FUNGI NIPPLE
Honrar lo femenino, reverenciar la Tierra
- PERSONAJES
- Marcela Magdaleno
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En el corazón del desierto de Baja California Sur, donde los cardones se alzan como centinelas del tiempo, un grupo de mujeres tejió con barro, poesía y espíritu una ofrenda para el planeta. La instalación cerámica Fungi Nipple, concebida por la ceramista polaca Natalia Szalc (@nplusyou), erigida como un canto a la vida, al cuerpo femenino y a la sabiduría ancestral que conecta a las mujeres con la Tierra, la esencia de la instalación es como los micelios, nutren y comunican bajo nuestros pies invisibles redes de vida.

Durante un año entero, mujeres creadoras moldearon con sus manos esta serie de piezas que evocan pezones y hongos: formas suaves, redondas, receptivas, poderosas. Desde el modelado hasta el cocido del Earth Art Studio, cada pieza fue cocida no solo con fuego, sino con intención. Fungi Nipple no es una instalación estática: es un eco, un latido, un altar viviente al poder de lo femenino como semilla de la existencia.

Marcela Magdaleno, escritora y dramaturga, tejió palabras para el performance de apertura. Con voz ritual, invocó la conexión entre el cuerpo de la mujer y los ciclos de la naturaleza. Su poesía dramática fue un conjuro contra el olvido y una defensa poética del territorio. “Bajo la piel del mundo, algo respira, raíces susurran lenguajes antiguos”, pronunció, mientras la música etérea de @marsseia flotaba como un humo sagrado entre las ramas del mezquite.
El evento, celebrado en el Earth Art Studio —enclavado en un oasis desértico— fue una celebración de los sentidos. Marina Mari Poppins ofreció una experiencia gastronómica vegetal: flores, fermentos, raíces y hojas danzaban en platos vivos, como si la tierra misma quisiera hablar. Adriana Jalife (@tierrasantabcs) compartió el tascalate, bebida sagrada de los pueblos mayas, mientras Andrea Zárate propuso una travesía por los mezcales del país, cada sorbo era un destello del alma vegetal de México.

El espacio del estudio, envuelto por un laberinto mágico, fue adornado con piezas escultóricas de artistas como Raquel Aguilar, (@arteindiamaya), Christa Assad, Ulises Martínez, Jenni Ward, Kevin Wickham, Paolo Melandri, Rudo Mendoza, Abel Martínez y Steaven Joaobi. Cada escultura fue una estación del espíritu: barro que habla, formas que sanan, acompañados de un laberinto enigmático.
Mujeres, pezones y micelios se mostraron como arquitectas de lo invisible. Constructoras de conocimiento que fluye, transforma y se hereda.
La instalación de la artista Natalia Szalc, supo integrar al grupo de manera armónica, complementando su arte con el arte de las otras artistas y no solo honra la estética del cuerpo y del micelio, sino que propone una ética radical: respetar los ciclos, defender los territorios, reencantar el vínculo entre el arte y el planeta.

Fungi Nipple no termina en esta exposición. Su eco continuará en otras tierras, como las esporas que el viento lleva para reiniciar la vida en los rincones más inesperados, porque cuando las mujeres crean desde lo profundo, lo hacen como la tierra: sin prisa, sin permiso, y con un amor que fecunda.


