LOS TOROS FUERA DEL CORRAL 

Sobre “ratas y mamarrachos”

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Las corridas de toros vuelven a la Plaza México, la más grande del mundo. ¿Qué significa para la ciudad, para la afición y para los toreros? Muchas pueden ser las respuestas sin lugar a duda, antitéticas y enconadas a semejanza del mundo en que vivimos. Hoy en día parece haber dos mundos, el de las redes sociales, por un lado, y el mundo que representa la señora de a pie, la que cruza un bajo puente en ruina tratando de llegar a casa sana, muy alejada de las broncas en la conversación cibernética. El filósofo surcoreano, Byung-Chul Han, alerta que “la sociedad del cansancio” depende enfermizamente del celular, ahí donde surge un mundo intangible, pero real. Por su lado el especialista en el estudio de la desigualdad económica, Thomas Piketty, defiende una redistribución justa y eficaz de la riqueza para poner freno a la miseria que sufren otros millones de habitantes del planeta, ajenos al ajetreo social del internet. Ambos mundos confluirán nuevamente en la apertura de las viejas maderas de toriles en la monumental Plaza México, donde como antaño existe la ilusión por el arte, pero también el desprecio por la fiesta.

 

Para la ciudad significa un desafío sanitario, económico, cultural, pero sobre todo político. Sigue rondando la petición de prohibir los toros presentada por el Partido Verde, aunque no ha avanzado, el tema esta en el aire. Más que una discusión abierta y franca, en lo político la “prohibición de los toros” es usada como bandera y raja política. Los anti taurinos son otra parte del reto para la fiesta brava, y los medios de comunicación también ponen su granito de arena al desafío de la ciudad, donde conviven todo tipo de manifestaciones sociales y culturales. 

 

Para la afición el reto es grande.Tras una larga pausa desde la última corrida hace más de año y medio en el tiempo de la no pandemia, nos dejó un vacío que ni la melancolía podrá llenar, provocando un frío ambiente que pone en duda el regreso del público a los toros. 

 

Fiesta Brava Sobre “ratas y mamarrachos”

 

La reapertura de la Plaza México significa para los toreros nacionales culminar un año de trabajo; para los novilleros, que en esta generación se vienen con nombres de abolengo de la tradición taurina (otro Adame, un Armillita, un Llaguno), una esperanza de hacer posible la coronación de la alternativa en el coso de los insurgentes; muchos otros, los más, desconocidos novilleros que sólo tienen el pundonor y la pasión, esperan ser convocados a algún cartel. Todos saben que la arena de la plaza México es el escaparate con mayor proyección en América Latina. Los convidados en esta temporada podrán desplegar su arte. Para los extranjeros la apertura de la Plaza México es una oportunidad para reafirmar sus leyendas creadas en tierras hispánicas, como la nueva corriente del morantismo, una forma de torear única de Morante de la Puebla que renovó con su apoteósica forma de torear este año en España, y del que se asegura vendrá a la Plaza México.

 

Los ganaderos que con el toro cierran el eslabón, sin el cual, no habría la fiesta, “la fiesta más bonita del mundo”, como grita el aguerrido “Profesor”, personaje asiduo a las corridas en la Plaza México, tienen la responsabilidad de entregar toros bravos en peso y edad.Las quejas sobre el animal en el ruedo existen desde finales del siglo XIX en España y en México. Lo anotaba ya, Renato Leduc, en un artículo publicado en la revista de la comunidad Conacyt, que dedicaba el número a los toros en una primavera de 1980 y era publicado por los trabajadores de aquella dependencia, tan sonada en meses pasados, el artículo se llama “Ratas y Mamarrachos”, dicho popular que hacía referencia a los toros fuera de reglamento y de los toreros que no actúan ante el toro con verdad. En aquel escrito, se da cuenta que ya en la alternativa de Belmonte, en los años veinte, se armó una tremenda bronca por el tamaño de los toros. En México de los ochenta y en los años de la década pasada, innumerables rechiflas se llevaron toros, ganaderos y toreros por lidiar toros que no cumplían con las expectativas del público y del reglamento taurino.

 

Para todos, ciudad, afición y toreros, se viene una oportunidad como nunca de festejar la vida en el regreso de los toros a la Plaza México. Descubriremos si ambos mundos, uno, con sus conversaciones en las redes sociales, y el otro, el de los dichos de boca a boca en las peñas y los puestos de tacos, permite la reunión de un número importante de aficionados alrededor del festejo taurino. Veremos qué pasa desde la celebrada corrida nocturna del 30 de octubre y hasta que la vida con sus circunstancias lo permitan. Suerte para todos. 

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