notarios ni abogados, ni nada. ¿Cómo puedo arreglar mis cosas? 

MÉDICO.- Eso es por dejar todo para lo último, ya hace mucho que usted debería saber que se iba a morir pronto, ¿por qué no hizo su testamento? 

AUSENCIO.- Bueno, yo tenía cierta esperanza. 

MÉDICO.- Ustedes siempre pensando en que algo o alguien va a salvarlos. No, señor, sea responsable por una vez en su vida. Si hoy le toca morirse pues muérase y ya, no esté pidiendo favores todo el tiempo. Bien su madre le decía de niño que era un mocoso pedinche. ¿O ya no se acuerda de eso? Siempre ha estado pide y pide. 

AUSENCIO.- Yo pedía pero no me daban nada. Ahora estoy pidiendo más horas y usted no me las quiere dar. Nadie me ha dado nada. Ni mis padres, ni mi mujer o mis hijos. Algo me dieron los amigos pero siempre a cambio de algo. 

MÉDICO.- Usted sí que ya no la amuela, mi amigo, si a alguien se le ha dado en la vida es a usted. Se le dio salud. 

AUSENCIO.- Sí Chucha, mucha que me dieron que ya hasta me estoy muriendo. 

MÉDICO.- Se le dio salud por muchos años, el que usted se la echara a perder es otra cosa. Lo mismo pasó con el amor. 

AUSENCIO.- ¿No me diga que alguien me ha dado amor? Mire doctor, según usted me falta muy poco para morir y usted me viene con esas mentiras. Por favor… Sí, mucho amor, amor a raudales. 

MÉDICO.- Le dieron amor sus padres, sus hermanos, sus compañeros, sus novias, su esposa, sus hijos y ahora el nieto. 

AUSENCIO.- El nieto, sólo tiene dos años, cómo me puede dar amor y los demás que usted nombra… A ver, quién de todos esos está aquí ahora conmigo siendo que me voy a morir. Y morir no es cosa de todos los días. Ni en estos casos especiales. 

MÉDICO.- Ellos no lo saben, ellos creen que ya está mejor, que ya pasó lo agudo. 

AUSENCIO.- Lo agudo para ellos será cuando sepan que casi no les dejo nada: ya les veo la cara de sorpresa. “Pero si mi papá, mi tío, mi hermano, mi hijo es rico, tiene propiedades, dinero en el banco, acciones de la bolsa”, susto va ser enterarse que no tengo nada de eso. ¿Algún dinerito? Sí usted se ha encargado de disminuirlo rápidamente. 

MÉDICO.- ¿Yo? Yo cobro mis honorarios. 

AUSENCIO.- Sí, honorarios elevados además de los análisis, radiografías y todos esos estudios nuevos que me manda hacer a cada rato como si no supiera lo que tengo. 

MÉDICO.- Son de control. 

AUSENCIO.- ¿Control? Será control de su bolsa. Yo me hago pobre y usted se hace rico. 

MÉDICO.- Bueno, si no está de acuerdo…

AUSENCIO.- Con lo que no estoy de acuerdo es con eso de que hoy me tengo que morir. Y eso lo dice usted tan campante. Pero nomás piense un poco, yo me muero pero usted va a dejar de ganar mucho dinero, ya no consultas, ya no visitas a domicilio, ya no estudios, ya no radiografías, ya no cirugías que no sirven para nada. ¿Cuántos miles de pesos va a perder por mes? Acaso ¿eso no le importa? 

MÉDICO.- Bueno, si lo miramos desde ese punto de vista…

AUSENCIO.- Sí, véalo así. Una tras otra las monedas van a ir desapareciendo como agua en una coladera. 

MÉDICO.- Pues mire, ahora que lo examino de nuevo veo que tiene una ligera mejoría, es muy posible que hoy no se muera. 

AUSENCIO.- Ni hoy, ni mañana, ni este año ni los próximos doctor. Recuerde que a los dos nos conviene. 

MÉDICO.- Bueno, lo dejo, que disfrute su domingo. 

AUSENCIO.- Qué descanse usted doctor. 

F I N

Resumen: Un médico le avisa a su paciente que va a morir ese mismo día. El enfermo dice que eso no es posible, que tiene muchas cosas pendientes que hacer. El médico le dice que ni modo, que así son las cosas. El paciente le hace ver al médico que si él se muere el médico va a dejar de ganar mucho dinero mensualmente con las consultas, los exámenes de laboratorio, etc. El médico le dice que viéndolo desde ese punto de vista… Termina por decirle que va a seguir viviendo.

Personajes: Dos hombres.

CARLOTA

María Teresa Rodríguez Almazán

escenarios_sep_02Todavía la recuerdo sentada al piano, tocando una melodía muy triste. Con un vestido de seda verde esmeralda y un collar de cristal del mismo tono. Su rostro  muy blanco, enmarcado por unas cejas bien delineadas, unos enormes ojos color ámbar y una pequeña y carnosa boca inusualmente roja. Cuando mi mamá nos mandaba de vacaciones a Parral, mi hermano David y yo íbamos a la casa del bisabuelo Juan, en ese entonces habitada sólo por los cuidadores. Nosotros no  sabíamos, pero ahí había muerto la tía Carlota, hermana de mi abuelo materno. Dijeron que de muerte natural, pero cuando ya estábamos más grandes, mi mamá nos platicó que la mató a golpes su esposo. Con frecuencia, él acostumbraba llegar en la madrugada, borracho, con amigos y mujeres de la vida galante para organizar fiestas en la mansión que mi bisabuelo les había prestado para que vivieran, ya que como él había sido peón en alguna de las haciendas, no tenían dónde vivir.  En ese entonces Carlota estaba embarazada y casi a punto de dar a luz a su tercer hijo. Como solía hacerlo en esas ocasiones, el barbaján la despertó. Con palabras altisonantes y soeces le exigió que tocara el piano para amenizar la fiesta, tal como la había obligado a hacerlo tantas otras veces. Pero esa vez Carlota se negó, lo que hizo que el hombre se abalanzara enfurecido sobre ella, que perdió el equilibrio y cayó al piso, en donde la pateó sin piedad, hasta que dejó de moverse. La fiesta siguió en su apogeo con música de vitrola.  Tanto ella como el hijo que estaba esperando, murieron. Nadie se explicó por qué Carlota se casó con él, aunque yo sostengo la teoría de que, como no las dejaban salir a ella y a su hermana, se casaron con el primero que las pretendió. Lo más extraño e inexplicable es que la familia, siendo tan poderosa, no hizo nada para castigarlo. Tal vez por los dos hijos que ya tenían.

El peón, convertido de la noche a la mañana en un hombre rico después del matrimonio, se sentía poderoso. Era altanero, déspota e impositivo. Frente a la familia de Carlota aparentaba ser un buen hombre, pero ya en la intimidad, se comportaba como un dictador, al grado que mandó a su hijo mayor, que apenas tenía cinco años, a un hospicio para huérfanos, sin que nadie hiciera nada para evitarlo. En cambio sentía un amor desmesurado por su hija menor, tal vez porque se le parecía muchísimo.

David y yo nos sentábamos en el piso, cerca del piano y durante un buen rato permanecíamos arrobados, escuchando la melodía, hasta que por aburrimiento o porque alguno de los cuidadores nos estaba buscando, corríamos para escondernos. Aunque éramos niños, nunca tuvimos curiosidad por saber quién era la mujer del piano.