ANTONIO CORDERO

“Hernán Cortés o nuestra voluntad de no ser”. Causas y consecuencias

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Los tiempos que vive la sociedad mexicana desde las elecciones presidenciales del primer domingo de julio de 2018 son cruciales. Cuyo significado es: crítico, decisivo, y su etimología deriva de la palabra latina crux, crucis (nominativo y genitivo, como se declina en latín, la cruz y de la cruz). Cuatro letras que son la esencia del cristianismo. Así de tremendo. Conclusión: México está en la cruz, con todo lo que esto significa. La crucifixión de México que ha dividido a la nación en dos bandos: los buenos (ellos), los malos (el resto), tiene al país en un brete que, bien a bien, nadie sabe en qué terminará. El gran problema nacional no es único, son muchos y variados. Por eso, dice Marco Antonio Cordero Galindo, el autor del libro que ahora comentamos: “…antes de la Conquista éramos diferentes poblaciones antagónicas y dispersa, después, con muchos defectos, somos nación. Primero tenemos que reconocernos juntos, ser, SENTIRNOS mexicanos, para luego pretender figurar en el mundo. “Para que Dulcinea fuera universal, primero fue del Toboso”… Cada lector puede terminar este pensamiento. Una posibilidad es la siguiente: “El único cambio verdadero se da en nosotros mismos, por eso la importancia de saber quiénes somos para seguir siéndolo a pesar de las fuerzas que se empeñan en impedirlo”.

 

Antonio Cordero

 

El tema que expone Cordero Galindo en su libro es de vital importancia. El momento obliga su lectura inmediata. Ya no es posible que los mexicanos sigamos con la venda en los ojos, y que algunos iluminados pretendan ganarnos con cuentas de vidrio, para su provecho. De tal suerte, citamos una parte del comentario de Germán Ortega Chávez, uno de los eruditos mexicanos que protagonizan el interesante programa de televisión La dichosa palabra, del Canal 22, sobre la obra de Cordero: “Afirma Cioran, que la “historia es indefendible”… Pero la historia existe. Y si existe, es para vernos hoy y descubrir la manera en que culturalmente hemos sido construidos. De forma Valiente Antonio Cordero nos confronta con nuestra historia y trae a debate temas tradicionalmente marginados o censurados. En este libro nos invita a integrar componentes olvidados de nuestro pasado, pero sobre todo a replantear lo que pensamos de nosotros mismos”.

 

Por alguna razón no es fácil de explicar. Cuando empecé a leer el Hernán Cortés de Cordero me vino a la mente la edición de Ídolos en los altares (de la inolvidable editorial Domés, de mi paisano Eugenio Méndez Docurro) de la olvidada y desaprovechada Anita Brenner, la escritora judía de tantos méritos. Brenner y Cordero son escritores diferentes, pero en sus respectivos libros tratan el mismo tema: qué somos los mexicanos y porqué somos como somos. Algo que no todos lo asumimos de la misma manera. Hay prejuicios que sobreviven a la historia de los últimos 500 años.

 

Se pregunta honestamente Cordero: “¿Por qué inculcamos devoción a otros héroes, casi todos falsificados, que tienen los defectos de (Hernán) Cortés pero carecen de sus cualidades?”… Y reflexiona: “El problema radica en que cinco siglos después seguimos adorando en nuestro altar colectivo de muertos a una serie de antepasados, casi todas víctimas, todos derrotados y martirizados. Y atrás de ese altar —que bien acomoda aquí el título de la obra de Anita Brenner: Ídolos tras los altares—, se encuentran unas pocas imágenes cubiertas con un velo, son los personajes victoriosos que no queremos ver, no les damos crédito porque en el fondo creemos que si lo hacemos, traicionamos a aquellos con los que nos identificamos, como si al cubrirlos desparecieran de nuestra sangre sus genes. Quitemos ese velo”.

 

Marco Antonio Cordero Galindo, Hernán Cortés o nuestra voluntad de no ser. Causas y consecuencias de su falta de reconocimiento. Respuestas… tuvo su primera edición en 2018, y la segunda, corregida y aumentada, en 2020. Ambas en la misma editorial, Colofón, S.A. de C.V., Ciudad de México. 150pp. $132.00.

 

El tema central del libro es la valoración, en la segunda década del siglo XXI, de un personaje histórico, tan debatido, como Hernán Cortés, cuya trayectoria personal significó —para México y para España—, la siembra de las bases de una nación, donde vivimos, que a 500 años de distancia todavía se ignoran las consecuencias del mestizaje del indígena originario con el español “descubridor-conquistador”. El mexicano del siglo XXI todavía navega en dos aguas. Mientras menos preparación intelectual cuente, mayor son sus dudas: ¿indígena originario?, sí, pero de ¿qué pueblo? Del azteca predominante sobre el resto de otras tribus. O, español, de los ¿conquistadores? O, ¿de los predicadores y defensores de los indígenas? Entre esos últimos, el propio Hernán Cortés.

 

Como dice Alejandro Carrillo Castro en el prólogo del libro de Cordero: “¿…qué tiene que ver con nuestra vida presente un personaje como Cortés, que vivió hace más de quinientos años y del cual poco conocemos más allá de lo que nos fue enseñado en nuestras clases de historia en la primaria o en la secundaria? Y menos aún si el autor de dicho escrito nos sorraja de entrada un alambicado y agresivo título como el de “Hernán Cortés o nuestra voluntad de no ser”… ¿Por qué querría alguien tan ocupado como lo estamos nosotros, entre muchas otras cosas, averiguar las consecuencias de las recientes decisiones en nuestro país, destinar nuestro muy apreciado tiempo en enterarnos de por qué los mexicanos tenemos “la voluntad de no ser, y menos aún de que dicha falla o característica existencial, según este autor, tiene alguna supuesta relación con el “deleznable” conquistador” español que hace quinientos años destruyó Tenochtitlán y venció injustamente a Cuauhtémoc, el mayor de nuestros héroes aztecas”.

 

Imagínense ustedes” —como acostumbra decir un merolico de moda, trepado legalmente en el púlpito desde el cual se puede despotricar contra todo y contra todos que no comulgan con sus “datos”—, si aparte de los innumerables prejuicios que en algunas escuelas se inculcan en contra del desprestigiado marqués de Valle de Oaxaca, en pocos meses más los infantes mexicanos que cursarán sus primeros años de aprendizaje tengan que “cultivarse” en los novísimos Libros de Texto Gratuitos, que la Presidencia de la  República ordenó imprimir para sustituir los de la época neoliberal, redactados, eso sí, por escritores de “izquierda” que abominan la conquista española y sus “herencias”. Si los nuevos Textos Gratuitos son tan veraces como lo que afirma en las mañaneras el inquilino de Palacio Nacional, aviados estamos. Me imagino como se presentará al conquistador Cortés. Ni qué decir de la Malinche, y de los aliados tlaxcaltecas y de otras etnias. El ideal de los actuales gobernantes de México es contar con textos que expliquen la “historia a su modo”.

 

Alejandro Castro recomienda a los lectores de Hernán Cortés o nuestra voluntad de no ser, no “perderse el estupendo análisis relativo a la Malitzin, que intitula “La Malinche”… ”Algún día, gracias a investigaciones como esta —agrega—, sería deseable que la expresión “malinchismo” se entienda entre nosotros como “sinónimo de logro, de adversidad superada”, como lo apunta Cordero, y nos redima del sentimiento (Octavio Paz dixit de que somos “los hijos de la chingada” (toco madera, BGS), de la “violada”, o abusada por Cortés y los conquistadores, y por el contrario nos podamos sentir orgullosamente “los hijos de una chingona”,  como diría mi amiga Margarita Flores”.

 

Antonio Cordero

 

A su vez, Cordero Galindo explica el motivo de la segunda edición de su libro: “Tienen razón quienes piden a España que se disculpe. Como las personas, toda nación que ofende a otra, debería hacerlo… Pero si se demandan justificaciones de otro, si se es congruente y sensato, antes habría que reconocerle sus contribuciones… Después, tener muy claro de qué España se pretenden cuentas: de la de allá o de la de acá. La de acá se llama México, porque todos nosotros también somos España desde el Presidente de la República hasta el indígena más puro con el que nos podamos comunicar. Poder hacerlo, hablar, es la prueba más clara de que somos españoles… Como mexicanos todos, también debemos exculparnos por las horribles ofensas que nos cometimos a lo largo de las centurias en las que todavía no éramos España, fuimos muy duros y crueles entre nosotros y apenas nos conocíamos. Sería una larga y absurda cadena de absolución”.

 

“Debemos examinar la complejidad del dilema —agrega Cordero—, y aceptar que no hay entre nosotros, en nuestra cultura, buenos y malos. Los que creemos buenos, no lo son tanto, y los malos, tampoco lo son mucho”. “No obstante, la dicotomía en la que vivimos, por un lado, la esperanza de un mejor futuro que incluya a todos, y por otro, el reino de la cangrejocracia, éste es el momento histórico para reanudar nuestro futuro. Hagámonos una limpia nacional y reinterpretemos nuestra cruz”.

 

Continúa: “Esta es la oportunidad de autoexaminarnos para saber a dónde vamos y si vamos bien. No hemos tenido ganas de pensarnos, nos da miedo buscarnos porque, en una de esas, nos encontramos”… ”Debemos entender que somos resultado de dos vertientes con capacidades sobresalientes. Si nos liberamos de nuestros prejuicios, si nos reconciliamos con nosotros mismos, podemos lograr lo extraordinario. La conquista de hoy es el descubrimiento de nosotros”.

 

Ese es el mensaje de este libro. El que quiera entender, que entienda. Seguro que la lectura del volumen causará polémicas. De hecho, todos los libros deberían motivarlas. Y no como posibles Libros de Texto Gratuitos a modo. Eso es abusar del poder. Por lo demás, los análisis de Cordero sobre Hernán Cortés y sus legados a México y a España, y su interpretación de la importancia vital de doña Marina para la creación del México mestizo de nuestros días, seguro harán pensar a los lectores. Cordero no es monedita de oro, como bien cantaba Cuco Sánchez, pero a todo mundo impacta cuando de “decir verdades” se trata. VALE.

CULTURA

Núm. 258 – Mayo 2021

mayo 11, 2021
Entre sus atrribucioones, la FGR podrá ejercer la facultad de atracción de casos del fuero común

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