Educación Humana

Por: Fernanda Zurita

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¡Hola Humanos, soy La Cometa!

Soy La Cometa, una cachorra de alambre de pastor o de “raza mestiza”, como suelen decirme los humanos. Tengo 6 meses de tiempo en este plano, aunque en otra medida de tiempo podría decirse que tengo 3 años y medio de cachorro humano. Mi historia durante mis primeros dos meses fue incierta, después cambió de un día para otro mi vida. Llevaba tiempo viviendo en un barrio que los humanos llaman Ajusco, existía mucha basura a mi alrededor y jaurías de otros -como yo- sin techo, recuerdo haber tenido hermanos y una mamá pero al momento de mi recolección no había rastro de ellos.

Cuando me rescató la humana, me encontró muy cansada, había caminado mucho esos días para resguardarme de la lluvia, después del intenso calor del verano de la ciudad.
La humana me vio agotada al pie de la carretera, bastante sucia y pulgosa pero no le importó y me subió al coche. Por la ventana miré cómo se iba quedando atrás el puesto de elotes donde me encontró, así como muchos de los caminos que tantas veces había recorrido con mis patas en busca de comida.

Enseguida me llevó de visita a un sitio llamado veterinario, que para nada me gustó. Las pobres pulgas se aferraban a mi pelaje y la veterinaria me dio un líquido de sabor amargo que dizque para sacarme los animales y bichitos que llevaba dentro. Las ideas de los humanos son raras, ¿cómo iba a tener animales viviendo dentro de mí, sí solo había convivido con otros perritos como yo y con la basura que me servía de refugio que los mismos humanos dejan tirada a su paso?

Después del mal sabor de hocico en el veterinario, la vida me tenía preparada otra sorpresa, el que inició como mi hogar temporal se convirtió en mi hogar definitivo. Los perros siempre elegimos a nuestros humanos. Me convertí en la responsable de educar a dos humanas de aparente poca experiencia canina. No pudieron resistirse a mis encantos, y las entiendo, es difícil mirar mis dulces ojos con diminutas cejas cafés sin enternecerse. Fue cuestión de poco más de un mes más para que mis visitas al veterinario y aquel sabor del líquido amargo desaparecieran. Mis nuevas humanas se desvivían en cumplidos y en decirme que estaba más fuerte. Yo ya no me sentía tan cansada y empezaba a tener muchas ganas de jugar.

A pesar de mi corta edad puedo decir que soy una experta observadora y considero los comportamientos humanos muy curiosos, divertidos, a veces raros de entender y en otros, casos erróneos, pero no es su culpa, nadie les ha hablado sobre educación humana y precisamente para eso estoy aquí. Considero que la mayoría de las cosas erróneas son cuestiones que se pueden mejorar. Por ejemplo, un día mis humanas se fueron muy temprano y no volvieron hasta altas horas de la noche, siendo cachorra como sinónimo de curiosa, me aburrí rápidamente, los otros seres de la manada son muy aburridos para mí, no los entiendo, se la pasan dormidos y cuando despiertan, los persigo para jugar y ellos huyen de mi o saltan a sitios donde no los alcanzo. He oído que las humanas los llaman gatos, de verdad son muy raros.

Como les decía, yo necesitaba entretenerme de alguna manera y encontré la gorra favorita de mi humana, tenía mucho de su olor porque no se la quita ni un día de la semana, así que me puse a pasear con ella por todos lados, de pronto me parecía que se la podía “mejorar”, así que con mis colmillos en desarrollo empecé a quitarle mucho de lo que consideraba le sobraba. Cuando mis humanas volvieron, yo estaba muy orgullosa con mi obra pero algo ocurría, ellas no estaban saltando de emoción. La humana solo me miró, recogió mi “obra” del piso y se fue a otra habitación. Así, sin más, no me felicitó y eso es muy raro porque siempre me felicita cuando le gusta algo que hago. Otro día estaba buscando un sitio donde afilar mis dientes, no quería molestar a la humana así que me puse a explorar por mi cuenta y encontré una esquina de una mesa que ella no usa, estaba dispuesta para mí porque estaba justamente a la altura de mi ansiosa encía, con perfecto sabor a madera, que era lo que estaba buscando.

Precisamente me estaba acomodando cuando la humana entró y con un fuerte ¡NO! me hizo sobresaltarme y enseguida solté la esquina. Creo que entendí la lección, no me puedo quejar en realidad, mi humana es muy clara y todo el tiempo me da señales sobre qué le hace feliz y qué no.

Los perros somos animales altamente sensibles, percibimos las emociones de nuestros humanos y también las malas intenciones de desconocidos, nos encanta guiarnos por el tono de voz y al ser tan sociables nuestros humanos nos parecen lo más fascinante del mundo y queremos estar atentos a todo lo que nos dicen o hacen. Funcionamos mejor con reforzamiento positivo. Una constante observación de parte de ustedes a nuestros comportamientos que no les gusten puede ahorrar muchos regaños en el futuro y es más, quién sabe, también pueda disminuir que tantos de mi especie se conviertan en esos sin techo, sin comida, que vagan por las calles en búsqueda de amor y refugio.