MONOPOLIOS Y NEOCOLONIALISMO

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La presencia e intervención en la producción mundial de alimentos, cada vez mayor, de las multinacionales dueñas de las tecnologías digitales y de la inteligencia artificial que absorben a las empresas especializadas de insumos, agroquímicos y maquinaria para la producción agropecuaria del planeta, y se posicionan con rapidez en el sector primario global, al que dicen aportar bondades y ventajas en rendimientos y productividad, no es otra cosa que la expresión más contundente del neocolonialismo que sólo traerá más pobreza y el fortalecimiento del neoliberalismo que conducirá al dominio pleno de los países industrializados sobre las naciones subdesarrolladas.

 

Esto implica un peligro para la alimentación de la población mundial, así como para las economías rurales, porque, en realidad, se trata de consolidar oligopolios que no dejen, ni para la imaginación, un rescoldo en el sector productivo más importante para la reproducción humana: los alimentos. Una vez más queda en claro que quienes dominen la producción y distribución de alimentos, dominarán al mundo. Es condición natural para los seres vivos la dependencia innata hacia los alimentos, de ahí el poder que representan (en el caso de la humanidad) para dominar y someter a toda sociedad por atrasada o desarrollada que pudiera ser.

Monopolios y neocolonialismo

Hoy día, en la era de la cuarta revolución industrial que marca el dominio de la tecnología digital y  la inteligencia artificial en los procesos productivos y las relaciones sociales de producción, las dueñas de éstas: Microsoft, Amazon, Apple, Alibaba, Google, Facebook, como las más sobresalientes, se enfilaron hacia la monopolización de la producción y los mercados internacionales de alimentos, con inversiones de miles de millones de dólares para comprar o asociarse con las empresas más grandes de este sector, como Bayer/Monsanto, Syngenta, Basf.

 

La estrategia que utilizan queda a la vista: utilizan el arsenal de información que han acumulado en sus respectivos dominios de la tecnología digital a través de los servicios y redes sociales que han creado, mediante los cuales obtienen hasta lo que pudieran considerarse los más insignificantes detalles de las necesidades, anhelos, gustos, estados de ánimo, frustraciones, logros, sentimientos, creencias. ¡Vaya! No escapa absolutamente nada de la conducta individual y social de las personas que utilizan a cada segundo esas herramientas proporcionadas en computadoras y teléfonos celulares.

 

Toda esa información la convierten en la materia prima que habrá de nutrir sus procesos productivos para generar valor, mismo que se obtendrá de las mercancías producidas en las fábricas y plantas industriales, y que mediante los instrumentos creados por los gigantes de la digitalización e inteligencia artificial posicionaran en el mercado para su consumo por los millones de clientes cautivos que tienen gracias a los medios, redes sociales (tres mil 800 millones de personas) y el internet (cuatro mil 500 millones de usuarios, equivalente a 60 por ciento de la población mundial). En este caso, ese potencial servirá para sacar beneficio de todo lo que esté relacionado con la producción de alimentos.

 

Con esas herramientas captan desde los productores hasta el consumidor final. Así, por ejemplo, Bayer cuenta con la plataforma FieldView Plus, un programa que se instala en cualquier celular, Tablet o computadora, y ofrece la suscripción gratuita por un año, para ganar clientes. “FieldView Plus es una perfecta integración y análisis de datos para una comprensión más profunda de su granja y negocio. Con FieldView Plus, obtendrá análisis de rendimiento, informes de regiones de campo, imágenes de salud del campo, secuencias de comandos de semillas manuales y secuencias de comandos de fertilidad al alcance de su mano”.

 

Y esto lo acompaña con Bayer PLUS Rewards, “usted es el dueño de la decisión. Elija los productos que sean adecuados para su granja, gane recompensas en compras elegibles y luego canjéelos dónde y cómo desee”.

 

Monopolios y neocolonialismo

 

Se refieren, desde luego a la línea de sus productos, y para obtener esos beneficios el productor deberá proporcionar hasta el más mínimo detalle de su tierra, recursos, maquinaria, formas y tipos de cultivo que realiza, situación financiera y mercados para sus cosechas. A cambio le ofrecen “una biblioteca de 5,000 híbridos y datos diferentes de más de 800,000 gráficas de prueba puede ayudarle a encontrar la población adecuada para cada zona. Se tarda menos de cinco minutos en crear un script de semillas FieldView adaptado a su campo”.

 

Monopolios y neocolonialismo

 

Siguiendo el ejemplo, en el otro extremo del ciclo está Amazon, que en 2017 compró Whole Foods Markets, una de las redes más grandes donde se venden alimentos en Estados Unidos, con el objetivo de que el consumidor compre utilizando internet, persuadiéndolo de que compren las mercancías que están en sus bases de ofertas.

 

Monopolios y neocolonialismo

 

Microsoft desarrolló en 2015 algo que llamó FarmBeats, cuyo objetivo “es permitir la agricultura basada en datos. Creemos que los datos, junto con el conocimiento y la intuición del agricultor sobre su granja, pueden ayudar a aumentar la productividad de la granja y también ayudar a reducir los costos. Sin embargo, obtener datos de la granja es extremadamente difícil, ya que a menudo no hay energía en el campo o Internet en las granjas. Como parte del proyecto FarmBeats, estamos creando varias soluciones únicas para resolver estos problemas utilizando sensores, drones y algoritmos de visión y aprendizaje automático de bajo costo”.

 

Todo esto da una idea clara de la forma en que se eslabona la conformación de los monopolios para dominar al sistema global alimentario conduciéndolo hacia la industrialización de la agricultura que por sí misma es altamente depredadora de los recursos naturales por estar basada en el uso intensivo de agroquímicos y semillas genéticamente transformadas. Y que, además, sólo está al alcance de los productores medianos y grandes, quedan fuera los que conforman la masa de campesinos minifundistas por los costos de dichos insumos.

 

Esa producción de la agricultura industrializada es la que circula en el mercado internacional de alimentos y que está al alcance del bolsillo de ese 60 por ciento de la población mundial que tiene acceso a internet y las tecnologías digitales. El 40 por ciento restante de los habitantes del planeta o sobreviven en la miseria o son parte de la pobreza extrema y su consumo de alimentos, además de ser limitado y deficiente en nutrientes, lo obtienen en los mercados locales, donde no escapan de los precios de los básicos impuestos por las tendencias mundiales que dictan las multinacionales.

 

La historia registra la letalidad de los monopolios en el sector alimentario. Un caso que ilustra esto es Nestlé, que en los años 70 lanzó al mercado de los países pobres de África, Asia y América Latina la leche en polvo Lactogen dirigida a los bebés, y para posicionarla en el mercado desarrolló una campaña en los hospitales y maternidades, apoyándose en el personal médico y las enfermeras, para que recomendarán a la mujeres recién paridas que alimentarán a sus pequeños con ese polvo que mezclado con agua se convertía en una leche capaz de sustituir a la materna y que en Europa durante décadas había sido exitosa.

 

Sin embargo, por las condiciones de pobreza de la mayoría de los habitantes de los países mencionados, la fórmula fue un factor muy importante de desnutrición y anemia en la población infantil que la consumía. La razón fue que las madres disolvían una cantidad menor del polvo en el volumen de agua recomendado, para alimentar a sus hijos, debido a que el precio del alimento estaba fuera de su economía y los bebés, que recibían sus primeras dosis en los hospitales y maternidades, se acostumbraban a lácteo de Nestlé, por lo que rechazaban la leche materna.

 

A ese botón de muestra sobre el desastroso impacto de los monopolios en la vida y economía global, habría que agregar lo que un monopolio financiero explica sobre el tema. En 2007, en Washington, François Bourguignon, entonces vicepresidente del Banco Mundial, aseguró que “los monopolios rompen la posibilidad de desarrollo y de un crecimiento con mayor igualdad”.

 

Es una realidad que las prácticas monopólicas generan efectos negativos sobre el consumidor, que debe pagar un mayor precio por un bien o un servicio, y esto lo lleva a reducir o dejarlo de consumir por lo que se deprimen los estándares de bienestar social y económico. Es decir, mayor pobreza en las mayorías y más concentración de riqueza en una minoría.

 

POLÍTICA

Núm. 263 – Octubre 2021

octubre 20, 2021
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