Revista Personae

La cosecha de libros nunca termina

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Se hacía tarde para que finalizara el año 2025, que ya traía cauda del anterior: la salud decaía y lo peor que se iba a poner. Por lo mismo, pesé a una mala economía, la cosecha de libros nunca termina y la pila de volúmenes crecía conforme el tiempo transcurría. Pese al desgano, el gusto por la lectura tampoco se apaga, los males solo hacían que la lectura se hiciera más lenta, el retraso es evidente. La costumbre me hizo visitar varias librerías con el apaño correspondiente y uno que otro regalo proveniente de España, con títulos que llegan tarde de la península. Sobre todo, uno que me avivó los ojos: Juan Carlos I. Reconciliación. Memorias, obviamente del ex monarca ibérico, escrito con la colaboración de Laurence Debray, una periodista y escritora francesa, hija del intelectual francés Regis Debray. El volumen tiene su historia, tanto por el personaje central como por la (co)rredactora, al grado que algunos la llaman la “quinta infanta”, pero no me adelanto, solo diré que el libro apareció primero en francés, con el título Réconciliation, por Éditions Stock. Traducido al español por Elisabeth Burgos y Karin Taylhardat, y publicado por Editorial Planeta, tanto en España como en México.

 

Juan Carlos I. Reconciliación. Memoria 

Aparte del libro de Juan Carlos I, el ex monarca español tan discutido desde su regreso a España con el apoyo del dictador Francisco Franco Bahamonde —el generalísimo, como le llamaron sus adversarios republicanos—, para que en su momento asumiera el cargo en lugar de su padre, don Juan, conde de Barcelona. En volandas me refiero a otros cinco libros que adquirí en los últimos días de 2025: El libro de todos los libros, del italiano Roberto Calasso, un volumen fuera de serie; León XIV. Ciudadano del mundo, misionero del siglo XXI, de Elise Ann Allen, periodista estadounidense corresponsal en Roma, originaria de Denver, Colorado. El libro primero apareció en Perú, poco antes que en México. Incluye el volumen la primera entrevista que el cardenal estadounidense Robert Prevost concedió oficialmente como Papa. La historia (La Storia), de Elsa Morante, la gran novela que la esposa de Alberto Moravia publicó en 1974. Este grueso libro, de 923 páginas, es de tanta trascendencia que su traducción al español conoció el éxito como lo tuvo en su idioma original hace más de medio siglo. De hecho, el volumen que recién adquirí es la primera edición en México. Last but not least, Libros de mis vidas. Como unas memorias (Book of Lives. A Memoir of Sorts), la canadiense, nacida en Ottawa, Margaret Atwood, ganadora, entre otros galardones, del Premio Príncipe de Asturias de las Letras, que en esta obra nos regala la crónica sobre lo que significa escribir, recordar y transformar la experiencia en literatura.

La idea es presentar en mis próximas EX LIBRIS, de dos en dos, estos seis libros, que, a mi parecer, no tienen desperdicio. Empezando, por el del que fue su Majestad el rey Juan Carlos I de España, del que he escrito en muchas ocasiones por distintos motivos sobre todo cuando recorrí infinidad de vericuetos ibéricos, en el tiempo que la organización terrorista Euskadi ta Askatasuna (ETA), cometía tantos crímenes que comentaban en todo el mundo, especialmente en México. En el periódico UNOMASUNO, publiqué todos mis reportajes sobre el tema, que fueron la base de un libro que tuvo gran aceptación. En ocasiones había que hablar del rey.

El preámbulo del volumen del libro de Juan Carlos I empieza como debe de ser: “Mi padre siempre me aconsejó que no escribiera mis memorias. Los reyes no se confiesan. Y, menos, públicamente. Sus secretos permanecen sepultados en la penumbra de los palacios. ¿Por qué le desobedezco hoy? ¿Por qué he cambiado de opinión? Porque siento que me roban mi historia”. Sentí una punzada al leer este párrafo. Un hombre solitario, viejo y enfermo decidía hablar. Era un grito de alguien que sabe que su fin está cerca, que era el momento de confesar lo que traía guardado en el pecho. Era ahora, o nunca. Habla ahora o calla para siempre. Una persona sin más asideros que su conciencia.

Desde siempre he sido lector de biografías, autobiografías, memorias, de todo tipo, de personajes variopintos. Sobre todo, de las “leyendas” de la política, de la literatura, del cinematógrafo. Ya pocas cosas me sorprenden. El ser humano, por ser creatura divina, es el receptáculo de lo mejor y de lo peor. Y si se trata de aristócratas que se han sentado en el trono, ni hablar. Lo mismo que los políticos y gobernantes que han tenido en las manos el “gran poder” y luego se les han escapado como agua entre los dedos. Lo mejor y lo peor. Muy pocos se atreven a escribir sus memorias con cierto grado de honradez. Algunos lo han hecho, pero tratando de ocultar los errores, y solo se refieren a los aciertos. Así no es la vida. Por eso la gran mayoría de escritores nunca se atreven con su autobiografía o prefieren hacerlo en las novelas, en los cuentos. Total, en ellos se puede decir casi todo, porque hasta en lo fantástico hay límites. Por lo mismo, mejor dejan que algún amanuense les haga el trabajo. Máxime si de biografías se trata.

 

Juan Carlos I. Reconciliación. Memoria

 

Además del preámbulo, el libro se divide en siete partes, no capítulos, que se titulan: En la soledad del desierto; Una juventud caótica; Cuando yo no era nadie; Cambié España…a pesar de todo; La configuración del prestigio de España; Mis renuncias; Mi diario de Abu Dabi. Seguidos de un Corolario, y un Árbol genealógico.

Como en este EX LIBRIS no se trata de adelantar las declaraciones del libro, creo que las “partes” adelantan su contenido. Tienen sentido.

Por ejemplo. No olvidaré mi vigilia del lunes 2 de junio de 2014. A la sazón, el que esto escribe cumplía 14 años de colaborar con la agregaduría en la embajada de España en México, el agregado era mi amigo Pedro Cid, coronel de la fuerza aérea. Gracias a una de mis aficiones —escuchar la radio de onda corta en la madrugada, cuando mejor se sintoniza, algo que empecé a hacer desde el tiempo que cursaba el bachillerato en el inolvidable Colegio Preparatorio de Xalapa, Veracruz—, oyendo Radio Vaticano, que indudablemente es una de las mejores del mundo, transmite en más de 30 idiomas incluyendo español, me enteré de que el rey Juan Carlos I de España había abdicado al trono. Por el cambio de horario, aproximadamente siete horas de diferencia entre Roma y México, se difundió la noticia. Mi comunicación normal con Pedro Cid era después de las nueve de la mañana, pero en esa ocasión el horario no importaba, lo que urgía era que el agregado español se enterara de la abdicación de su Rey, incluso antes que el embajador en México. Le comuniqué lo dicho en Radio Vaticano. Era un punto a mi favor y también a favor de Cid. Ese día, cambió la historia de España, la vida de Juan Carlos I y de muchos otros…

En Reconciliación, Juan Carlos I deja constancia de su trayectoria vital, de sus cuarenta años de reinado. Algunas partes parecen escitas por un acucioso historiador, con pelos y señales, hasta de minucias del trato que le daba su abuela la reina Victoria Eugenia, nieta, a su vez, de la célebre reina Victoria del Reino Unido, que cuando necesitaba dinero contante y sonante vendía las piedras preciosas de sus diademas y coronas para atender a su numerosa descendencia. Anécdotas que solo viven algunos aristócratas que con el tiempo vinieron a menos. No hay que olvidar que Juan Carlos nació en el exilio y que pese a las leyendas que corren sobre las riquezas de las familias reales, en muchas ocasiones esos clanes sufren las angustias de los potentados que no tenían en los bolsillos ni una miserable perra gorda, ni flaca.

Las memorias del ex rey de España pueden no gustar a la mayoría, pero creo que en general no eluden ninguno de los episodios más significativos de la historia de España reciente, pero tampoco las alegrías y los malos momentos de su vida íntima y personal. Son sus recuerdos, que, como diría Ortega y Gasset, cita al filósofo; “el hombre no tiene naturaleza, lo que tiene es historia”. “He aquí mi testimonio para la historia —dice—; he aquí lo que me queda, en el atardecer de mi vida”

Nunca un rey español había dado cuenta por escrito de su biografía. No sé si eso sea mucho o poco. Pero sus palabras lo aclaran mejor: “soy el único soberano con poder absoluto que ha garantizado la democratización de su país, rápida y pacíficamente, bajo la mirada en un principio recelosa de los observadores internacionales y de una mayoría de españoles; que renunció a su preeminencia y la devolvió a su ciudadanos, gracias a la Constitución de 1978; que en los años ochenta restituyó a España en la escena política, económica, cultural, europea e internacional, tras medio siglo de aislamiento y dictadura con la ayuda extraordinaria de una generación de españoles y de políticos, forjamos un país dinámico. Esos recuerdos me llenan de orgullo, pero la nostalgia es traicionera. No me engaño a mí mismo. También he cometido errores de juicio en mi vida privada. Por amor y por amistad. Por exceso de confianza también de ceguera. Lo admito y me arrepiento. He tenido mis debilidades es cierto, he tenido relaciones que han resultado perjudiciales Y he recibido regalos que a algunos les pueden parecer inapropiados. Se me ha acusado de muchas faltas, e incluso de haberme enriquecido con supuestas comisiones, sin ninguna prueba, sin ningún fundamento. No voy a rehuir estas calumnias. Nunca he afirmado ser un santo, pero he hecho todo lo que he podido por España y no he fallado como rey constitucional”.

El libro tiene material para hacer leña del árbol caído, pero no es mi estilo. Lo que sí haré será un complemento de esta Reconcilación en otra ocasión.

Complemento esta EX LIBRIS, con algunas observaciones sobre el libro de Roberto Calasso cuyo título es todo un compendio: El libro de todos los libros, que en italiano es igual de prosopopéyico Il libro di tutti i libri que cuando apareció en Milán en 2019 fue el culmen del vasto proyecto de Calasso a medio camino entre la narrativa y el ensayo iniciado con La ruina de Kasch. El volumen dedicado al Antiguo Testamento —la primera parte de la Biblia cristiana— y la Torá, el eje alrededor del cual gira el judaísmo; además de ser los cinco libros del Pentateuco—, es la décima entrega de esa magna obra total en la que el escritor florentino cuenta y analiza la cultura universal. Menuda tarea.

Todo lo que se diga sobre este volumen es poco. Calasso relata, de manera singular, las conocidas historias bíblicas como las de los reyes de Israel —Saúl, David y Salomón—, o las sagas bíblicas de la legendaria reina de Saba o la huida de los judíos de Egipto. Tal y como lo ha hecho en otros de sus títulos, con impresionante erudición, Roberto Calasso ahonda en los mitos centrales de lo que hoy se conoce como la cultura occidental. Compara las tradiciones orientales y el universo bíblico, y lo conecta con el mundo de nuestros días. En suma, una propuesta de enorme envergadura intelectual, presentada como la más fascinante de las narraciones.

En fin, como dice Stefan Greenblatt, en The New York Times: “Calasso es una de esas raras personas que pueden persuadirte de que todavía es posible comprender casi toda la cultura humana…Su selección es astuta, y sus dotes narrativas, muy notorias. VALE.

CULTURA

Núm. 308 – Junio 2026