YA NO SEREMOS QUIENES ÉRAMOS

Un mundo insólito

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Al inicio del confinamiento por COVID-19, me inscribí en un curso de respiración basado en técnicas ancestrales hindús, y una de las cosas que aprendí es que el espacio que se crea entre la inhalación y la exhalación, ese instante en que los pulmones se vacían completamente y se preparan para volver a tomar aire, es sagrado.

 

Karla Aparicio

 

Pareciera que estamos justo en ese momento, el instante extraordinario, en el que nos hemos despojado de muchas ataduras y expectativas, con la oportunidad de reinventarnos de forma creativa, honesta y libre antes de volver a salir a escena.

Nosotros los de entonces ya no somos los mismos, hoy tenemos un aprendizaje y conciencia que hemos logrado en todo este tiempo.

 

 

Muy a pesar, de que como planeta nos estamos balanceando sobre el abismo de esta crisis provocada por la COVID-19, son tiempos que jamás pasó por la mente de ninguno, que tendríamos que vivir, lo cierto es que también hemos dado saltos agigantados en muchos aspectos, sobre todo en innovación y reinvención.

 

El confinamiento, con sus retos, sus ansiedades, sus pérdidas y sus duelos, nos ha brindado también la oportunidad inédita de bajar el ritmo; ha eliminado distracciones del mundo exterior y nos ha brindado un tiempo que jamás nos lo hubiéramos dado para parar y hacer una introspección en las que han surgido muchas preguntas y aparecido muy pocas respuestas que nos resultan demasiado dolorosas e inasumibles. Sin embargo, el asumir nuestra vulnerabilidad, así como nuestros efímeros pasos, está la clave para vencer o al menos para no ser derrotados.

 

 

Esto me lleva a una historia que me contaron de cuando un pájaro se encuentra en mitad de la turbulencia de un avión, su instinto natural es plegar las alas durante unos segundos para resistir el fuerte choque del viento, con el menor daño posible. Nosotros hemos hecho algo parecido este año, nos hemos detenido a mitad de vuelo, y ahora es momento de volver a abrir las alas. ¿En qué dirección queremos empezar a volar?

 

 

El mundo ya no es el que dejamos antes de la COVID, es como si nos hubiésemos mudado de un mundo a otro, y cuando esto sucede, como dice el presidente de Intel, Andi Grove, “los tiempos complicados nos dan valor para pensar lo impensable”, y aquello que se veía ‘impensable’, se convirtió en “lo probable”.

 

Momentos tan extraños, preocupantes e insólitos, que en conjunto ahora todo es posible. Este tiempo, también puede ser maravilloso, porque todo se vale, las perspectivas cambiaron, los seres humanos estamos dispuestos a hacernos oír, tomar el micrófono, expresarnos y mostrarnos tal cual somos, sin maquillaje, sin máscaras y sin tanto accesorio. Atrevámonos a hacer cosas que nunca hemos hecho o que hemos postergado, entremos en la ola y aprovechemos este nuevo comienzo. De lo único que hay que tener miedo, es del miedo a uno mismo. Tener miedo a fracasar o equivocarnos nos paraliza y nos limita. En cambio, debemos tener presente que la acción cura el miedo.

 

 

Cuando mencionamos la palabra crisis, nos vienen a la mente estados intensos de estrés, alerta, emergencia y hasta peligro, pero en realidad esta palabra viene del griego «krisis». El diccionario define las crisis, como “un cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o una situación, o en la manera en que estos son apreciados”. Ojo, jamás menciona que tenga que ser algo negativo.

 

Hay que abrirnos a nuevas vías, en lugar de aferrarnos a las antiguas.

 

 

Que quede muy claro, ya no somos quienes éramos antes de la COVID, ni volveremos a hacer lo que la mayoría hacíamos. Las crisis nos cambian y es importante aceptarlo y acoger la oportunidad que trae dicho cambio. 

 

Íbamos demasiado rápido. Era tanto, que el estrés ya era una de las mayores preocupaciones de las personas. Ahora que el foco ha cambiado, y que hemos experimentado a la fuerza cómo se vive sin tanto correr –aunque hemos estado expuestos a otra clase de ansiedades–, vale la pena replantearse, si queremos volver a lo de antes.

 

 

No hay una respuesta única ni fácil ante esta encrucijada en la que nos encontramos. Muchas personas han sufrido mucho y hará falta tiempo para sanar las heridas de todo tipo, porque asumir que vivimos en tiempos de incertidumbre en los que surgen muchas preguntas y muy pocas respuestas, nos resulta demasiado doloroso, inasumible. Sin embargo, al asumir nuestra vulnerabilidad, encontramos la clave para vencer o al menos para no ser derrotados.

 

Mucho de lo que sucede a nuestro alrededor nos sobrepasa, y quizá esa ha sido otra de las grandes lecciones de la COVID-19. Con ello, sabemos que tenemos la capacidad de hacer mucho en nuestro pequeño rincón del mundo, en nuestra esfera. Y si lo hacemos entre todos, será suficiente para hacer la diferencia. Somos más fuertes cuando nos reconocemos en colectividad. Si aportamos nuestra perspectiva y sensibilidad a la situación y utilizamos nuestras voces podemos provocar cambios. Volver, no significa volver a donde mismo.

 

 

Pareciese que, cada cierto tiempo, la humanidad necesita una cachetada de realidad. Una sacudida que nos haga conscientes de nuestra vulnerabilidad. “Históricamente las pandemias han forzado a los seres humanos a romper con el pasado e imaginar un mundo nuevo, y esta pandemia no ha sido diferente. Es un puente entre un mundo, y al que nos mudamos, y al que viene después”.

La cuestión es: ¿Quiénes queremos ser cuando lleguemos al otro lado?

 

Karla Aparicio
¡Soy de Jalisco!

MISCELÁNEO

Núm. 264 – Noviembre 2021

noviembre 28, 2021
Protección del Patrimonio Cultural

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