Jason Keats Matthew Hall, embajador de Jamaica en México

Por: Patricio Cortés / Fotografía: Mario Torres

embajador_sep_01En esta ocasión entrevistamos a Jason Keats Matthew Hall, embajador de Jamaica, país muy cercano al nuestro geográfica y culturalmente, pero del que sabemos poco, salvo que es cuna de grandes deportistas y músicos.

El embajador Jason Keats Matthew comenta: “Las relaciones entre los dos países llevan cientos de años, no solo 57, éstas datan de 1655 cuando Jamaica fue gobernada por el Virrey de la Nueva España en la Ciudad de México; además, México tenía un consulado en Jamaica en 1880. Sin embargo, el conocimiento de Jamaica en México es muy poco, aunque nos ha representado muy bien el señor Bob Marley, estos son solo los b’s, faltan la c,d,e,f.”

Destaca que Jamaica fue el primer país del continente en contar con un ferrocarril, por ejemplo, su café, denominado Blue Mountain es considerado uno de los más exquisitos del mundo (y de los más caros), y tiene una población de sólo 2.8 millones de personas quienes reciben cinco millones de turistas al año.

Destaca la gran aportación cultural de Jamaica: “Aunque sea tan pequeño, es un país que tiene una cultura global que impacta alrededor del mundo. Estamos hablando del reggae, del cual han salido otros géneros musicales como el rap, hi hop reguetón, obvio, y sigue influyendo en nuestra música por medio de esta cultura que es tan diversa. Jamaica cuenta con el record mundial en términos de grandes intérpretes de la industria musical per cápita (por habitante)”.

“Nelson Mandela me contó que la música reggae fue lo que lo sostuvo durante sus 27 años de cárcel como prisionero de la conciencia. No solamente fue él, hay muchas personas que he encontrado durante mi vida que les tocó (el corazón) Bob Marley”, refiere.

Aunque el mensaje es de paz, a veces las películas hollywodenses han mostrado a los “rastas”o dreadlocks,  como mafiosos violentos, el embajador acota: “El estereotipo jamaiquino es un hombre con rastas y es interesante porque es una completa contradicción en términos de que a vida rastafari, no hay muchos países que hayan regalado al mundo una religión, que está basada en la forma de cristianismo más antigua del mundo. La vida del rastafari se trata de convivir con su ambiente, los temas de conservación, preservación, reciclaje, ellos empezaron con esto décadas antes. No usan productos hechos de plástico o cuero, solo fibras vegetales, no comen carne, no comen sal, ni productos que vengan en una botella, y ahí viene Hollywood que trae estos productos (estereotipos) que comen puerco, fuman cigarrillo, beben alcohol”. 

“El rastafari es un modelo para el mundo, en términos de lo que estamos viendo. Es una vida comunitaria, vida sana y en equilibrio con su ambiente, no llevar más de lo que necesitas, siempre reemplazando. Había un rastrafari que dijo ‘si no estás plantando algo, estás robando, porque seguramente estás comiendo’. Nadie pude seguir viviendo sin plantar algo, sin reemplazar algo de una forma. Por ejemplo, One love, pensando en Bob Marley, son estos temas que nos ayudan a enfrentar este odio que existe en el mundo”, afirma.

De hecho aunque gran parte de la infancia y juventud de nuestro entrevistado la pasó fuera de Jamaica, cuenta que, cuando iba a su tierra natal, adquiría varios casetes de reggae y “con eso conquistaba al mundo”. 

Retornamos a las relaciones bilaterales, comenta: “Tenemos varios pactos entre nosotros y seguimos aumentando las áreas de cooperación, en áreas de agricultura, de recursos tecnológicos, combatiendo el cambio climático y problemas ambientales. A nivel de relaciones multilaterales, Jamaica y México siempre han votado juntos en organización de Estados Americanos, en la ONU, en grandes foros multilaterales. Alfabéticamente entre la J y la M no hay muchos países estamos ubicados muy cerca en estas reuniones”.

Hay muchos puntos de convergencia: “México valora las cosas que nosotros valoramos, como derechos humanos. Hemos votado juntos en varios asuntos como en contra del embargo a Cuba y el sistema de apartheid en Sudáfrica, y seguimos enfrentando esos retos”.

Ve una posibilidad de acercamiento a través de los paladares: “Venir a Jamaica y aprovechar esta mezcla de culturas por medio de la comida, sus sabores, lo hacen una experiencia única. Lo mismo que México, ambos países tienen una escena gastronómica de nivel mundial, yo creo que se puede tomar cualquier plato típico del mundo y ponerlo en una tortilla y completar el intercambio cultural. Las comidas de ambos países son tan interesantes y ustedes los mexicanos son muy curiosos y aprecian la buena comida, estamos dispuestos a traer más chefs jamaiquinos para realizar eventos”.

“Nuestro lema es ‘Out of many, one people’, es decir,  ‘de muchos, una gente’, esto incluye descendientes de europeos, africanos, chinos…  Se refleja en nuestra comida, haciendo de Jamaica un lugar muy espacial”, complementa.

Otro tema donde destacan los jamaiquinos es en el atletismo, donde han forjado verdaderas leyendas, el embajador Jason Keats Matthew Hall, fue atleta en su juventud y comenta: “Desde el inició de los juegos Olímpicos posmodernos, Jamaica ha estado en el pódium (de hombres o mujeres), velocidad es sinónimo de Jamaica. No es una sola solución, realmente es una combinación de varias cosas, obviamente lo genético, la comida, comemos muchas raíces y, la tercera, es la cultura del deporte, desde los cinco años empezamos corriendo en un estadio. De hecho estamos tratando de apoyar a México con entrenamiento de velocistas”.

Nuestro entrevistado también fue futbolista en la etapa colegial y al recordarlo sonríe: “La primera vez que vine aquí, fue para jugar un torneo de futbol (colegial) y los que nos tiraron del torneo fueron los mexicanos. Yo siempre digo que fue la altura”.

Hoy trabaja para acercar a nuestros pueblos: “Estamos buscando ahora los eventos, por ejemplo los festivales de reggae, hay uno en España que se llama Rototom, creo que es el más grande del mundo, hay otro en California, pero nosotros creemos que esto se podría hacer en México, porque hay un conocimiento de la música y les gusta”.

De hecho también hay un interés económico: “México se encuentra entre los principales inversores en Jamaica. La inversión mexicana ha alcanzado 1.5 billones de dólares, gracias a inversionistas como Grupo Aeroportuario del Pacífico y Cemex, que tiene una operación grandísima. Jamaica está en auge, está creciendo, por primera vez hemos bajado la deuda de 140% del PIB a 90% y va a 60%, eso es importantísimo. Tenemos, también, una inversión mexicana muy grande en el sector turístico”.

“Estamos trabajando en restablecer el vuelo directo que había en los años 90, ahora ya no hay, porque estaba con Mexicana. Aquí en el oeste y el poniente son los destinos más grandes del turismo, estoy hablando de Jamaica, México, República Dominicana y Cuba. Entonces, sería factible un vuelo, sería lógico contactar estos cuatro destinos, ahí hay una gran oportunidad para una aerolínea”.

Pasamos a los desafíos del país caribeño, su representante destaca: “El primer reto es nuestra estabilidad económica. Estamos ya en camino a tener, por primera vez, crecimiento positivo, el desempleo es el más bajo que hemos tenido en los últimos 50 años. Otro reto es la seguridad energética, en estos tiempos el costo y el uso de hidrocarburos es insostenible, necesitamos establecer el uso de energía alternativa y sustitutos del petróleo”. 

“Hemos visto lo que puede hacer a una región un huracán y en los últimos tiempos hemos tenido tres seguidos. Es importante fortalecerse para prever este tipo de desastres y esto incluye los sismos, hay que tomar en cuenta que Jamaica está en una zona sísmica”, añade.

El cambio climático, que derrite los polos y por lo consecuente sube el nivel del mar, también es un problema a monitorear: “Aunque tenemos muchas montañas, nos afecta mucho porque hasta el 70% de la población viven en áreas costeras. El nivel del mar es muy importante, el sargazo es otro reto grandísimo para las islas y estamos trabajando con México en esto para establecer estrategias para enfrentar en este tema”.

Cuando el actual embajador jamaiquino tenía 10 años, su padre trabajaba en la ONU y se fueron a vivir a Brasil, de ahí a África, luego estudió la licenciatura en Estados Unidos y la maestría en Inglaterra. Su vida profesional se inició en la logística marítima, luego en el desarrollo de negocios de una transnacional, para pasar a una dependencia gubernamental que promueve su país, todo ello lo trajo a su puesto actual.