EX LIBRIS — Alberto Manguel. Premio Formentor 2017

Por: BERNARDO GONZÁLEZ SOLANO

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exlibris_agosto_01En la EX LIBRIS anterior, aparte de hablar de la escritora estadounidense Siri Hustvedt (Northfield, Minnesota, EUA, 15-II-1955), esposa del famoso novelista Paul Auster, también mencioné al polígrafo argentino Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948). Ambos personajes tomaron parte del elenco del Gutun Zuria (Hoja en Blanco) Festival Internacional de las Letras de Bilbao 2017. A  Manguel. Incluso, le tocó la inauguración. El interesante festival comenzó el 25 de abril y terminó el 1 de mayo pasado. Un inesperado percance me impidió estar en el festival. Tenía acordado reunirme con Manguel y con Siri. Poco después me entero de que el autor del excelente ensayo Una historia de la lectura (1996) –obra que escribió en Toronto, Canadá, y cuyo texto me volvió lector asiduo de todos sus trabajos–, era el ganador del renombrado Premio Formentor que empezó a adjudicarse en el año 1961 bajo el auspicio de Seix Barral con el apoyo de otras diez  editoriales extranjeras y los propietarios del Hotel Formentor de Mallorca, que en aquel momento se convirtió en un importante foro literario. El galardón se entregará en el próximo mes de septiembre.

Ni qué decir que la noticia me dio mucho gusto. Al galardonado, obviamente, mucho más. Hace cuatro o cinco años, Froylán Flores Cancela, director, amigo y  viejo compañero en el periódico Punto y Aparte de Xalapa –fundado por él mismo hace casi cuatro décadas y ahora está suspendido por sus problemas de salud–, en una Feria del Libro en la capital veracruzana, me preguntó quién era el más sobresaliente de los conferenciantes que asistían a la misma, le dije que escuchara a Alberto Manguel, un sabio en cuestiones de lectura y de libros. Propietario, además, de una singular biblioteca –más de 30,000 volúmenes– que en el año 2000 trasladó a las ruinas del antiguo presbiterio de Mondion, en las proximidades de Poiters, Francia, donde montó su domicilio. Acerca de su rico acervo bibliotecario, Manguel, humildemente, dice: “No los he leído todos, pero los he abierto todos”. El antiguo lector de Borges, tiene especial afición por la Divina Comedia. Cuenta que durante muchos años empezaba a las seis de la mañana a leer el libro del Dante Alighieri. Un canto por día, y en una libreta escribía sus pensamientos sobre el mismo. Hay ocasiones en que quiere uno parecerse a Manguel, en su pasión por los libros. Pasión que al paso del tiempo se convierte en un vicio irrefrenable: se trata de conseguir la mayor cantidad de volúmenes. Los quiere uno tener todos.

exlibris_agosto_02Al enterarse de la buena nueva, Manguel manifestó: “Es uno de esos lindos absurdos de la vida”. Lo más “lindo”, quizás –no son los 50,000 euros que conlleva el galardón–, sino el reconocimiento del jurado (Inger Enkvist, Lila Azam Zanganeh, Daniel Fernández, Francisco Jarauta y Basilio Baltasar), “a su minuciosa recreación del arte de leer”, así como al conjunto de su obra: “una de las más lúcidas indagaciones en la historia orgánica de la biblioteca universal… La minuciosa recreación del arte de leer, la pericia con que los lectores aprenden a comprender la inmensidad del mundo pertenecen al enciclopédico saber con que Alberto Manguel ha retratado la vida de los libros”. Nada más, nada menos.

Javier Rodríguez Marcos, periodista de El País, cuenta en la nota que escribió sobre el premio concedido al escritor que publica tanto en castellano como en inglés, y que también se desempeña como novelista, traductor y editor: “Al teléfono desde la Biblioteca Nacional de Argentina (Mariano Moreno), que dirige desde junio pasado, el autor de Historia natural de la curiosidad subraya… su agradecimiento y su intención de no resultar arrogante sin dejar de mostrarse consciente de su papel como algo-más-que divulgador. “¨En francés hay una palabra perfecta para describirme: passeur. Me gusta ese rol del que pasa algo. Me gusta leer y comentar mis lecturas. Mis libros salen de otros libros, del esfuerzo por entender las ideas de otros, y la lista del Formentor está llena de pensadores y creadores originales¨ “.

Y vaya que este galardón cuenta con una selecta lista de premiados, desde Jorge Luis Borges (el primero en recibirlo en 1961), Samuel Barclay Becket, el dramaturgo irlandés (Dublín, 1906-París, 1989), que en 1969 sería Premio Nobel de Literatura, Owe Johnson, Nathalie Sarraute, Saul Bellow (Quebec, 1915-Brookline, Massachusetts, 2005), que en 1976 recibió también el Nobel de Literatura, Witold Gombrowicz, laureados en la primera época del Formentor. Y, en la segunda, de 2011 a la fecha, lo han recibido Carlos Fuentes –a su muerte se instituyó un premio con su nombre que se entrega en México–, Juan Goytisolo (fallecido hace pocos días), Javier Marías, Enrique Vila-Matas y Ricardo Piglia, que murió hace pocas semanas. En 2016, el ganador fue el italiano Roberto Calasso. Sorprendido por su premio, Manguel exclamó: “¡Pero si yo entrevisté a Calasso por su premio en la última feria del libro en Guadalajara!”. Por cierto, el famoso escritor siciliano Leonardo Sciascia, ya fallecido, dijo que los libros de Calasso “están llamados a no morir”.

De una forma u otra, el jurado del Formentor reconoció el conjunto de la obra de Manguel porque es “una de las más lúcidas indagaciones en la historia orgánica de la biblioteca universal… La minuciosa recreación del arte de leer, la pericia con que los lectores aprenden a comprender la inmensidad del mundo pertenecen al enciclopédico saber con qué Alberto Manguel ha retratado la vida de los libros… Sus elocuentes ensayos han permitido seguir la lista del largo peregrinaje de sus libros y el orden prodigioso que los acoge en las instituciones vertebrales de la cultura… Siempre ha dado una atención especial a la importancia de la lectura para las jóvenes generaciones, algo destacable en un momento como el actual en el que la industria del entretenimiento y las nuevas tecnologías disipan la atención de los lectores y absorben el tiempo libre que se dedicaba a la educación sentimental y estética… Gracias a su obra se recuperará el respeto que el libro merece como artefacto inteligente: su uso cotidiano perfecciona las habilidades cognitivas y contribuye a la plenitud de una sociedad cultivada”. En fin, dijo el jurado, “reconocer la importancia del Corpus literario de Manguel permite confirmar la ineludible obligación de amparar a los hombres de letras que sostiene la gran biblioteca universal”.

El estudioso de la lectura, dijo también a Javier Rodríguez Marcos: “(Como director de la Biblioteca que dirigió Jorge Luis Borges) estoy pagando mi deuda con el país que me dio la educación sobre la que basé mi carrera… He pasado de escribir recetas de cocina a trabajar con las manos en la masa. Pero yo no soy bibliotecario. Yo dependo de los extraordinarios especialistas con los que trabajo… Hay obras que demandan cierto esfuerzo, sí, pero yo creo en la inteligencia del ser humano, una inteligencia ahora reprimida y distorsionada por cuestiones comerciales y políticas”.

En fin, para terminar citaré dos párrafos de Manguel que lo ubican como pensador de nuestro tiempo en sendos libros de su autoría: “Somos criaturas lectoras, ingerimos palabras, estamos hechos de palabras, sabemos que las palabras son nuestro medio de estar en el mundo, y es a través de las palabras que identificamos nuestra realidad y a través de ellas que nos identificamos a nosotros mismos”.

Y, “La experiencia del mundo y la experiencia de la palabra compiten por nuestra inteligencia. Queremos saber dónde estamos porque queremos saber quiénes somos, puesto que albergamos la mágica convicción de que el contexto y el contenido se explican mutuamente. Somos animales con conciencia de nosotros mismos  –tal vez los únicos en el planeta– y tenemos la capacidad de experimentar el mundo formulando preguntas, volcando en palabras nuestra curiosidad, como demuestra la literatura… La ilusión es la única realidad: esto es, tal vez, a lo que nos referimos cuando decimos que un escritor sabe”. VALE.