LAURA GARCÍA ARROYO

Lexicógrafa mexiñola

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Es muy conocida por su trabajo en la Dichosa Palabra, así como sus múltiples participaciones en radio y televisión, pero sobre todo por su conocimiento del español que hablamos en México, aunque ella nació en Madrid, España. Charlamos en el Centro Histórico -un poco antes del confinamiento-, sonriente y apasionada de su tema todo el tiempo.

 

A pesar de no haber nacido en México, eres una de las grandes conocedoras de como hablamos los mexicanos.

“No. Me vine hace 20 años y vine a hacer un diccionario para niños, del español de México. Entonces, aunque yo traía todo el Software y todo el manual de lo que habíamos hecho en España y traía la lexicografía para hacerlo, a mí lo que me faltaba era el vocabulario, justo a lo que venía, los redactores, los correctores y los revisores todos eran mexicanos y yo nada más que coordiné. Eso me permitió acercarme más rápidamente a la lengua y siento que a partir de la lengua uno puede conocer a una sociedad y una cultura… A partir de eso se me antojó visitar los lugares. Hice mucho turismo los dos primeros años, bueno, el primero no tanto porque trabajé demasiado, pero en el segundo me dediqué a viajar. La verdad es que pensé quedarme aquí seis meses a conocer un país, después dije: “pues me tengo que quedar mucho más, porque este país da para muchísimo, entonces, llevo 20 años y ¡todavía no le termino!”.

 

¿El verlo desde afuera te ayudo a comprender a México de otra forma?

“Ocurre que cuando uno viene de turista y viene a visitarlo con digamos ‘novedad’, va conociendo lo que todo el mundo ve, que es como los colores, las artesanías, el folklore, la música, la simpatía de la gente y a medida que vas viviendo sobre toda esta ciudad que es tan compleja, vas viendo todos estos matices que no solamente tiene que ver con lo bonito, sino también con lo cotidiano, a veces con los problemas, porque he tenido problemas muy fuertes también en estos veinte años, y eso te ayuda a conocer mucho de la ideología y del comportamiento. Un poco vas adoptando también ese comportamiento, entonces ahora me considero ‘mexiñola’”.

 

Tu objeto de estudio parece complejizarse e invadir otros ámbitos, hoy vemos una discusión muy fuerte por el uso de una ‘o’.

“¡Imagínate! El lenguaje transmite lo que somos, lo que sentimos, lo que pensamos, cómo nos comportamos, lo que llevamos dentro, las personas que queremos ser. Entonces, desde el individuo hasta el cómo se comporta una sociedad a la hora de hablar, dice muchísimas cosas de la personalidad y de la ideología de toda una comunidad”.

 

¿El español sería misógino?

“¡No!, los que somos misóginos somos los hablantes. El lenguaje nada más lo refleja y sí”.

 

Laura García Arroyo

 

Es que ya no sabemos si se dice la presidente o la presidenta.

“La Presidenta, por supuesto, lo que pasa es que antes no había presidentas, por eso nos suena tan raro”.

 

Hasta donde me había quedado la ‘e’ es neutra.

“Mira, en lo del lenguaje incluyente, lo que pasa es que tiene tantos matices y es tan complejo que quizá esa propuesta de la ‘e’ o de la ‘x’ o de la arroba, ahora que hay, sea una propuesta que yo creo que sí es útil, es necesaria y justa. ¿Se va a quedar?, el tiempo dirá si es el caso”.

 

¿Y cuál es tu postura?

“A mí, en lo personal, eso no me gusta, me parece que entorpece y distrae mucho del mensaje. Para mí luchar desde el lenguaje contra el machismo tiene que ver con justo lo que tú decías, ¿por qué nos choca tanto oír presidenta?, porque no ha habido presidentas; ¿por qué las alcaldesas no se quieren llamar alcaldesas?, porque en el diccionario viene como la mujer del alcalde, no como una persona que ha ganado una elección. Lo que tenemos que cambiar es esos elementos para que nos suene cada vez menos raro las alcaldesas, las presidentas, las músicas, las abogadas, las médicas y que no haya una barrera lingüística y eso sólo lo vamos a conseguir si nos acostumbramos a tenerlo más normalizado”.

 

¿El lenguaje se ha vuelto más rígido o más flexible?

“¡Más flexible! Porque ahora somos más dueños los hablantes. Antes eran las academias, los libros y los expertos; ahora, gracias a la globalización, al Internet y a la manera de comunicarnos cada vez somos más nosotros los que decidimos, ¡siempre lo hemos hecho! Digamos que ahora, lo hacemos más deprisa y tenemos más poder en cómo evoluciona el lenguaje para bien y para mal. También es para mal”.

 

¿Hasta dónde se puede reinventar sin perder corrección?

“El hablante decidirá. El español es una derivación del latín vulgar y ahora a nadie le sorprende que nadie sepa hablar en latín culto. Entonces, es una evolución de los errores que se hacían en la calle y nosotros somos producto de todos los errores de muchas generaciones hablando mal un idioma. Ahora lo que pasa es que somos más conscientes, porque tenemos más acceso a la educación, al lenguaje correcto y por eso nos sorprende más que la gente hable mal, pero en realidad la gente siempre hablado mal”.

 

Laura García Arroyo

Fotografía: Patricio Cortés

 
Ahora, estamos discutiendo, incluso por la palabra bizarro que en castellano antes era valiente, hoy se toma el significado de una palabra inglesa similar para enunciar algo raro, que es el uso que se le ha dado más común, últimamente ¿qué es lo correcto?

“Lo correcto es siempre cómo nacen las palabras y la etimología original, pero al fin y al cabo es el uso. Y sí bizarro ahora se usa como sinónimo de raro, terminará estando. De hecho, si uno va a los diccionarios ya existe esa acepción, ya no es incorrecta, la ponen como vulgar porque todavía es algo que no se acepta en el ámbito académico, pero antes se le ponía tilde a los monosílabos; se decía haiga y era una forma verbal correcta. Entonces el lenguaje está vivo, camina”.

 
¿Qué tan difícil se ha vuelto el trabajo para ustedes que hacen el inventario y análisis del vocabulario, cuando de repente una palabra que se consideraba como lo corriente, lo que usaba el bolero, ya la usa el presidente y luego viceversa?

“Al principio se hace brincar un poco, sí es raro oír ciertas cosas que uno defiende por correctas, pero la norma sigue siendo el uso”.

 
¿Realmente los mexicanos somos de los pueblos más creativos en el uso del lenguaje?

“Ahí me voy a meter en líos, pero sí creo que en todos los países hay una manera de jugar con el idioma, nada más que a nosotros, lo que nos causa risa es la que entendemos que es la mexicana, está el albur, por supuesto, están los sinónimos. Esta es una manera muy particular, porque es muy diverso este país y hay un montón de adhesiones a un idioma, digamos común, que convive con otras 68 lenguas y a lo largo de la historia ha tenido muchas modificaciones. Pero, yo no me atrevería a decir que los ingleses no tienen su manera de jugar con el idioma, que los franceses han hecho un montón de cosas y que en la India tienen una manera de expresarse con mucho humor lingüísticamente. Lo que pasa es que no las conocemos”.

 

Llama la atención el creciente número de anglicismos usados en México, se dice que en España son más celosos del idioma.

“No, yo creo que cada país tiene sus vicios y muchas veces es por esta cercanía que tiene con otros países, comercialmente o incluso en el ámbito audiovisual. Lo que pasa es que en México tenemos muy cerca a Estados Unidos, ¿cómo no vamos a tener un intercambio lingüístico, si lo tenemos en todos los ámbitos? En España hay más influencia francesa porque históricamente ha pesado más. Fíjate, a mí me parece que aquí se conserva mejor, pero pueden ser puntos de vista”.

 
Entre los muchos programas donde participas y has participado destaca la Dichosa palabra que se ha convertido en un referente, ¿a qué lo atribuyes?

“Yo creo que todos le debemos eso a gente como Arreola, como Alejandro Aura, que abrieron un poco ese ámbito de poner la cultura en los medios de una manera mucho más platicada, alivianada, incluso cómica. Luego le han seguido personajes como Arrigo Cohen, como Jorge Saldaña y esos son los que realmente nos abrieron el camino. Nosotros llevamos 18 años al aire y por supuesto que empezamos siendo una cosa y hoy en día tenemos diferentes ramas a la hora de difundir el idioma y nuestro amor por las palabras. Qué bueno que se sigan sumando gente en diferentes medios y de diferentes formas, habrá youtubers que hablan del idioma, entonces ¡bienvenidos todos!”.

 
Actualmente, ¿cuál es el principal desafío de alguien que estudia y difunde el idioma?

“El reto sigue siendo el mismo, llamar la atención sobre el lenguaje para ser conscientes sobre su uso; el que la gente sepa del poder de las palabras y quiera investigar y leer más. Apoyamos mucho la lectura porque es una gran fuente de vocabulario y de conocimiento. El reto sigue siendo buscarle diferentes maneras de hacerlo entretenido”.

POLÍTICA

Núm. 249 – Agosto 2020

agosto 12, 2020
Asuntos destacados del 3 al 7 de agosto

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