El libro más peligroso. James Joyce y la batalla por Ulises

Por: BERNARDO GONZÁLEZ SOLANO

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Quién lo creyera, la obra literaria que infinidad de acuciosos lectores y avezados críticos consideran, desde hace muchos años la mejor novela en el idioma de William Shakespeare, estuvo en el Índice expurgatorio durante más de una década en los principales países del mundo angloparlante. Autoridades retrógradas de aquende y allende el Atlántico confiscaron y quemaron en la hoguera centenares y centenares de ejemplares del Ulysses del escritor irlandés James Joyce. ¿La razón? –si es que puede haber una razón para quemar un libro–, simple y llanamente porque a una partida de retrasados mentales se les ocurrió decir que la obra de Joyce era obscena. Así se las gastan los hombres del poder.

La novela clásica, Ulysses (en español Ulises a secas), la obra magna del novelista irlandés James Augustine Aloysius Joyce (Dublín, 2 de febrero de 1882-Zúrich, Suiza, 13 de enero de 1941), mejor conocido como James Joyce, fue publicada en el otoño de 1921 por la pequeña editorial Shakespeare and Company, propiedad de la estadounidense Sylvia Beach, quien tenía su librería y editorial en el #13 de la calle Odéon, de París VI. En ese domicilio empezó la agitada historia de esta novela que todavía mantiene interesado al mundo en las primeras décadas del siglo XXI. 

El motivo de esta EX LIBRIS obedece a la aparición de un extraordinario volumen –que fue impreso hace cinco años– que cuenta la novelesca existencia del Ulysses. En su versión original se titula The Most Dangerous Book. The Penguin Press, New York, 2014. En su traducción española, el libro de Kevin Birmingham tiene un título más explícito: El libro más peligroso. James Joyce y la batalla por Ulises. Es Pop Ediciones, Madrid, 2016. 478pp. $703.00 Hace más o menos dos meses encontré el volumen en la mesa de novedades de la Librería El Péndulo, de Polanco. El ejemplar que compré es el número 513 de una edición de mil ejemplares. Toda una joya. 

Kevin Birmingham, el autor, es un joven catedrático de historia y literatura en la Universidad de Harvard, y vive en Cambridge, Massachusetts, EUA. Este es su primer libro, que le mereció el Premio PEN New England 2015 a la mejor obra de no ficción y el Premio Truman Capote de Crítica Literaria 2016. Dada la calidad de su libro, hay que decir que es la primera ocasión que un escritor con su ópera prima recibe este galardón. Realmente lo merecía, es un extraordinario trabajo de investigación. De esos libros que a uno le gustaría escribir.

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Tratándose del Ulises de Joyce hay que ser muy franco, su lectura es muy difícil. Miente quien diga que lo leyó de una sentada como si fuera una novela policiaca. Hay quien se pasa la vida y jamás la concluye, por decir algo. Dicen los estudiosos de la obra de Joyce que el 25% de los que se reconocen lectores del Ulises están mintiendo. Después de 1984 de George Orwell (né Eric Arthur Blair), y de Guerra y Paz, de León Tolstoi, la obra del irlandés ocupa el tercer lugar entre los clásicos que la gente “presume” de haber leído sin haberlo hecho realmente (justo detrás de la Biblia). La verdad sea dicha, superadas las barreras del idioma, del estilo y las dificultades propias del mundo joyceano, el lector descubre más de una íntima conexión con el libro que crece con cada lectura. No hay la menor duda que el Ulises es, quizás, el libro más emblemático del siglo XX…y lo que llevamos del XXI. 

Cuando empecé a hojear el libro de Birmingham sentí que era la lectura que siempre necesité al leer el Ulises. Explica el investigador: “El libro que muchos consideran la mejor novela del idioma inglés –y posiblemente de cualquier idioma– estuvo prohibida por obscena, de manera oficial u oficiosa, durante más de una década en la gran mayoría del mundo angloparlante. Esta prohibición fue uno de los elementos que hicieron de la novela de Joyce una fuerza transformadora. En el siglo que siguió a su publicación, Ulises no sólo cambió el curso de la literatura, sino la propia definición de literatura a ojos de la ley“.

Continúa: “Esta es la historia de un libro. Traza el desarrollo de Ulises desde el primer destello de inspiración, en 1905 cuando no era más que una idea para un relato –un nombre homérico aplicado a cierto individuo al que Joyce conoció una noche de francachela en Dublín–, hasta la pasmosa expansión experimentada por la novela en los años anteriores y posteriores a la Primera Guerra Mundial, a medida que Joyce iba escribiendo sus 732 páginas en libretas, hojas sueltas y pedazos de papel en más de una docena de residencias repartidas entre Trieste, Zúrich y París. Sin embargo, los años dedicados por Joyce a escribir su novela sólo son parte de la historia. Ulises fue publicada por entregas en una revista neoyorquina, fiscalizada por los funcionarios de correos y censurada incluso por su más locuaz defensor, ese pródigo maestro de ceremonias del modernismo que fue Ezra Pound”. Otro personaje del cual un día abundaremos.

Birmingham nos cuenta: “Las transgresiones de Ulises fueron el primer elemento que la mayor parte del público conoció sobre la novela. Una porción de la misma fue quemada en París cuando aún no pasaba de borrador y en Nueva York fue condenada por obscenidad antes de haber llegado a publicarse en forma de libro”. Entonces comienza una serie de acontecimientos que vuelven la novela de Joyce algo fuera de los común. “Las tribulaciones de (James) impulsaron a Sylvia Beach, una expatriada estadounidense que regenteaba una pequeña librería en París (con una historia que hay que recordar lo más pronto posible, BGS), a publicar Ulises después de que absolutamente todo el mundo (incluida Virginia Wolf) se hubiera negado a hacerlo. (La editorial de Wolf y su marido tuvo su importancia en la vida literaria inglesa, BGS). Cuando se editó en 1922, docenas de críticos alabaron o denigraron en términos nada ambiguos la largamente anticipada obra de Joyce. Autoridades gubernamentales de ambos lados del Atlántico confiscaron y quemaron más de un millar de ejemplares de Ulises (nunca llegaremos a saber el número exacto), pues el gran libro azul de Joyce había quedado prohibido prácticamente de inmediato tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos. Otros países pronto siguieron su ejemplo. En el transcurso de una década, Ulises se convirtió en una sensación clandestina. Era contrabando literario, una novela que sólo podías leer si encontrabas un ejemplar falso impreso por editores piratas o si conseguías burlar a los agentes de aduanas para introducirlo (a escondidas) en el país La mayoría de los ejemplares procedían de Shakespeare and Company, la librería de Sylvia Beach en París donde, según recordaba un escritor, “los Ulises se apilaban como dinamita en un sótano revolucionario”. Fue el arquetipo de la revolución modernista. De hecho, es el principal motivo de que actualmente pensemos en el modernismo como en una revolución”. 

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Mi admiración por el viaje homérico del héroe joyceano –realizado en el Dublín histórico– viene de lejos, desde los tiempos preparatorianos y la inolvidable Biblioteca del Colegio de Bachilleres de Xalapa, Veracruz. Entrar en ese recinto rebosante de volúmenes casi todos añejados por la pátina del tiempo, era más reconfortante que ocupar un reclinatorio en la catedral xalapeña, donde solía ser monaguillo del entonces joven sacerdote Sergio Obeso Ribera, que llegaría a ser arzobispo de Veracruz y cardenal, que falleció hace pocos días. Cito el caso porque Obeso fue un excelente políglota y amante de los libros. Tuvimos una larga y muy cordial relación. Por aquellos días cayó en mis manos el Ulises, en una pésima traducción al castellano que hizo casi imposible su lectura, aparte de que mi “cultura” no estaba a la altura del libro. Pero me dejó la espinita clavada. Años después volvería a tratar de leerlo. Fueron varias veces. El caso es que una vez que el libro se te mete dentro, no puedes escapar. No sé si he captado su esencia, pero no ha sido por falta de empeño. En vez de ‘para un millón de lectores’, Joyce declaró que prefería escribir novelas que una sola persona fuese a leer un millón de veces. Además del Ulises, Joyce escribió en 1939, dos años antes de morir, otra novela, Finnegans Wake, que tiene fama de ser más difícil de entender que su obra magna.

El libro más peligroso, en esencia, narra la extraordinaria saga del famoso libro de Joyce, desde sus primeros apuntes en 1904 hasta su decisivo juicio federal por obscenidad en 1933. La sorprendente tarea de investigación que llevó a cabo Kevin Birmingham complacerá no sólo a los fanáticos de Joyce, sino también a lectores menos exigentes que desean desentrañar los secretos de una de las obras capitales del siglo XX y del que casi cumplimos dos décadas: cómo fue concebida, escrita, publicada, quemada, aclamada, perseguida, juzgada y vilipendiada. Excelente trabajo. VALE.