MUJER EN PAPEL

Memorias inconclusas de Rita Macedo

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La primera edición de este libro vio la luz en 2019, poco antes de que la pandemia del COVID-19 asolara al planeta. Así que no se puede culpar al coronavirus de su concepción. Como título vale: Mujer en papel. Memorias inconclusas de Rita Macedo. Recopilación y edición Cecilia Fuentes. Trilce Ediciones, Ciudad de México, 2020. Cuarta edición. 388 páginas. 5,000 ejemplares.  

En realidad, todas las memorias son inconclusas. Habría que escribir hasta el último hálito de vida para que no lo fueran. Eso es imposible. Además, como cuenta Cecilia Fuentes —hija del personaje central de este volumen—, compiladora y editora del libro, los manuscritos originales (a lápiz, con una difícil escritura como suele suceder) y los mecanografiados durmieron el sueño de los justos (o injustos), como se quiera, durante “diecinueve años”. A esta circunstancia hay que agregar, que por razones no dilucidadas, los hispanohablantes no comulgamos con la práctica autobiográfica —giro en el que se cataloga este hermoso libro—.

 

Rita Macedo 

 

Mucho se ha disertado al respecto. Unos aducen ese “alejamiento” a lo biográfico de los que nos comunicamos en español (hay quien prefiere decir castellano, aunque otros repelen la palabra, en España y en México, pero así somos algunos: “contreras”), a resabios religiosos del catolicismo que sustituyó la idolatría indígena, y otros al sentimiento de inferioridad de los avasallados por los conquistadores que montaban a caballo. El hecho es que los mexicanos de los últimos siglos no somos afectos a lo biográfico. Siempre tendemos un velo sobre las interioridades, a diferencia de los angloparlantes más dados a externar sus vidas. Quizás por eso, en inglés abundan las biografías, muchas excelentes. De hecho, soy adicto a su lectura.

 

Rita Macedo no fue una súper estrella del cine mexicano, como tantas otras. Pero sí figura entre las actrices y actores de buena parte de la filmografía nacional del siglo XX. Y siempre fue RITA MACEDO. Sus primeros pasos —incluso de baile fílmico— en el séptimo arte los dio casi al principio de la década de los inolvidables años 40. Nunca pretendió ser la gran figura, pero desde los 16 años de edad incursionó en el séptimo arte. Mujer en papel es un libro que pasará a la historia tanto por lo que cuenta como por las fotografías que lo ilustran, poco más de 160. Algunas excelentes, en las que se puede apreciar su hermosura, esa hermosura que ha hecho tan famosas a las mexicanas en todo el mundo.

 

En la Introducción a mamá, de Cecilia Fuentes, nos aproxima a la historia de Mujer en papel, volumen que sin ser una obra literaria a la usanza no pasará inadvertida. “Mamá descubrió su gusto por escribir cuando mi hermano Luis comenzó a producir telenovelas y la integró, junto a su esposa Susan, al equipo de guionistas. Durante varios años la mancuerna funcionó como un sueño. Pero cuando en 1993 la relación entre ellas dos colapsó definitivamente, mamá se dedicó a escribir sus memorias con total pasión y dedicación. Nunca la había visto tan emocionada recordando sus hazañas y travesuras en el cine, redactando estos textos, platicando sus amores y desamores, ilusionada ante la posibilidad de su publicación”.

 

Continúa Cecilia: “…empezó a plasmar sus relatos a veces usando la máquina de escribir y otras a mano, con su espeluznante letra, sobre un cuaderno rayado y a lápiz apenas legible… ¡Con qué orgullo y emoción releía y contaba sus anécdotas! Poco a poco su ánimo fue disminuyendo. Se le veía triste, cansada y deprimida… Dejó de escribir, dejó de comer y a los tres meses se suicidó. Nunca sabré si pasó algo específico o si fue una mala combinación de mala salud…(o) su decepción laboral, del enterarse que no podría utilizar las cartas de papá para sus libros… Quién sabe”.

 

“El 6 de diciembre de 1993…se encerró en su automóvil estacionado frente a la casa, y se quitó la vida”, agrega.

 

Cecilia continúa narrando los tropiezos que tuvo para publicar las Memorias de su madre: “Al morir papá (Carlos Fuentes), sentí una sofocante necesidad de retomar el trabajo de mamá y darle el lugar que ella soñó… Localicé en la computadora lo que había sido transcrito, saqué los papeles del cajón y me puse a releer y darle forma… Cada vez me convencía más de la importancia de publicar su historia e ilustrarla con fotografías que complementaran el relato. No como la biografía de una estrella del cine y el teatro… a pesar de que tuvo su momento… Es más, no creo que nadie se acuerde de ella aparte de sus amigos, familiares y alguno que otro reportero ruco (como el que escribe esta EX LIBRIS, BGS)… Pero su historia sí es importante por ser un documento histórico que ilustra una etapa dorada de nuestro México, lleno de anécdotas sazonadas a través de su convivencia con figuras importantes del mundo intelectual y artístico”. Por esta razón PERSONAE publica esta columna.

 

Rita Macedo

 

La hija de Rita Macedo explica: “Con esto podré completar lo que (ella) dejó a medias. Hay suficiente material para reconstruir la relación entre (mis progenitores) y capturar la esencia de sus últimos años”. Entre el deseo y el hacer hubo varios contratiempos, de los que el lector de Mujer en papel dará cuenta.

 

“Tuvieron que pasar otro par de años antes de que me animara de nuevo a sacar los papeles para ponerme a trabajar seriamente, siguiendo las sugerencias de Silvia (Cecilia se refiere a Silvia Lemus, la última esposa de Carlos Fuentes) e integrando otras ideas que me vinieron a la mente. Con respecto al texto de mamá, me dediqué a investigar un poco más a fondo quiénes eran las personas de quien hablaba y agregar brevemente algo de su historia o alguna anécdota sobresaliente de ellos. Tuve que reordenar todo al cotejar fechas y darme cuenta que muchos sucesos habían ocurrido en otro momento… Y finalmente reunirme con familiares y amigos que me ayudaran a veracidad de ciertos eventos y a completar los últimos años de mamá según lo que cada uno habíamos vivido”, agrega.

“Haciendo honor a lo pirata que siempre me he considerado —dice la recopiladora—, me mimeticé totalmente con mamá, con su manera de hablar, su tono de voz aún fresco en mi memoria, sus recuerdos, sus manerismos, su gracia, su sentido del humor y hasta su altanería, su todo, para poder plasmar su papel a una Rita fresca y verídica. Absolutamente todo lo que aquí se cuenta viene de su puño y letra, de SU verdad, de SUS recuerdos redactados o platicados y de textos de papá a través de cartas simplemente resumidos para efectos prácticos”.

 

“Para comprender a mamá —abunda Cecilia—, es importante captar la esencia de su daño emocional. Me contaba que nadie sabía el día exacto de su nacimiento ya que su madre, Julia Guzmán, o Mamajulia como le decíamos, nunca la había querido y que, cuando nació y le preguntaron “¿qué nombre llevará la niña?, la mujer contestó: Pónganle como quieran”. Los parientes presentes no se quebraron mucho la cabeza. Como era el día de la Santa Concepción, pues así la llamaron. Hasta muchos años después me di cuenta del que, aunque su fecha oficial de nacimiento fuera el 21 abril de 1925, el día de las Conchitas es el 8 de diciembre, (jamás se me ocurrió checar en su acta de nacimiento…)”.

 

Y, para que nada quede en las suposiciones, Cecilia afirma: “Mujer dulce que apapachó todos mis desamores y corrió a mi rescate siempre que fue necesario (menos cuando el pleito era con ella). Fiel a sus hombres, leal a sus amigos y a su profesión. Rita, la mujer montada en su personaje, en su rol, cuya vida ahora se plasma en estas páginas mostrándola tan frágil como el papel”. De ahí el título de las Memorias inconclusas.

 

Concluye: “Casi veinticinco años han tenido que pasar para poder publicar este libro. Y si le hiciera caso a cada uno que ha venido a pedirme que omita partes, jamás acabaríamos… Má, aquí va… Tu historia, tu orgullo… Te lo debía… Te lo mereces…

Y que pase lo que pase”. Definitivamente el libro Mujer en papel. Memorias inconclusas de Rita Macedo, no pasará inadvertido. Muchos adelantos pude haber incluido en esta EX LIBRIS, pero lo mejor es que el lector disfrute la honesta prosa de una mujer inolvidable, por muchas razones. VALE.

CULTURA

Núm. 262 – Septiembre 2021

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