LA APERTURA AL GOZO

Verónica Miranda Sotelo (Colaboradora)

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En artículos anteriores he escrito acerca de mi apertura al Gozo. Recordando cómo fui haciéndome consciente de esta emoción que con el tiempo se convirtió en filosofía, en proyecto y ahora en acción. Puedo decir que tuve miedo de Gozar la vida, mis resistencias y miedos me aconsejaban mantenerme discreta y centrada porque, ¿qué iba a pasar en una situación desagradable? ¿Qué pensarían de mí los demás?, por mencionar solo dos de mis temores.

 

Una vez que convoqué al primer grupo de Guardianas del Gozo, mi sorpresa fue grande pues muchas mujeres se interesaron. Como siempre, no todas se animaron a vivir la experiencia y como suele suceder en procesos un poco “largos”, menos de ellas llegaron hasta la recta final. Puedo presumir que una tercera parte de las mujeres que entraron al grupo, sí terminaron el proceso de tres meses.

 

Amaranta Méndez

 

Me preguntaba cómo lo vivirían las mujeres becarias que viven en situación de vulnerabilidad, pues muchas veces ni siquiera tienen tiempo para pensar en otra cosa que no sea salir adelante y sacar adelante a sus familias. Mi sorpresa, admiración y gratitud fueron grandes cuando, durante el proceso, varias me buscaban para hacerme saber lo bien que les estaba haciendo integrar el gozo en su vida cotidiana, aunque fuera pensar en esta palabra ya les cambiaba el día.

 

Hubo resistencias, como todas las tenemos, y también hubo situaciones complicadas para algunas como no saber usar el internet, no tener un espacio propio para sentirse a gusto y realizar sus actividades o no entender la dinámica, pues nunca en su vida habían hecho algo como lo que les propongo.

 

Sin embargo, quienes decidieron quedarse para sí mismas, más que por un compromiso conmigo, atravesaron el umbral que divide la vida cotidiana como la conocen y la vida cotidiana con gozo. Verónica, Guardiana del Gozo, una de las mujeres que pagó su proceso con el entusiasmo de saber que estaba pagando media beca para otra mujer, comparte:

 

“Me llevó poco más de tres décadas en alinearme con la vibración de la gratitud y el GOZO, primero me convencí a mi misma que era una linda manera de vida, lo repetí de boca hacia afuera mecánicamente por educación, porque los padres sí que nos enseñan bien a repetir cosas… Un poco más grande, me percaté que hay un lapso de vida en que hablar de gozo se vuelve prohibido, ¿cómo es posible que una niña de doce años pueda gozar de su cuerpo? Todo entorno al gozo se sexualiza. Sí, somos seres sexuales, pero también gozosos, y aprendí que no es lo mismo. Por retar a la vida y porque me gusta llevar la contraria y crear reacciones comencé a nombrarlo como tal, como una travesura que, sin yo saberlo, me conectaba más y más con él. Un día, de pronto, decidí hacerme cargo y me abrí al gozo como forma de vida, y sentí esta explosión de apertura de conciencia gracias a dejar que el gozo dictara mis días. Comencé a hacer del gozo una unidad de medida de mi estar en el mundo, mientras más gozara desde abrir los ojos, más me sentía viva: aprendí a usarlo como llave del eterno presente.

 

Integrar el gozo en cada célula de mi cuerpo me llevó a amarme sin juicios. Ha sido un camino de total autoconocimiento, abrirme al gozo y volverme el gozo en un proceso de estar y huir de lo que no me hace gozar, es mi termómetro de paz y calma y es como elijo sentirme viva”.

 

Lo que ofrezco con Guardianas del Gozo es acompañamiento y prácticas que detonan reflexiones, acción y consciencia acerca del gozo. En estos tiempos, en el que todo es a gran velocidad, queremos el plato rápido y bien servido. Lo mismo sucede con el gozo. Creemos que comprarnos los zapatos de moda ya nos hace gozar, pero una vez los calzamos, ya se esfumó el disfrute de tenerlos y queremos otra cosa.

 

Amaranta Méndez

 

El estado de Gozo no es un producto que se adquiere de la noche a la mañana, tampoco en un fin de semana. Para acceder a tener un estado de gozo de manera sostenida se requiere un proceso. Si por muchos años en nuestra vida no hemos sabido lo que es vivir con gozo, tal vez no se requieran tantos años para integrarlo, pero sí necesitamos apertura, paciencia, constancia, tiempo y compromiso con una misma. Por lo anterior, las dinámicas que propongo, más que complejas o sofisticadas, son para llevarlas a cabo diariamente por un tiempo mínimo de tres meses. Estas dinámicas son para que no se nos olvide que la vida se vive a cada instante y en muchos de esos instantes puede asomarse el gozo. Si le abrimos una ventana, se asomará; si le abrimos la puerta estará un rato con nosotras, pero si le invitamos a instalarse en nuestra vida cotidiana, lo tendremos ahí. El gozo nos recuerda que, a pesar de las vivencias dolorosas, de lo que nos hace enojar, de las personas que no podemos evitar, de la tristeza y del dolor, ahí está para acompañarnos y aliviarnos cuando nos cansemos de sufrir más que de gozar. Verónica nos lo dice con su experiencia:

 

“Abrirme al gozo es abrirme a la vida misma, no encuentro ninguna otra razón de tener un cuerpo si no es para gozar, y no me refiero a que solo se goce con el cuerpo, pero es nuestra gran ventaja en este universo de energía y almas, me gusta creer que “el que tiene cuerpo manda”, pero más allá de una jerarquía, es un caudal de infinitas posibilidades, desde que entendí a mi cuerpo, mi templo, es el acceso del gozo, se terminaron definitivamente las barreras en mi vida. Esta apertura me hizo poseedora de la responsabilidad de gozar, y es de esas responsabilidades que no pesan, porque son fuentes de energía. Lo entiendo como responsabilidad porque yo soy la única que lo permite o lo evita, que lo engrandece o lo ignora, que lo deja fluir o le cierra la llave. Es una responsabilidad que cuando se asume te hace sentir poderoso. Vivir la experiencia del gozo por medio de un curso guiado hizo que aterrizara mi volatilidad. Saber que somos muchas mujeres buscándolo y vibrándolo, ayudó a potencializar los efectos. Entre mujeres es natural acompañarse y apoyarse. Creo que estamos recuperando nuestra conciencia natural de vivir en tribu, de ser compañera de la otra, de respetar y ser espejo entre nosotras, y el tomarnos de la mano virtualmente para integrar el gozo en nuestra vida, logra que la energía de sostén sea más fuerte. Por otra parte, dentro de ésta misma sororidad saber que tengo la oportunidad de costear económicamente a otra mujer igual que yo, me llena de gratitud por ser parte del ciclo del dar y recibir y ampliar las posibilidades que todas las mujeres merecemos”.

 

Por todo lo compartido en estas líneas, te invito a que te explores a ti misma a partir del gozo. Búscame en: www.ladiosagoza.com o escríbeme a: info@ladiosagoza.com

SALUD

Núm. 263 – Octubre 2021

octubre 20, 2021
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