EL ETERNO CICLO DE LOS PROPÓSITOS DE AÑO NUEVO
- MISCELÁNEO
- Karla Aparicio
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Año nuevo, propósitos nuevos… y yo aquí, sentada con mi taza de café, buscando respuestas profundas en Google como si fueran a aparecer en el primer resultado. La pantalla brilla con una lista interminable de artículos motivacionales: “10 pasos para reinventarse”, “Cómo salir de tu zona de confort en 2025”. Los leo con el entusiasmo de quien se quiere motivar para hacer proyectos y cambiar, pero con la resignación de saber que dar el primer paso siempre es el más pesado.
Enero llega con su presión invisible pero constante. Como si el universo entero se hubiera puesto de acuerdo para decirme que es “ahora o nunca”. Y ahí estoy yo, aferrada a mi rutina, tan familiar y cómoda como ese sillón favorito al que amo y que conozco perfectamente. Me gusta el cambio en teoría, pero en la práctica… no tanto.
¿Renovarse o resistir? Esa pregunta me persigue desde que empieza este año 2025, y me doy cuenta de que el dilema no es solo mío. A muchas nos está pasando: queremos evolucionar, hacer algo diferente, explorar nuevas posibilidades. Pero el miedo nos hace resistir, quedándonos en lo conocido, donde todo es predecible y, por lo tanto, bien, o más o menos, pero es seguro.
Es como cuando decides reorganizar tu casa: empiezas con energía, pero pronto te das cuenta de que mover un mueble implica mover otro, y otro, y de repente estás atrapada en un caos que no sabes cómo manejar. La idea del cambio suena emocionante hasta que te encuentras con el esfuerzo que conlleva. Es entonces cuando el sillón favorito de tu rutina se siente menos incómodo que todo lo desconocido que te espera afuera.
Cada enero me siento con mi agenda reluciente, una pluma nueva y toda la intención de escribir metas impresionantes. “Este año voy a diversificar mi negocio”, “Voy a aprender algo nuevo cada mes”, “Voy a dejar de procrastinar de una vez por todas”. Me digo que ahora sí es diferente, que esta vez voy a lograrlo. Pero, a medida que pasan las semanas, las metas se quedan olvidadas entre las páginas de la agenda, como hojas secas que nadie recogió.
¿Por qué? Porque el cambio es incómodo. Porque mi cerebro, que debería ser mi aliado, está diseñado para preferir lo conocido. Se siente más seguro repitiendo patrones que arriesgándose a lo nuevo. Es como si tuviera una vocecita interna que me susurra: “¿Para qué cambiar si aquí estás bien?”.
Miedo e Incertidumbre: Los Guardianes de la Rutina
Si soy honesta, lo que realmente me frena es el miedo. Miedo al fracaso, a perder lo que tengo, a que el esfuerzo no valga la pena. Y no es que no quiera cambiar, es que mi mente se anticipa a los peores escenarios. “¿Y si invierto tiempo y dinero en algo nuevo y no funciona?”, “¿Y si pierdo lo poco o mucho que he construido?” Es como tener un pie listo para avanzar y el otro bien plantado en el suelo de lo seguro.
Esa incertidumbre puede ser paralizante. Me doy cuenta de que no es tanto el cambio lo que me asusta, sino la posibilidad de que el cambio no traiga lo que espero. Porque, ¿y si me esfuerzo por diversificar mi negocio y las cosas no mejoran? ¿Qué hago con esa sensación de derrota?
La Sociedad y Su Obsesión con el Cambio
Vivimos en una cultura que glorifica el cambio y la transformación constante. Redes sociales llenas de historias de éxito, gente que parece reinventarse cada seis meses, publicaciones motivacionales que te dicen «si no estás cambiando, te estás quedando atrás».
Pero cambiar no siempre es fácil ni inmediato. A veces, mantenerse estable ya es una victoria, y no deberíamos sentirnos culpables por eso. Para muchas personas, el cambio no es una opción de crecimiento, sino una necesidad de sobrevivir. Hay quienes se resisten al cambio no por miedo o comodidad, sino porque sus circunstancias no les dejan mucho margen de maniobra.
Pequeños Pasos, Grandes Cambios
Entonces, ¿qué hacer? Tal vez no se trata de una transformación épica de la noche a la mañana. Quizá el cambio que necesitamos es más parecido a abrir una ventana para dejar entrar aire fresco, en lugar de derribar paredes. Empezar por algo pequeño, manejable, que no nos abrume.
¿Quieres diversificar tu negocio? Prueba con una pequeña oferta nueva.
¿Quieres aprender algo nuevo? Dedica 10 minutos al día a explorar esa idea.
¿Quieres dejar de procrastinar? Empieza por una tarea fácil y celebra ese pequeño logro.
Los cambios graduales y realistas son menos intimidantes y, a menudo, más efectivos a largo plazo. Como dice el viejo dicho: “Un viaje de mil millas comienza con un solo paso”. No tienes que tener todo resuelto hoy; solo necesitas dar un paso.
El Cambio Como Elección, No Como Imposición
El cambio no debería ser una obligación ni una carga. Podemos decidir cuándo y cómo queremos renovarnos. Y si hoy no es ese día, está bien. Lo importante es saber que el cambio está ahí, disponible para cuando estemos listos. Cambiar puede dar miedo, pero quedarnos estáticos cuando deseamos más puede ser aún más doloroso.
Así que aquí estoy, con mi taza de café en una mano y mis pensamientos en la otra. Tal vez no tengo todas las respuestas, pero estoy dispuesta a moverme, aunque sea un poquito, porque, al final, cambiar no es abandonar lo que somos, sino darnos la oportunidad de descubrir lo que podemos ser.
¡Feliz (posible) cambio de año!
Con KAriño
Karla Aparicio