SOLO EL AMOR SUPERA EL DOLOR

Por: Raquel Estrada / Psicoterapeuta y Orientadora en Tanatología

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La alta incidencia de homicidios y asesinatos en los últimos meses en México ha cobrado la vida de muchas personas y ha dejado una estela de dolor para las familias que han perdido a un ser querido en manos de la delincuencia y también para la sociedad que se ve afectada al conocer estos acontecimientos lamentables, ya que se considera como violencia social, por tal razón, el presente artículo tiene como objetivo el manejo del duelo especial o extraordinario. 

Para la sociedad la muerte puede generar miedo, amenaza, temor, culpa e incomodidad, se ha vetado, silenciado y estigmatizado, hasta convertirse en un tema tabú. Desafortunadamente, muchas personas, todos los días pierden la vida de forma violenta, por eso es importante trabajar en ella más que ocultarla y negarla. 

 

DIFERENCIA ENTRE HOMICIDIO Y ASESINATO

Homicidio: “Es el acto de causar la muerte a otra persona sin ningún tipo de circunstancia adyacente”. 

Asesinato: “Se concibe como una forma de homicidio más grave por causa de las circunstancias en las que se lleva a cabo”. 

Hay cuatro circunstancias que convierten un homicidio en un asesinato: La alevosía, por precio, recompensa o promesa, con ensañamiento y encubrir el delito para evitar que se descubra. 

 

ETAPAS DE ELABORACIÓN DEL DUELO EXTRAORDINARIO 

psicologa_ago_02Los dolientes al recibir la noticia, se enfrentan a un gran dolor por el robo de la vida sin sentido y a pesar de la situación tan terrible por la que están pasando tienen que enfrentar no solo su pérdida; sino también un proceso judicial difícil y muy complicado e iniciar su proceso de duelo. 

“El duelo es la respuesta normal al dolor y a la angustia de la pérdida, es el proceso de recuperación después de que ocurre una situación perturbadora en la vida y pasa por diferentes etapas hasta llegar a la aceptación”. 

Cada persona elabora el duelo, con base a su forma propia de ver la vida y con los recursos emocionales que dispone. La intensidad del duelo depende de la relación con el fallecido y el grado de apego que estableció. Mientras más estrecho es el vínculo afectivo más difícil es soltar y las etapas del duelo son más prolongadas, principalmente la negación y el coraje. 

Cuando hay dolor físico un analgésico lo soluciona, pero no hay medicina para el dolor del alma y tampoco varita mágica que lo elimine, solo el manejo adecuado del duelo. 

 

ELABORACIÓN DEL DUELO

Cuando se pasa por una pérdida se experimenta un proceso de duelo y la Psiquiatra y Escritora Elisabeth Kubler Ross, madre de la Tanatologia, lo describe en 5 etapas o fases: negación, ira, negociación, depresión y aceptación.

Después de que los dolientes reciben la noticia o se encontraban en el momento de los trágicos acontecimientos que llevaron a su ser querido a perder la vida, entran a un estado de shock, conmoción, confusión e incredulidad al no poder creer lo que está pasando y por eso lo niegan. No aceptan la muerte y experimentan sentimientos y emociones  los cuales lo viven a flor de piel como enojo, coraje, tristeza, rabia, ira, frustración, resentimiento, miedo y en algunas personas deseos de venganza. Es importante no alimentar el odio, sanar las heridas emocionales y buscar la paz interior. 

Continuando con el proceso de duelo también se presenta depresión transitoria o reactiva, y aunque no es una depresión crónica que es producto de una enfermedad mental, se vive con la misma sintomatología: tristeza, ganas de llorar, no querer levantarse, estar acostado todo el tiempo, se descuida la imagen personal, no hay motivación, solo el dolor es el compañero en esta fase. Otra etapa es la Negociación o pacto: pedirle a Dios que regrese la vida. Finalmente cuando se elabora el duelo sano se puede llegar a la aceptación. “Se reconoce la muerte y se continúa con la vida”. 

 

NO HAY QUE MORIRSE CON LOS MUERTOS

“Un hombre padecía lo peor que le puede pasar a un ser humano: su hijo había muerto. A partir de ese acontecimiento durante años, no pudo dormir. Lloraba y lloraba hasta que amanecía, hasta que se le apareció un ángel en su sueño y le dice: –¡Basta! ¡Ya no llores! –No puedo soportar no verlo nunca más. Respondió el hombre. El Ángel le dice: ¿Quieres verlo? y al confirmarle que sí, lo toma de la mano y lo sube al cielo. Ahora lo vas a ver, quédate quieto. A una orden suya, empiezan a pasar niños vestidos como angelitos, con una vela encendida entre las manos. El hombre dice: ¿Quiénes son? y el Ángel le responde: Son los niños que han muerto, y todos los días hacen este paseo con nosotros. ¿Mi hijo está entre ellos? Preguntó el Hombre. –Sí, ahora lo vas a ver, le contesto, mientras pasaban cientos y cientos de niños. Ahí viene, y el hombre lo ve, radiante como lo recordaba, pero de pronto, algo lo conmueve. Entre todos, es el único chico que tiene la vela apagada. Siente una enorme pena y una terrible congoja por su hijo. El chico lo ve, viene corriendo y se abrazan con fuerza, y le dice: Hijo, ¿POR QUÉ TU VELA NO TIENE LUZ?

¿POR QUÉ NO ENCIENDEN TU VELA COMO LA DE LOS DEMÁS?  Su hijo le responde: Papá, sí encienden mi vela cada día, igual que la de todos, pero… ¿Sabes? cada noche tus lágrimas apagan la mía”. 

Cómo menciona Nancy O’Connor en su libro: Déjalos ir con amor. La muerte es una herida- una herida psicológica, seria, dolorosa-, que al igual que cualquier lesión en el cuerpo físico, la curación de este otro tipo de lesiones requiere de un cuidado tierno y amoroso, serenidad y tiempo. Una alternativa consiste en permitirse experimentar el sufrimiento, sentir toda la angustia, temor y dolor según se presenten. Esta es la elección que, a la larga, permitirá proseguir con la vida.

 

DESPEDIRSE DESDE EL AMOR 

La pérdida de un ser querido siempre es dolorosa, pero es importante dejarlo descansar en paz y agradecer el tiempo que estuvo contigo. El mejor homenaje que le puedes rendir, es continuar con tu vida de la mejor manera y recordarlo desde el lenguaje del amor. Es difícil, pero debes ¡DEJARLO IR!

“El proceso del duelo permite buscar para tu ser querido el lugar que merece entre los tesoros de tu corazón… Es recordarle con ternura y sentir que el tiempo que compartiste con él o ella fue un gran regalo… Es entender con el corazón en la mano que el amor no se acaba con la muerte”. Jorge Bucay