DE LA HIJA DE LA INDIA, A ÍCONO CULTURAL

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Lila Downs

La protagonista de esta historia nació en Oaxaca, México. Su madre, una mujer indígena mixteca, tuvo que escaparse a la Ciudad de México a los 15 años, donde trabajó como cantante en las cantinas. Lo hizo por necesidad, no porque le resultara placentero. De hecho, le contaría a su hija que lo hacía en cafeterías, y ella se enteraría de la verdad gracias a la revelación de su padre, un cineasta norteamericano, muchos años después.

Como su madre hablaba con un acento indígena, sus amigos se burlaban. De pequeña la nombraban “La hija de la india”, obviamente, de forma despectiva. Cuando estaba con su padre todo era distinto, la trataban de otra forma. A él lo apodaban, “El yanqui”, y si bien también lo hacían en tono despreciativo, lo respetaban por ser blanco, tipo europeo. Esto la confrontaba.

Creció rodeada de las costumbres indígenas de su abuela materna, quien tenía un altar, hablaba con los santos y con los muertos. Veneraba y respetaba a la naturaleza. Todas estas cosas hacían que, de niña, se diera cuenta de que era muy diferente a sus compañeros en la escuela.

Con pesar, cuenta que su madre decidió no enseñarle la lengua indígena para evitar que la discriminaran, algo que hoy ella reivindica con su hijo. “Este hecho aún duele, pues son heridas que nunca sanan y que no deben de sanar, porque definen quién eres”.

 

Lila Downs

 

¿Quién soy en realidad?

Esa señorita se fue a la Universidad de Minnesota a estudiar canto clásico y antropología. Allá cantó en francés, italiano, alemán. En ese tiempo, en que era muy joven y aún no estaba convencida lo que realmente quería ser en la vida, se tiñó el cabello de rubio, pues quería verse europea, porque en la ópera eran más aceptadas las blancas. “La antropología fue algo muy natural por querer entender quién soy y cómo surge el racismo y la diferencia de castas. Uno comienza a ser consciente de esas diferencias que se van generando en tu sociedad”.

Vivir en carne propia la discriminación por su origen, la convirtió en una mujer más fuerte, y es que a muy corta edad vivió la injusticia que veía alrededor de su exclusión. Se dio cuenta de que hacía falta decir muchas cosas que no se decían. Desde entonces, se comprometió con su canto a ayudar a la población indígena.

Sin duda quería cambiar el mundo, pero no sabía cómo hacerlo. Su vocación musical era indiscutible y sólo necesitaba de un factor que lo detonara, y llegó a sus oídos la bellísima voz de la mayor exponente del folklore argentino, conocida como la voz de América Latina: Mercedes Sosa. “Mercedes Sosa es una artista y mujer y ser humano que yo he admirado, que me devolvió las ganas cuando yo había dejado de cantar. Le agradezco mucho su existencia. Y siempre que dudo de lo que digo, de lo que canto, de pronto la escucho a ella, y ya, estoy en paz, y me digo: ‘Muy bien, vamos a seguir adelante’”. Quién hubiese dicho que la identificación sería tal que ambas terminarían en el escenario haciendo duetos.

Su voz, potente y alegre, atiende a su vocación espiritual, misma que reconoció en su canto. Ahí fue cuando nació Lila Downs.

Hoy por hoy, su origen es uno de sus más grandes motivos de orgullo, y su doble identidad, compartida con más de 37 millones de mexicanos en Estados Unidos, también la ha convertido en portavoz de los migrantes, quienes ven en ella un icono cultural. Por demás, sus letras hablan de las causas populares, de la discriminación a las mujeres y claro, a los indígenas e inmigrantes.

 

Lila Downs

Al chile con Lila

Hace algunos días tuve la fortuna de ser invitada junto a mis hermanas a ver uno de sus conciertos. Sobra decir que Lila Downs es una artista a la que queremos y con quien nos identificamos inmensamente; la admiramos, además de su voz, por sus letras y su producción, que sin duda son sensacionales. Nuestra fascinación es más por su capacidad de expresar su orgullo por la sangre indígena que corre por sus venas y también por manifestarlo a través de su espléndida propuesta artística. La amamos más por abrir su corazón y venerar a nuestra gente; la sensual Lila, en su canto, destaca siempre las mayores virtudes de nuestro México. Además de la enorme labor social y activismo que realiza, a Lila se le quiere, se le reconoce y sobre todo, se le agradece.

Les comento todo esto porque siento de gran importancia transmitir cómo es que Lila Downs, una de las referentes contemporáneas más importantes de la música popular mexicana de talla internacional, ganadora de seis premios Grammys, y con todo eso, sigue viendo y viviendo la discriminación.

Ser indígena, significa discriminación marginación y pobreza

En México viven más de 18 millones de indígenas que constituyen más del 15% de la población nacional. Uno de cada 10 mexicanos es un indígena, y 7 de cada 10 son pobres. El 80% de la población indígena vive en condiciones de pobreza y el 30% en pobreza extrema. Este grupo sufre de discriminación debido a su fenotipo, su vestimenta o sus costumbres. ¿Cuántas veces hemos visto o vivido la discriminación y no hemos hecho nada?

Los pueblos indígenas son uno de los sectores de la población con más violaciones a sus derechos humanos. No ha habido el esfuerzo necesario en términos de políticas de inclusión para que se les permita participar más en los procesos educativos o laborales, y que eso lleve a la participación en los procesos políticos. Además de ser discriminados por su raza, lengua o etnia, no tienen voz ni acceso a la participación política. Estos datos son alarmantes y reales, sin embargo, así vivimos todos los días y muchos hasta nos hemos vuelto indiferentes. ¡Es una realidad muy dolorosa!

Es nuestro deber lograr que se escuchen sus voces, se respeten sus derechos y se mejore su bienestar. ¿Qué vamos a hacer al respecto no sólo como sociedad, sino como seres humanos?

 

Lila Downs

 

Aunque Lila Downs es modesta al hablar de su labor social y activismo, nos relata sobre su trabajo al lado de su pareja, el saxofonista Paul Cohen, que consiste en ayudar a través de becas a las y los jóvenes indígenas para que puedan seguir estudiando el bachillerato y la universidad. No sólo los artistas o los famosos pueden ayudar, no los dejemos solos, podemos hacerlo todos, con poco o con mucho, con lo que esté en nuestras manos, pero lo que sí no podemos hacer y no debemos es no hacer nada. “La indiferencia es el apoyo silencioso a favor de la injusticia”.

No está de más saber que el 8 de agosto se conmemora el día mundial de los pueblos indígenas. En nuestras manos está conocer nuestra historia y nuestro origen, para enamorarnos de nuestro patrimonio y de nuestra raíz indígena, que es algo hermoso. Demos el ejemplo de inclusión. Es la única manera de tener un mejor futuro, entre otras cosas porque el relato histórico no podría tener continuidad sin conocer ni analizar nuestro pasado, y sobre todo, debemos sembrar el respeto y orgullo a nuestras raíces y transmitirlo a las nuevas generaciones.

Y como es de bien nacidos ser agradecidos, Lila, agradecemos tu enorme labor activista, tu presencia en el escenario, tu voz, tu fuerza, tu respeto, tu amor y tolerancia.

¡Celebramos tu presencia en nuestro planeta! ¡México necesita más héroes como tú! ¡Gracias, gracias, gracias!

MISCELÁNEO

Núm. 277 – Diciembre 2022

Enrique Wong Pujada

¿Por qué la Alianza del Pacífico vela por la unidad y el progreso social?