ESCENARIOS

Por: María Teresa Rodríguez Almazán / Tomás Urtusástegui

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CIEN PESOS DE SOL

DE TOMÁS URTUSÁSTEGUI

2012

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escenarios_nov_02PERSONAJES: 

RAFAEL…ANCIANO

HERMINIA…ANCIANA

ESCENOGRAFIA: La mínima, puede bastar con un sofá o dos sillas. 

RAFAEL-Te vas a la calle y me compras cien pesos de sol, pero te fijas que esté caliente, la última vez lo trajiste tibio. 

HERMINIA- Por cien pesos no te dan casi nada.

RAFAEL- Cien pesos es mucho. No tengo más. 

HERMINIA- Todo ha subido horrores. 

RAFAEL- Entonces busca donde no te lo den tan caro. 

HERMINIA- En todas partes es lo mismo. Yo ya no puedo andar de un lado a otro.

RAFAEL- Y con la falta que me hace. Vivo helado. 

HERMINIA- Es por la edad, ya estás viejo. 

RAFAEL- Estamos, que no es lo mismo. 

HERMINIA- Perdón pero me llevas cinco años.  

RAFAEL- Es igual. 

HERMINIA- Si tú lo dices.

RAFAEL- ¿No tendrás un poquito de sol que no haya usado? 

HERMINIA- El poco que tenía se terminó hace días. 

RAFAEL-¿O algunas monedas por ahí? Siempre guardas. 

HERMINIA- ¿Para qué las quieres? 

RAFAEL- Para que compres más rayos. Necesitamos muchos. 

HERMINIA- Los traigo y luego luego los desperdicias, como si te los regalaran. 

RAFAEL- ¿Cuál desperdicio?, ¿cuál? 

HERMINIA- Ahí estás poniéndoles rayos a las macetas. 

RAFAEL- Es para que no se mueran las plantas. 

HERMINIA- Otros para iluminar tu cuarto. 

RAFAEL- Necesito luz, ya pasaré el resto de la eternidad en la oscuridad de la tumba.

HERMINIA- Con tres rayos te bastaría, pero no, tú vas a usar más de diez, como si te sobraran.

RAFAEL- Veo mal. 

HERMINIA- Usa lentes y no rayos. 

RAFAEL- Es mi dinero, y si gasto todo en sol es mi problema. Los rayos son para que pueda leer. 

HERMINIA- ¡Mentiras! ¡Siempre dices mentiras! Pones los rayos, te estiras en el sofá y cierras los ojos. Nada de leer. Eso quisiera yo, que leyeras, que leyeras como antes, no que ahora…

RAFAEL- Cierro los ojos para disfrutar del calor del astro rey, ¿te acuerdas cuándo íbamos a la playa? Yo me tendía a disfrutar del calorcito, Y sí, desde esa época cerraba los ojos. 

HERMINIA- Los cierras por flojo, o por no verme.

RAFAEL- ¿Por qué no iba a querer verte? 

HERMINIA- Porque te digo lo que te conviene, lo que tienes que hacer, lo que…

RAFAEL- …tengo que pensar, sentir. Todo lo quieres controlar.  

HERMINIA- Es por tu bien.

RAFAEL- No vamos a alegar ahora, anda, ve por mi sol. 

HERMINIA- Eso quisieras que el sol fuera tuyo. Ya seríamos millonarios.

RAFAEL- Bueno, por la parte del sol que me corresponde. 

HERMINIA- La última vez quemaste tus pantalones por ponerte en las piernas los rayos. 

RAFAEL- Ya me disculpé por eso. Es que mis piernas y mis pies se me enfrían mucho y sólo el sol puede revivirlas, nada más puse dos rayos en cada pierna. Es la misma cantidad que siempre he puesto. Lo que pasa es que los rayos no son los mismos que antes, ahora queman en lugar de calentar. Creo que es por la maldita contaminación. 

HERMINIA- ¿Sabes lo que cuesta comprar ropa nueva? Tú gastas el dinero como si te lo regalaran.  

RAFAEL- Me lo regalan. Yo ya no trabajo y me lo siguen dando.

HERMINIA- La jubilación no es un regalo, es un derecho por lo que trabajaste.

RAFAEL- Bueno, ¿Vas a ir o no? 

HERMINIA- ¿Y si digo no? 

RAFAEL- Entonces tendré que ir yo aunque me sea tan difícil caminar. Ya sé que no se puede contar contigo cuando uno necesita algo.

HERMINIA- ¿Me estás chantajeando? 

RAFAEL- Ay, cómo crees. 

HERMINIA- Pues ahora tú vas. A mí nadie me dice que no se puede contar conmigo siendo que yo…

RAFAEL- Que tú te has sacrificado siempre por mí y la familia. ¿No es así?

HERMINIA- Búrlate, eso es lo último que me faltaba. Pero sí, aunque te rías sí me he sacrificado por todos ustedes.

RAFAEL- Discúlpame…

HERMINIA- Con una palabra crees que todo se arregla. 

RAFAEL- ¿Me perdonas?… Ándale, di que sí. A ver, una sonrisita…Eso es. Gracias. Y ya que estoy disculpado ¿podrás ir por mi sol? No ves que estoy temblando, que me voy helar.

HERMINIA- Tú siempre ganas. 

RAFAEL- Por favor. 

HERMINIA- Está bien, voy a ir, pero ni pienses que lo voy a seguir haciendo, tus famosos rayos cada día pesan más y no caben en mi canasta. Yo también soy vieja y no aguanto tanto. 

RAFAEL- Al fin reconoces tu edad. Los dos somos ancianos.

HERMINIA- Tú más que yo. 

RAFAEL- De acuerdo. 

HERMINIA- Voy por la canasta. 

RAFAEL- No, mejor no vayas. 

HERMINIA- ¿Qué no vaya? ¿Quién te entiende? Tenemos horas en que me exiges que vaya a la calle a comprar sol, que te lo traiga lo más pronto que pueda, sin importarte mis reumas, mi…

RAFAEL- Ven, siéntate junto a mí. 

HERMINIA- ¿Para qué? 

RAFAEL- ¿No te has dado cuenta después de tantos años? 

HERMINIA- Amaneciste mal, no te entiendo nada. 

RAFAEL- Ven. Ahora dame tu mano. Ponla sobre mis piernas. 

HERMINIA- ¿Estás jugando? Tengo mucho que hacer para…

RAFAEL- Así, ya se me están calentando. Gracias. 

HERMINIA- ¿Ya no quieres sol?

RAFAEL- No, ya lo tengo. 

HERMINIA- ¿Qué? 

RAFAEL- Tú eres mi sol. 

HERMINIA- Adulador. 

RAFAEL- Te quiero y te necesito. 

HERMINIA- También yo a ti.

RAFAEL- O sole mio. 

HERMINIA- Mi sol. 

Resumen:  Dos ancianos pelean para reconciliarse al final. 

HOMBRE Y MUJER

 

A LA DERIVA

 

escenarios_nov_03El verdor de mis ojos se ha apagado,

transito por la nada con mi propia noche a cuestas,

buscando el fuego que revele mi destino.

 

Más no es mi voluntad la que domina,

son mis pies que horadan la senda

de los que estuvieron antaño.

 

Tienen vida propia y no obedecen al resto de mi cuerpo,

son autónomos, siguen caminos que antes no anduvieron otros,

escudriñan, se detienen, parece que piensan y toman decisiones.

 

Vagan por tierras yermas, 

donde la desolación cubre las horas con una languidez

que paraliza todo y no lleva a ninguna parte.

 

Les llega el cansancio, están exhaustos,

ya no hay lágrimas que fluyan lentamente

ni lamentos que se escuchen en la noche.