Las Hermanas Vargas: Joelle y Frédérique (Jo y Fred), “condesas descalzas”, una pintora y otra escritora Princesa de Asturias

Por: Bernardo González Solano

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FRANCE - APRIL: French author Fred Vargas with her twin sister Jo on April 2004 in France. (Photo by Louise OLIGNY/Gamma-Rapho via Getty Images)

FRANCE – APRIL: French author Fred Vargas with her twin sister Jo on April 2004 in France. (Photo by Louise OLIGNY/Gamma-Rapho via Getty Images)

Las lecturas, como el amor, deben ser variadas y a su tiempo. Cada una en su momento. No todas se disfrutan igual, aunque hay lecturas que jamás se olvidan y heridas que nunca cierran. Si algunas cuestiones se pudieran contar. En los amores una sola regla: “never”, lo que se dice “never”, abras un ataúd, en tanto que a los viejos libros puedes recurrir cuando se te antoje, a veces, las reelecturas son mejores que en la primera ocasión. Lecciones de la vida.

Allá lejos y hace mucho tiempo, dijera mi inolvidable británico-argentino William Henry Hudson, a la par de mis textos preparatorianos consumía uno tras otro las novelas policiacas de Dashiell Hammett, de Raymond Chandler, de Jim Thompson, de S.S.Van Dine (seudónimo de William Huntington Wright), Mike Spillane, así como los infaltables títulos de Agatha Christie, del prolífico  escritor belga Georges Simenon (se han vendido más de 500 millones ejemplares de sus más de 300 escritos) y, por supuesto la obra completa de Sir Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes. Todo un vicio leer novelas del llamado género negro. Algunas editoriales francesas incluso son famosas por su serie Noire, únicamente novelas policiacas. De pronto, la euforia pasó y la vida profesional me impuso otro tipo de lecturas. 

Muchos años más tarde, gracias al espléndido Dictionnaire des littératures policiéres de Claude Mesplède me enteré que Frédérique Audoin-Rouzeau, mejor conocida como Fred Vargas (París, 1957), había decidido escribir sus novelas “de enigmas” —como ella misma las califica—, como un gesto fraternal a su gemela, Joelle, pintora de profesión que había heredado la carrera paterna. 

Jo es pintora. Cuando comenzó a exponer sus cuadros se apropió el apellido de una cierta “condesa descalza” llamada María Vargas, personaje interpretado por la famosa actriz estadounidense Ava Gardner, en un inolvidable filme del mismo título: La condesa descalza. Y, Frédérique, una vez que compró una libreta y bolígrafo para escribir su primera novela, firmó como Fred Vargas. Así fue cómo las dos hermanas volvieron a compartir apellido. De ahí en adelante, las Vargas hasta la eternidad. 

El dueto no es inadvertido en sus respectivos campos. El destino las trajo al mundo en el mismo parto en 1957. La pintura y las letras cuentan con dos nuevas estrellas. Más conocidas en Francia y el resto de Europa que en México, lo cual no les causa ninguna preocupación. 

Qué decir de Joelle. En sus cuadros, Jo Vargas “brilla por el negro, color lírico, melancólico, enigmático. Pintora que goza del trabajo nocturno, discípula de un maestro de música, pintora que sucumbe al amor por el cine y pintora que rechaza al cine de su pintura. Jo Vargas siempre es original, a veces paradójica, romántica en sus gustos pictóricos y mujer de luces en sus sentimientos por la justicia, artista de espíritu literario. Gran lectora. Primera en repasar los manuscritos del género negro que escribe Fred, su melliza. Además de conocer a la perfección a Virginia Wolff, Malcolm Lowry (el de Bajo el volcán, el alcohólico cónsul en Cuauhnáhuac: Cuernavaca), así como a Dashiell Hammett o Dostoievski, o a otros que no los pinta…”.

A los 62 años de edad, Fred Vargas es una de las más relevantes novelistas del género negro, aunque ella les llama “novelas de enigmas”. En 2006 la editorial española Siruela publicó La tercera virgen —la traducción castellana de Dans les bois éternels, que apareció en su idioma original ese mismo año, de la que se vendieron más de 400,000 ejemplares—, título que amplió su difusión mundial: publica en 35 países y más de cinco millones de lectores han comprado sus libros. 

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En una de las raras entrevistas que concede —actualmente es más huraña con la prensa y con los seguidores de sus tramas a los que no les firma ejemplares—, Fred contó: “De mi primera novela vendí 1,500 ejemplares. Y las que escribí después, en 1986 y en 1987, L´école du crime (La escuela del crimen) y Ceux qui vont mourir te saluent  (Los que van a morir te saludan), no se publicaron sino hasta años más tarde, en 1994. Las editoriales no las querían, me decían que no encuadraban con su línea, que no encajaban en el molde de lo que se ha dado en llamar novela negra. ¡Y es que yo no escribo novela negra sino novelas de enigmas!”

Cosa rara, Fred no tiene reparos en declararse admiradora de Agatha Christie, tan poco estimada por los partidarios de la “novela negra” pura y dura, y explica que sus libros no son “meras charadas que se proponen al lector”. Confiesa: “El arte es un medicamento. Nos ayuda a vivir. Entre todos los animales, el hombre es el único que se ha inventado la creación artística. La necesitamos para escapar de la realidad ya poder volver a ella y mirarla a los ojos”. 

La verdadera Frédérique Audoin-Rouzeau es una arqueozoóloga  que durante más de veinte años (hasta 2005) trabajó como investigadora en el legendario Centre National de la Recherche Scientifique de Francia (CNRS). Es una de las grandes expertas mundiales en la peste negra en la Edad Media. Ha dicho: “Me he ocupado de la historia de la transmisión de las epidemias, concretamente de la pulga que transmitía la peste. Y también de la economía en la Edad Media a partir del consumo de carne, un estudio que parte de otro sobre el tamaño de los animales de labor. Los bueyes romanos eran mucho más voluminosos que los que existieron dos siglos después de la caída del imperio. A base de cruzar razas, los romanos lograron bestias que producían más carne o más leche. Pero modificar el volumen muscular o de carne no es difícil mientras que lograr esa modificación en la estructura ósea requiere siglos. Por eso, a partir de cierto momento, hay que ayudar a parir a los animales y muchos de ellos nacen muertos o con deformaciones”. La comparación entre la arqueología y la medicinas forense es obvia y en las novelas de Vargas el paralelismo es evidente. 

La coexistencia entre los dos mundos, el de la investigación y el de la novela de “enigmas”, no siempre ha sido fácil. “Quería escribir una novela para divertirme, y eso coincidió, en el tiempo, con el momento en que preparaba mi concurso de entrada en el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS). Mi hermana gemela, Jo, que pinta, había adoptado el apellido Vargas en homenaje a María Vargas, el personaje que interpretaba Ava Gardner en La condesa descalza y yo, como no puedo separarme de ella, también pasé a ser Vargas, Fred Vargas. Así nadie supo nada en el CNRS”. 

Fred mantiene un fuerte contacto con su familia. El nexo con su gemela aparece varias veces en sus libros. Característica que comparte con los principales personajes novelísticos como el comandante Jean-Baptiste Adamsberg. O con Adrien Danglard: inspector, metódico y de conocimientos enciclopédicos, adjunto del anterior, divorciado, padre de cinco hijos  y gran bebedor de vino blanco y cerveza. En otros son tercetos o tríos de estudiantes, de historiadores, de funcionarios de policía, etcétera. “Además de mi hermana Jo —cuenta—, tengo un hermano mayor (Stéphane, especialista en la Primera Guerra Mundial, y codirector del centro de investigación de la Historia de la Gran Guerra), que nos lleva dos años. Me he inspirado en él, en Jo y en mi misma para la serie de los Evangelistas. No somos reconocibles pero somos nosotros. Y es nuestra manera de funcionar como hermanos”.

French best-seller writer Fred Vargas poses for a picture during the presentation of France s 2016 best-selling authors of  L Express - RTL  yearly palmares in Paris on February 16  2016     AFP PHOTO   JOEL SAGET

French best-seller writer Fred Vargas poses for a picture during the presentation of France s 2016 best-selling authors of L Express – RTL yearly palmares in Paris on February 16 2016 AFP PHOTO JOEL SAGET

A mediados de 2018, Fred Vargas fue galardonada con el importante galardón español Princesa de Asturias de las Letras. En esa ocasión había 35 proposiciones procedentes de veintiún países. En 2017, la distinción correspondió a Adam Zagajewski, poeta polaco, prácticamente desconocido en México. 

Darío Villanueva, presidente de la Real Academia Española, que encabeza el jurado de tan importante premio, el 23 de mayo de 2018 leyó en Oviedo, Asturias, el acta del tribunal en la que reconoce que la escritora francesa, gran dama de la novela negra, en su escrito “combina la intriga, la acción y la reflexión con un ritmo que recuerda la “musicalidad característica de la buena prosa en francés” y que, en sus novelas, “la Historia surge como metáfora de un presente desconcertante”. 

Quand sort la recluse (Cuando sale la reclusa, 2017), su obra más reciente, para mi gusto es la novela policiaca total. La traductora de este título de Fred Vargas, como varios otros, es Anne-Hélene Suárez, editado por Siruela en 2018. Esta casa editorial ibérica es la que ha promovido la novelística de Vargas en todo el mundo hispanohablante. El volumen reúne los requerimientos del género, con una narrativa algo compleja. Sin embargo, lo que refulge es lo anecdótico que trasciende el informe policial. Sin apriorismos morales, incluso con ternura. Sin desperdicio. VALE.