Santones trasnochados

Por: Juan Danell Sánchez

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El pueblo dividido, así, segmentado por ordenamiento unipersonal, a dónde va desmembrado en buenos y malos. A quién sirve uno y otro bando, en caso de que existan de esa forma tajante: demonios y santos. Los que alcanzarán la Gloria por sus virtudes de obediencia y buen comportamiento ajustado a los deseos del Santón trasnochado que dice llevar las riendas del Gobierno federal y desde ahí cree dictar línea de comportamiento y credo. Y por otro lado están los que tendrán que retorcerse y pagar su maldad en las llamas del infierno por pensantes, renegados, críticos, inconformes, cuestionadores y no alineados.

Esa división se antoja como si el ser humano en sociedad pudiera separar y aislar a su libre albedrío, de su esencia y espíritu la claridad de lo oscuro, lo negro de lo blanco, como quien arranca la yema de la clara de un huevo, para desvirtuar una y encumbrar a la otra: mala la primera, virtuosa la segunda, solo de esa forma se le puede dar sentido a una división de tal magnitud: ambas son un alimento que se complementa y no por estar separadas pierden esas bondades y características de ser vida y muerte a la vez. Mientras permanezcan unidas dentro del cascaron esperanzan un nuevo ser, la multiplicación y permanencia de su especie. De la otra forma podrán nutrir cada una por su cuenta a un depredador de otra familia, a costa de su propia existencia, de acuerdo con las muy particulares características intrínsecas que las componen a cada una, no obstante ser un todo por naturaleza.

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Los componentes de cada parte cumplen una función específica para su existencia y el equilibrio en cantidad y consumo de cada uno de ellos marca el mejor funcionamiento orgánico y reproductivo como especie, y a la vez un mejor resultado para quienes se alimentan del huevo completo: sacrificar una vida para impulsar otra vida, la lucha de las especies en los espacios abiertos de la naturaleza, que finalmente atenta contra la vida misma.

Por esto, no debe perderse de vista en el análisis para entender la existencia de la humanidad en la sociedad inmersa en el contexto de la reproducción ideológica, espiritual, intelectual, pero sobre todo, política y económica, y si en algún momento ésta puede reproducirse solo en la oscuridad o en la claridad de la luz, ambos extremos implican parcializar la realidad, segmentarla para que pueda florecer solo una parte de ella sobre la otra, con la pretendida desaparición, o cuando menos descalificación de la amplitud y riqueza del pensamiento.

Viene al tema lo anterior cuando se trata de ver el mundo actual de estas tierras que habitamos los mexicanos, convertidas en una contradicción que en nada abona a superar sus viejos males y problemáticas, con la precaria revisión inculpatoria de su historia reciente, manoseada todas las mañanas por las limitaciones cognitivas del rencor y la frustración investidos en el complejo más puro de la insignificancia.

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La historia de México es muy clara, se desarrolla en el entuerto de la corrupción, deslealtades y traiciones en la clase que detenta el poder. Los héroes son de paja y lodo; los políticos hicieron de la suciedad y la mentira su alma mater para formar generaciones de trúhanes. Lamentable, pero cierto, es que la sociedad, el pueblo, se ha desenvuelto en esos esquemas y es absurdo pretender tapar el Sol con un dedo para negar que esos demonios permearon la moral, la cultura y cotidianeidad de los mexicanos, dejaron de ser exclusivos del poder y la clase política.

reporte_sep_04Y hoy, toda nobleza, virtuosidad, grandeza de pensamiento que pudiera distinguir a los mexicanos en la cultura, creatividad, imaginación constructiva y positiva ante la vida y el futuro de la humanidad, se ve secuestrada por las pasiones de los santones en el poder que la comprimen y proscriben a esos infiernos de la ignominia y la insensatez. Solo por citar un llano acontecimiento que abona a ilustrar esto: mujeres mexicanas agraviadas, vejadas, violadas, despreciadas, invaloradas, gritaron a los cuatro vientos lo que la sociedad y el Estado sabe, no de hoy, de siempre; su protesta la polarizaron los entes del sistema con actos vandálicos para dejar en ambiente social el cochambre de los buenos y los malos. Pueblo bueno, pueblo malo. La vejación a las mujeres la diluyeron en un debate grosero por agresiones a jóvenes reporteros que cumplían lo mejor posible con su tarea. Con esa barbaridad asentaron sus votos para arropar su popularidad, cosa de santones trasnochados.