EX LIBRIS — Paul Auster, escritor analógico; 4321, escrita a mano y copiada en una máquina Olympia

Por: BERNARDO GONZÁLEZ SOLANO

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exlibris_octubre_01Por mera coincidencia, en las tres últimas entregas de esta columna a Personae, Paul Auster apareció en las mismas y no por simple casualidad. En la primera porque su esposa, Siri Hustvedt, también escritora, tomó parte en un festival literario del País Vasco. La siguiente abundó sobre la carrera literaria de la esposa del Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006, y la tercera habla de Alberto Manguel, el escritor argentino-canadiense, actual director de la Biblioteca Nacional de Argentina (puesto que desempeñó Jorge Luis Borges y a quien siendo ciego el jovencito Manguel le leía casi cotidianamente) y que tomó parte en el citado festival vasco de San Sebastián junto con Siri. Además, Alberto fue elegido para recibir el Premio Formentor de este año. Ahora, Paul Auster acaba de presentar su última novela, 4 3 2 1 (Editorial Seix Barral, Biblioteca Formentor, México, 2017. 957 páginas. $ 448.00). Para que nada falte, Auster recibirá el 26 de noviembre próximo la Medalla Carlos Fuentes, de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), por considerarlo uno de los principales escritores del momento.

La amplia bibliografía del escritor, traductor y guionista Paul Auster (1947, Newark, New Jersey, EUA) prácticamente toda ha sido traducida al castellano, aunque no es un novelista de ventas masivas. De hecho, su libro más reciente (4 3 2 1, extraño título que por lo mismo llama la atención), dedicado a Siri Hustvedt, es la novela más larga que ha escrito, poco menos de mil páginas, y algunos críticos la califican ya como la mejor de su novelística. Al respecto, Auster declaró que en este trabajo con una arquitectura más compleja de las que ha escrito tuvo mayor margen de improvisación: “escribí el libro a ciegas, bailando a través de las frases, sin saber qué era lo siguiente que iba a suceder”.

Sin embargo, explica: “Yo no me considero un novelista del azar. Lo inesperado forma parte de la vida. No hay en mis libros una interpretación mística o teológica, cuento historias en las que intento representar el mundo como lo entiendo”.

Cuando Auster dice “escribo”, no es una metáfora, realmente escribe sus libros. Sus obras inicialmente son manuscritas y posteriormente las pasa en limpio en una máquina mecánica antigua. El novelista es un hombre analógico, convencido de que la “hiperconectividad está aislando a las personas”. Repite este convencimiento: “No quiero escribir libros que suenen a obras escritas por otra persona y he decidido que no voy a formar parte del mundo digital. Así que no tengo un celular (móvil dicen los españoles) y no tengo tampoco una computadora (ordenador dicen en la península ibérica), simplemente no los quiero. Yo era feliz antes. No los necesito”. Hombre convencido de lo que dice. Se defiende del embate tecnológico que apabulla a todo mundo. Otros ya fuimos “convencidos”. Cómo se le envidia. Sobre todo cuando se sabe que escribe a mano y luego transcribe su obra en su gastada máquina Olympia. Incluso, Paul escribió un librito sobre su máquina mecánica, y que comenté en una EX LIBRIS hace más de un lustro.

En la presentación de 4 3 2 1, en Madrid, el novelista dijo: “Entendí que lo que escribía era la historia del desarrollo humano, y lo más importante nos ocurre en los primeros 20 años, en los que nuestros cuerpos, mentes y almas evolucionan a lo que somos”…”la escritura fluía como en una danza”, aunque al terminar lo invadió un sentimiento de agotamiento físico, “recuerdo la última frase me levanté del escritorio y casi me caigo al suelo”.

Eso dice el autor. Como lector, una vez que me dispuse a leer el grueso volumen –como me gustan los libros–, no sabía cómo suspender la lectura. Todo el fin de semana lo dediqué a 4 3 2 1. En mucho tiempo no había encontrado una novela similar. Empieza: “Según la leyenda familiar, el abuelo de Ferguson salió a pie de Minsk, su ciudad natal, con cien rublos cosidos en el forro de la chamarra, y pasando por Varsovia y Berlín viajó en dirección oeste hasta Hamburgo, donde sacó boleto en un buque llamado The Empress of China, que cruzó el Atlántico entre agitadas tormentas invernales y entró en el puerto del Nueva York el primer día del siglo XX”… Y finaliza: “Estaba casado con una mujer llamada Happy”.

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Un crítico dijo que Auster quiso, con este libro, escribir una “Gran Novela Americana”, a lo que el autor replicó: “No sé qué quiere decir eso. Para mí, las grandes novelas americanas son La letra escarlata, de Nathaniel Hawthorne, La roja insignia del valor, de Stephen Crane, y El Gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald, que no tienen más que 150 páginas. Este es un tema estúpido que la gente no para de mencionar, pero que ningún escritor se plantea. Yo prefiero ver las cosas con más humor y menos solemnidad, porque la vida es una tragedia y también es muy cómica. Somos unas criaturas ridículas, ¿verdad?”.

En una primera entrevista sobre su libro, Paul le dijo a Win Wenders, al escritor de cine, autor de la entrevista: “Siento que me he estado preparando toda la vida para escribir este libro”. Aunque también ha dicho que este libro no es autobiográfico, es una historia del “crecimiento humano” sobre un personaje nacido en 1947, el mismo año que el autor en la misma ciudad, Nueva Jersey, cuya existencia transcurre entre las décadas de 1950 y 1970, y se desarrolla frente al telón de la historia estadounidense y un orden mundial que, como él mismo reconoce, “se está desmoronando”. En esencia, esta novela es ingeniosa, minuciosa (cita los hechos históricos de EUA y del resto del mundo, como si fuera un texto histórico, que todos los septuagenarios identificamos y recordamos inmediatamente), innovadora (los hechos básicos de los personajes relacionados con el devenir histórico como si ellos fueran el centro de la Tierra), conmovedora casi hasta las lágrimas. Se lee como un drama social que también ofrece una exploración filosófica sobre el destino del ser humano. Un libro como las extensas novelas del siglo XIX.

Como nota anexa a la presentación de su novela en España, Paul Auster no esquivó ninguna pregunta sobre el presidente Donald Trump cuya actuación en los últimos días ha propiciado que en la Unión Americana reviva la degradante y perniciosa discusión sobre el sentimiento racista que tanto daño causa en la sociedad estadounidense. “No culpo a Donald Trump por ser el sicópata maniaco que es, hay muchas personas así en el mundo. Lo que me asombra es que más de 60 millones de americanos hayan votado a un sicópata maniaco. Creo que es un peligro y una amenaza real no sólo para Estados Unidos, sino para el mundo. Así que rezo para que no sea reelegido, porque ocho años de Trump serían…no sé… ¿El mundo seguiría existiendo?”.

Autocrítico con su país, Auster expresó la ambivalencia de sentimientos que tiene hacia su patria, la primera nación inventada nacida de una idea: “En Estados Unidos todos somos inmigrantes y cualquier puede ser “american”. Esta es la idea más noble, un experimento único que sin embargo está fundado sobre dos crímenes: el genocidio de los indios americanos que comenzó el día que el primer colono británico llegó a Nueva Inglaterra, y la esclavitud, que duró muchísimos años y es un problema al que nunca nos hemos enfrentado de manera honesta. Hasta que no lo logremos, no seremos una sociedad avanzada”, dijo.

Sin duda, 4 3 2 1, bien merece una lectura a fondo. Un gran libro, de un soberbio escritor. VALE.