“CULTIVAR NUESTRO JARDÍN CON GENTILEZA”

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“Si quieres ser feliz una hora, bebe un vaso de vino;

si quieres ser feliz un día, cásate;

si quieres ser feliz toda tu vida, hazte jardinero”…

 

 

En general busco ser optimista y compartir un mensaje de esperanza a la comunidad de lectores que me acompañan mes a mes. Soy una persona que intenta aportar, con cada acción, su granito de arena. Sin embargo, esto no quita que, por momentos, me vuelva fatalista. Nos pasa a todos.

 

Hoy por hoy la humanidad está desatada. Las mujeres y los hombres somos inestables por naturaleza, y cada vez estamos más irritables. Basta con ver las noticias para darnos cuenta: hay conflictos por doquier y, por ende, millones de víctimas. Cientos de millones. No queda duda de que estamos en una severa crisis humanitaria. ¿Quién iba a imaginar que se nos vendría todo de un solo golpe? Pandemias, guerras, terremotos, olas de inmigración masivas, desapariciones, feminicidios, genocidios, tráfico de personas, delincuencia organizada y desorganizada -y no quiero seguir describiendo lo que todos vivimos a diario, porque no estoy contando nada que no sepan, y porque mi amigo y editor, estoy segura, me va a llamar la atención por escribir tan fatalista, pero no puedo evitarlo-. Es fácil darnos cuenta, solo con salir a la calle y ver los rostros de la gente, la mayoría llevan a cuestas la desesperanza. ¡Ya basta! Tenemos que hacer el cambio nosotros para que este mundo se vuelva un lugar mejor. No podemos quedarnos de brazos cruzados.

 

Pero no solo escribo para quejarme, porque no estaría sumando nada, sino que vengo a dejar por aquí una sugerencia que posiblemente contribuya a mejorar nuestro mundo: si tomamos cada quien la responsabilidad que nos pertenece, “otra música nos tocaría”.

Necesitamos de manera urgente “cultivar nuestro jardín”, como dice una frase muy sonada que se basa en un cuento de Voltaire, «Il faut cultiver nôtre jardin». Tenemos que comprender que el mundo tal cual nunca cambiará por sí solo, pero sí podemos cambiar nosotros, volvernos mejores. Si nos preocupamos por lo que nos rodea más íntimamente, podemos hacer por lo menos que nuestra vida sea más próspera y feliz.

 

La gente que aplaude victorias ajenas es gente que ya sanó por dentro. Lo creamos o no, es muy necesario. Y nadie es egoísta por “cultivar ese jardín” que tenemos en nuestro interior. El ego, en estos tiempos y en ninguno, no ayuda. Es de los principales problemas. Necesita continuamente dar buena imagen, carece de humildad, nos vuelve soberbios y defensivos. Cuando el ego está “trepado” en nosotros, no somos capaces de aplaudir victorias ajenas, más bien nos molestan.

 

Necesitamos tiempo para nosotros, todos debemos cuidar de ese mundo interior en el cual encontramos cobijo, fortaleza y seguridad. Sólo cuando alcancemos esa felicidad interior seremos capaces de dar lo mejor al universo. Esto nos puede dar la paz que tanto buscamos allá afuera; hay que ayudar al mundo para que empiece a cambiar, no hay de otra. Hay que conectar con el amor, con la vida, con la parte interna. Recalco que este cultivar debe empezar en nuestro interior, con nuestra persona, y después con los demás, en nuestro entorno y con el planeta. Creo que así podremos generar contextos más gentiles.

 

Somos un jardín de colores, pero a veces se marchita. Somos fuertes, solo que ahora hemos olvidado nuestras esencias, nuestros pilares, porque tristemente en este tiempo las raíces se nutren de prisa, con miedo y ansiedad.

 

Karla Aparicio Fabs Aldrete

 

¿Cómo podemos empezar a cultivar nuestro jardín?

No estamos hablando de una gripe, estamos hablando de ese vacío existencial que nos impide ser felices, que nos impide ser nosotros mismos y nos pone en guerra.

 

Hay que recuperar el equilibrio, es impostergable.

-Podríamos empezar buscando instantes de calma a lo largo del día para estar tranquilos/as, para escuchar nuestra voz interior.

-Apaguemos el rumor de las preocupaciones y el ruido de las voces del exterior. Ahí, cuando conectemos con el corazón, preguntémonos: qué ocurre, qué necesitamos, qué queremos, qué nos falta.

-Dejemos de dar valor a lo que no nos suma y liberémonos de ello.

-Aprendamos a luchar por lo que queremos y que nuestros esfuerzos vayan hacia ese rumbo: hacia una felicidad sencilla, pura y sin ego, ahí donde están las personas que amas de verdad.

-La vida es un aprendizaje, es experimentar. Es importante encontrar nuestra pasión y hacer de ella un camino que nos permita iluminarnos por dentro, que nos de ilusiones cotidianas para así sentirnos útiles y capaces.

-Cultivemos nuestros jardines interiores aprendiendo cosas nuevas, enriqueciéndonos para crecer, para ser más libres de mente y de afectos.

 

Cuando esto suceda, cuando nos cultivemos por dentro, podremos ser más corteses con nosotros y lo más bello es que también con los demás. Es aquí donde se dará el cambio y las próximas generaciones seguro recibirán un mejor lugar.

 

Cultivarnos nos ayudará a desarrollar virtudes como la paciencia, la tenacidad y la gratitud, requisitos imprescindibles para florecer. Y así saldremos al mundo con empatía y compasión y comprenderemos que todos tenemos problemas.

 

Karla Aparicio Fabs Aldrete

 

AMABILIDAD SOCIAL

El mundo cambiará un poquito en cuanto seamos amables con los demás, cuando le demos una mano al vecino o a quien no conocemos, cuando regalemos un “buenos días” al solitario. Cuando sonriamos al triste, cuando cedamos el paso o el asiento. Cualquier tipo de gentileza muestra una consideración hacia los demás, es un detalle positivo que quien recibe dicha acción la valora como un regalo emocional, ya que se siente muy bien, y puede que cambie su día o quizá hasta su percepción del mundo. Al vibrar desde el amor, los cambios suceden. Eso no falla.

MISCELÁNEO

Núm. 277 – Diciembre 2022

Enrique Wong Pujada

¿Por qué la Alianza del Pacífico vela por la unidad y el progreso social?