UNA TIERRA PROMETIDA Y LAS
HABICHUELAS MÁGICAS

En el bolsillo de Barack Obama

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En el momento de escribir estas líneas para último el número de PERSONAE en el calamitoso año de 2020, el “año de la pandemia del COVID-19”, oficialmente todavía no se sabía quién había sido el candidato ganador de la Presidencia de Estados Unidos de América (EUA), aunque la gran mayoría de los estados del vecino del norte daban por ganador al demócrata Joe Biden y a su compañera de fórmula Kamala Harris. La diferencia de votos directos y electorales a su favor era abrumadora, pese a las triquiñuelas y maniobras del mentiroso presidente Donald John Trump, el republicano que será echado de la Casa Blanca el próximo 20 de enero de 2021.

 

A Promise Land Barack Obama

 

Por tal motivo el nuevo libro del expresidente Barack Hussein Obama, el primer mandatario estadounidense mestizo en la historia de este país, A Promise Land (Una tierra prometida), el primer tomo de sus Memorias, no podía haber aparecido en mejor momento. Por muchas razones este volumen —publicado por Debate, Penguin Random House Grupo Editorial, tanto en inglés como en español en el mes de noviembre del presente año—, de jugosas 905 páginas, hará historia, no solo por su oportunidad, sino porque es un inmejorable ejemplo de una excelente biografía (política) escrita por un ex presidente de la Unión Americana, que sabe utilizar el idioma tanto para narrar su historia, la de un personaje central en la historia de su país en los últimos años y la del mundo entero. Características que muy pocas veces coinciden. Una tierra prometida, como reza el Espiritual afroamericano citado como epígrafe por Obama al inicio de su voluminosa obra que tuvo que dividirse en dos libros porque era tal el número de cosas que había hecho este mestizo estadounidense que apenas así podría abarcar lo que hizo por su Patria.

 

Empecé a escribir este libro al poco tiempo del final de mi presidencia, después de que Michelle y yo hubiésemos embarcado por última vez en el Air Force One en un viaje hacia el oeste para un descanso que habíamos postergado durante mucho tiempo. El ambiente en el avión era agridulce. Los dos estábamos exhaustos, tanto física como emocionalmente, no solo por los afanes de los ocho años pasados sino por los inesperados resultados de unas elecciones en las que había sido elegido como mi sucesor alguien diametralmente opuesto a todo lo que representábamos”.

Y vaya que lo era. Ese es el punto.

 

“Mientras escribo estas líneas —dice Obama—, quizás lo más inquietante de todo sea que nuestra democracia parece encontrarse al borde de una crisis: una crisis cuyas raíces se encuentran en una contienda fundamental entre dos visiones opuestas de lo que EUA es y lo que debería ser; una crisis que ha dejado la comunidad política dividida, furiosa y desconfiada, y ha hecho posible la quiebra continuada de las normas institucionales, las salvaguardas procedimentales y la adhesión a los hechos básicos a que tanto republicanos como demócratas daban por descontados en épocas pasadas”. Puede ser, pero los tiempos que corren del otro lado del Río Bravo, como de este, son otros, no se parecen a los de hace muy poco tiempo.

 

En un prefacio en el que Obama se desnuda, ahonda más en sus preocupaciones; y dice: “Reconozco qué hay quienes creen que ha llegado el momento de desechar el mito, que un análisis del pasado estadounidense, e incluso un rápido vistazo a los titulares de hoy, muestran que los ideales de este país siempre han ocupado un lugar secundario frente a la conquista y la subyugación, un sistema racial de castas y un capitalismo voraz, y que fingir que no ha sido así equivale a ser cómplices en un juego que estuvo amañado desde el principio”.

 

No se detiene ahí el ex presidente Obama. “Y confieso que ha habido momentos mientras escribía este libro, mientras reflexionaba sobre mi presidencia y todo lo que ha sucedido desde entonces, en que he tenido que plantearme si también yo estaba siendo demasiado comedido al decir las cosas tal y como las veía, demasiado prudente, de hecho o de palabra, convencido como lo estaba de que, al apelar a lo que Lincoln llamó  “los ángeles que llevamos dentro”, tendría más posibilidades de conducirnos hacia los Estados Unidos que se nos habían prometido”.

 

Creo que Obama escribió con sinceridad, no como un expresidente que cumplió con el sueño de haber llegado al puesto más importante de su país y posiblemente del mundo. “No lo sé”, agrega, “Lo que sí puedo decir con certeza es que aún no estoy dispuesto a abandonar la promesa de Estados Unidos, no solo por el bien de las generaciones futuras de estadounidenses, sino por el de toda la humanidad”. En este punto debo decir que Obama no se comporta diferente a como lo han hecho otros expresidentes de USA: los políticos del otro lado de la “border” tienen en su ADN la “predestinación de EUA”. Es lo suyo. Lo mío, por el contrario, es señalar esta anomalía de los presidentes gringos. En este primer volumen de las Memorias de Obama, en 905 páginas solamente menciona dos veces a México y a los mexicanos. Es claro que no somos una prioridad para el Tío Sam ni para sus mandatarios. Yo, como muchos otros, todavía no olvidamos lo que sucedió en 1848 entre Estados Unidos y México.

 

Barack Obama abunda en su prefacio: “Así pues, el mundo mira hacia Estados Unidos (y vaya que lo hacemos) —la única gran potencia en la historia integrada por personas de todos los rincones del planeta, de todas las razas, confesiones y prácticas culturales—, para ver si nuestro experimento con la democracia puede funcionar, para ver si podemos hacer lo que ningún otro país ha hecho jamás, para ver si podemos realmente estar a la altura de lo que nuestro credo significa”.

 

A Promise Land Barack Obama

 

En un esfuerzo por anticiparse a los hechos, Obama sufre lo que sufrimos algunos periodistas que nos dedicamos al análisis de los sucesos internacionales que están en proceso de desarrollo. Escribe: “Aún está por ver. Para cuando se publique este primer volumen se habrán celebrado unas elecciones en Estados Unidos, y aunque creo que lo que hay en juego no podría ser más importante, también sé que unos comicios no bastarán para zanjar la cuestión. Si sigo teniendo esperanza es porque he aprendido a depositar mi fe en mis conciudadanos, en particular en los de la siguiente generación, cuya convicción en la igual valía de todas las personas parece algo instintivo y su empeño en llevar a la práctica los principios que sus padres y profesores les enseñaron que eran ciertos, aunque quizá sin estar plenamente convencidos de ello. Más que para cualquiera otra persona, este libro es para esos jóvenes una invitación a rehacer el mundo una vez más, y hacer realidad, a base de esfuerzo, determinación y una gran dosis de imaginación, unos Estados Unidos que por fin reflejen todo lo mejor que llevamos dentro”.

 

Quién sabe qué habría escrito Barack Obama si hubiera sabido todas las sucias maniobras que ha hecho Donald Trump en aras de que lo declararan “ganador” de unos comicios presidenciales que sabe que perdió. Lo que ha sucedido en la Unión Americana después de las elecciones del 3 de noviembre nadie lo hubiera sospechado, aunque sí intuido. Si un país como EUA ha prohijado un presidente como Donald John Trump algo está muy mal, terriblemente mal. Esperemos que el 20 de enero próximo el panorama se aclare totalmente.

 

Mientras tanto, en este primer volumen de Memorias de Obama, el expresidente nos cuenta la historia de su epopeya, casi increíble: cómo un mulato que nace en Hawái, en busca de su identidad llega a ser un “líder del mundo occidental”, al tiempo que rememora puntualmente tanto su formación política, paso a paso, de promotor de causas sociales al senado estatal, al federal y después, casi como una saeta, a la Casa Blanca. Paso a paso, sin saltarse ni uno solo. Cómo llegó al número 44 de la lista de los Presidentes de EUA el 4 de noviembre de 2008, el primer mestizo afroamericano en ocupar el lugar principal de la Sala Oval, el cargo más importante de la Tierra. “Tanto en los deportes como en la política es difícil entender la naturaleza exacta de lo que se conoce como “impulso”, desde que era un completo desconocido hasta en su barrio, hasta que llegó a ser el orador para la Convención Nacional Demócrata.

 

Capítulo importante en Una tierra prometida es el que dedica Obama a su plática con el “heredero del apellido más famoso de la política de Estados Unidos”, Ted Kennedy, hermano de John Fitzgerald y de Robert Francis, ambos fueron asesinados. El senador Ted Kennedy le dijo: “…puedo decirte una cosa Barack: el poder de inspirar a la gente no es algo frecuente. Y tampoco estos tiempos lo son. Tal vez pienses que no estás preparado, que lo harás cuando llegue un momento más apropiado, pero no eres tú el que elige el momento. Es el momento el que te elige a ti. O bien aprovechas lo que puede ser tu única oportunidad, o decides si estás dispuesto a vivir el resto de tu vida con la conciencia de que ya ha pasado”.

 

Cuando se presentó la disyuntiva de que Obama se presentara como candidato al Senado como único afroamericano, su esposa Michelle le dijo: “En otras palabras, llevas unas habichuelas mágicas en el bolsillo. Eso es lo que me estás contando. Tienes unas habichuelas mágicas, las vas a sembrar, y de la noche a la mañana crecerá una mata que llegará hasta el cielo, treparás por ella, matarás al gigante que vive en las nubes y traerás de vuelta a casa una gallina que pone huevos de oro. ¿Es eso?

—Algo así —le contestó.

 

Y el de las habichuelas llegó a la Casa Blanca. VALE.

CULTURA

Núm. 257 – Abril 2021

abril 10, 2021
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