Revista Personae

TU CUERPO ES EL INSTRUMENTO SAGRADO

En el misterioso mar de la sexualidad

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Tu cuerpo, ese misterioso templo biológico integrado por una serie de sistemas, conformado en la danza amorosa, un diapasón que al vibrar emite sonidos. Conforme la danza es más íntima y profunda entre los amantes, la energía sexual se eleva del sacro hacia la coronilla, pasando por caricias, besos, miradas, abrazos, movimientos que conducen el camino de la excitación y el deseo. Todo esto atraviesa el fuego de la pasión que se eleva provocando orgasmos; al profundizar más en esas oleadas, se logra el éxtasis de la fusión y disolución de los amantes.

Durante muchísimo tiempo, nos han ocultado los misterios de la sexualidad, reduciéndola solo al deseo, la excitación y la pasión que produce orgasmos —obviamente placenteros—, así como a la procreación de hijos, lo cual es bueno y agradable, y no se desconoce. Sin embargo, deja un profundo mar de energía misteriosa que mueve la sexualidad, llevándonos a niveles de elevación de frecuencia de la energía sexual que nos permiten una percepción, sensación y experiencia cuyo misterio una gran mayoría aún desconoce.

En pocas palabras, tu cuerpo, ese fino instrumento maravilloso que, por ignorancia, prejuicios, miedos y otras variables utilizamos solo como objeto de placer —muchas veces sin conectar profundamente con él o solo para fines de procreación—, realmente, en una danza amorosa, te puede conducir hacia el éxtasis y la libertad interna, así como a una profunda conexión con el espíritu.

 

Tu cuerpo es el instrumento sagrado en el misterioso mar de la sexualidad

 

Ese camino hacia el espíritu empieza en la parte más densa, en el sacro o primer chakra, y se dirige hacia el segundo chakra, transformándose en erotismo. Luego, continúa esa elevación de energía hacia el tercer chakra, ubicado en el plexo solar (boca del estómago), transformándose en una afirmación, experiencia y misticismo. Conforme la energía sigue elevándose, se convierte en amor universal en el cuarto chakra, que es el cardíaco, y se transforma en la expresión asertiva de la palabra en el quinto chakra, el laríngeo. Así, se accede a la apertura de conciencia en el sexto chakra, en la pituitaria, y se explota en el éxtasis de la espiritualidad en el séptimo chakra, la corona. La energía sexual se eleva tanto que dos que se encontraron en la danza a nivel de genitales, se transformaron en uno a nivel del pecho, fusionando corazones, y se disolvieron en ninguno a nivel del séptimo chakra coronario, experimentando sensaciones misteriosas, maravillosas, amorosas y gratificantes que van más allá de un mero placer físico, más allá de un desahogo por tensiones, deseos y obsesiones, y más allá de cualquier sombra emocional cargada de miedo, prejuicio, angustia, creencias limitantes, impulsividad, agresividad, control y demás.

Entonces, date cuenta de que la energía sexual es la misma energía que puedes utilizar para destruir o para construir. Así, tú puedes desperdiciar tu energía sexual en encuentros fugaces, absurdos y sin sentido, o incluso estar con una misma pareja, pero sin profundizar más allá. O, por el contrario, esa misma energía la puedes utilizar para que te eleve internamente.

Ahora bien, es importante que conozcas que, en la danza amorosa, los tres primeros chakras pertenecen al ego, al ego personalidad. Así que el instinto y la excitación del segundo chakra, cuyo elemento es el agua, son justamente los que mueven la sexualidad. Sucede entonces que, mientras no hayamos alcanzado el amor del pecho —que es el cuarto chakra, el cardíaco—, mientras no nos liberemos de las obsesiones y de la lujuria superficial, y solo tengamos relaciones sexuales en las que no sucede más que eso, no podremos acceder al ser esencial, que transforma todo lo que toca en amor, en respeto a lo femenino y en apertura al misterio y a la sabiduría de la diosa. Es decir, la mujer accede al dios, y el hombre, a la diosa.

Asimismo, es importante saber que la diosa se encuentra a nivel del pecho, siendo el pecho el polo positivo de la mujer, así como el vientre, a nivel del segundo chakra, es el polo positivo del hombre. De tal forma que, en la intimidad de la relación amorosa, el hombre ha de empezar por acariciar el pecho de la mujer y nunca por sus genitales, ya que, de ser así, nunca podrá darse un equilibrio aparente de energías ni energía amorosa entre ellos. Muy por el contrario, la mujer sí puede acariciar directamente la zona del vientre y los genitales del hombre, pues ese es su aspecto positivo activo.

Sin embargo, acceder al dios y a la diosa en la danza de los amantes requiere de un profundo trabajo, que consiste, entre otras cosas, en callar la mente parásita, transformar las emociones negativas y conducir la energía desde el sacro a la coronilla, hacia lo alto, por el canal central que es la columna vertebral. Todo ello antes de que, en algún momento y en algún día, se pueda sentir la fusión del pecho, corazón a corazón, con otro ser.

Por otro lado, independientemente de que tengas o no pareja, de que tengas una pareja estable, de que solo tengas encuentros sexuales casuales, o de que uno de los miembros sea estable y el otro promiscuo, es importante considerar y saber que la excitación mueve hormonas, la excitación mueve energías. En el abrazo, cuando los cuerpos y los genitales se unen, se intercambian fuerzas, pero también se intercambia la luz y conciencia de un ser despierto, así como la oscuridad, la inconsciencia y las entidades de un ser que está dormido.

Si tu interés es profundizar en la danza amorosa y tienes el privilegio de contar con una pareja que esté en la misma sintonía que tú, es para agradecer a la misma vida y al universo ese privilegio. Pero la realidad es que, en un gran porcentaje, las cosas no suceden así. Y también es una cruda realidad que la relación de pareja estable y prolongada —sin que por ello sea inadecuada— puede crear rutinas, y si esas rutinas se repiten continuamente, pueden romper ese amor fresco que necesita el amante en la sexualidad sagrada y consciente. Siendo así, muchas veces la tradición del tantra expresa que, o bien tienes el privilegio de contar con una pareja estable cuyo amor está vivo y fresco contigo, o bien necesitas, por otro lado, una pareja para el vínculo amoroso, y entre más estable sea esa pareja, mejor, una vez que la has encontrado para los fines mencionados anteriormente. Para el vínculo místico, pero que también no deberías cambiar. En el tantra, en la sexualidad sagrada, se mueve la energía con base de la vida, y por lo mismo, poco tiene que ver con moralidad y religión.

En la sexualidad consciente, al mover la energía base de la vida, todo es posible, todo es aceptable, pero hay que estar muy alerta ante la pérdida de la energía misma. Estar alerta ante la pérdida del amor o cuando el juego se vuelve puramente sensual. Por lo tanto, es importante saber que los sentidos sensoriales juegan un papel muy importante: que el amor tiene su momento, y que el orgasmo también tiene su momento.

¿Eres consciente de la forma en la cual tienes relaciones sexuales? ¿Eres consciente de la forma en la que haces el amor? Si en la forma en que lo realizas sientes placer, gozo, deseo, y así estás bien, adelante: perfecto, es bueno y correcto. Y desde luego, ante el hecho de no hacer nada, es mucho mejor que haya excitación, placer, deseo y gozo.

Pero si tú gozas y tu intención es gozar aún más, sería interesante explorar más allá de lo conocido, llevando tu placer y gozo hacia un estado meditativo. Conducir el gozo hacia un vuelo mucho más alto y consciente que el ingerir cualquier sustancia.

Antiguamente, el vínculo amoroso permitía a los amantes elevar tanto la frecuencia de su energía que podían alcanzar su ser multidimensional, y mucho más. Pero esos misterios, como este, se han ocultado…

Si tu interés es ir más allá de lo conocido, es importante que consideres que, en la sexualidad sagrada y consciente, al momento de la intimidad en la danza de los amantes, el hombre da su energía a la mujer, quien la eleva y alcanza su vitalidad por medio del fuego de la pasión y, paradójicamente, se siente fresca y ligera. Entonces, ella te transmite a ti, a través del pecho —que es su polo positivo activo— sentimiento, inspiración y sanación. Es decir, la energía que ella entrega al hombre, cuando el hombre le da su potencia, su fuerza, su potencia física y energética, hace que se materialicen y se potencien los propios sueños del hombre. Siendo esa la razón de su inspiración.

Por eso, cuando ambos se unen en la danza amorosa, habiendo elevado la energía tan alto que pasan ya del quinto chakra (la garganta) y el sexto chakra (la frente, pituitaria), se transforman en una unidad, volando, alcanzando el éxtasis luminoso y experimentando sensaciones muy por encima de lo imaginable.

Para todo esto, el cuerpo —como ahora ya tendrás más claro y consciente— es un instrumento sagrado al que hay que amar y tratar con respeto.

Tu cuerpo, como instrumento sagrado, guarda muchos secretos que no son liberados fácilmente. Hay que acceder profundamente a ellos a través de un trabajo profundo de liberación de bloqueos, traumas, dramas, conflictos, herencias, creencias limitantes, que en conjunto engloban la sombra que todos llevamos dentro y que consume una gran cantidad de energía. Una sombra que hemos de abrazar para transformarla en amor.

Comprende que la relación amorosa nos mezcla y nos vincula, uno al otro, y el otro al uno o una. Es una especie de participación de ambos en una sola aura que se fusiona. En esa mezcla van los conflictos, los traumas, las obsesiones, las intenciones de cada uno. Al ser consciente de esto, es necesario que te limpies interna y externamente, pues el vínculo en las relaciones sexuales, al ser tan íntimo, afecta la esencia de cada uno.

Así, la importancia del cuidado que has de tener al involucrarte con alguien es de gran relevancia, en el sentido consciente, si tu intención realmente es ir más allá y acceder al éxtasis de tu ser multidimensional. Pero también, aunque tu intención no sea ir más allá, debes saber que al involucrarte con alguien, la realidad de esa persona llega a ti, teniendo que cargar muchas veces con una parte de su sombra, o bien, transmitirle a esa persona una parte de tu propia luz.

 

Tu cuerpo es el instrumento sagrado en el misterioso mar de la sexualidad

 

No se trata, desde luego, de que uno u otro miembro del vínculo en la danza sexual se vuelva juez y crítico del otro. De lo que se trata es de que cada uno asuma la responsabilidad de su propia sexualidad y de la forma en que se vincula con una o varias personas, dependiendo del caso.

Asimismo, es importante que comprendas que ir más allá del gozo y el placer de la sexualidad común —si quieres llegar a un estado meditativo, a un vínculo con el éxtasis y la espiritualidad de una conciencia luminosa en un vuelo alto— no quiere decir que debas dejar de lado las sensaciones placenteras, el orgasmo, las caricias, la excitación, los besos y el abrazo íntimo. De hecho, se trata de intensificar todas las sensaciones, sin quedar atrapados en el puro placer que explota y drena la energía a través de la eyaculación en el hombre o de orgasmos excesivos en la mujer.

El cuidado de tu cuerpo como instrumento sagrado es responsabilidad tuya, porque si tú crees que el otro o la otra trae oscuridad a tu vida en un encuentro sexual, la realidad es que tú sabes con quién te juntas. Tampoco puedes poner tu vida bajo el poder de quien tienes al lado, ni siquiera si es una persona a la que realmente amas.

Somos responsables de nuestro propio equilibrio. Sin embargo, si tú, en una relación —sea con una pareja estable o un encuentro casual, que puedes o no repetir—, crees que la otra persona es responsable de “envenenarte” con esas energías alteradas, con esa sombra, entonces tú le estás dando el poder a la otra persona para que siga envenenando. Y has de asumir la responsabilidad de que tú eres dueña o dueño de tus propias energías. Así que deja de proyectar y deja de huir de tu propia responsabilidad.

Si tú cuidas tu cuerpo como el instrumento sagrado en la danza amorosa de una sexualidad consciente, al unirte con otro ser que toca una música armónica por el cuidado de su instrumento corporal, entonces ambos amantes unen chakra a chakra sus vibraciones y sus frecuencias. Y conforme va subiendo la energía hacia arriba, van despertando hacia el vuelo del éxtasis, de la disolución luminosa. De esta forma se sabe que en la sexualidad sagrada se empieza por la calma mental, por la resolución y transmutación de las energías negativas, por el cambio de nuestros pensamientos sexuales y la limpieza de nuestras fantasías, por el yoga celular, por meterse dentro del cuerpo y por llenarlo de conciencia. Y todo eso se realiza progresivamente. (Fiel, E. 2012)

 

Psicóloga Jaqueline Machado Garduño
FB Sexualidad Sagrada

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Núm. 307 – Noviembre 2025