¿A QUÉ CHINGADA HORA VAS A VOLVER?

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El pobre de Juvencio lleva una semana tratando de independizarse de su mujer Yocasta Montserrat. Hoy le dijo que iba a ir al cine a ver Cocó, que no había visto cuando la pasaron hace meses. Insisto que dijo, no que pidió permiso, lo que era su obligación en ese matrimonio.

La mujer se le quedó mirando un largo tiempo con lo que él sintió que esa mirada lo iba a traspasar y en segundos iba a caer muerto, pero se mantuvo firme. Repitió, esta vez con menos voz, ‘voy al cine a ver Cocó’. Yo creo que no tenía necesidad de ir ya que el coco estaba frente a él. El coco, o sea su vieja, su peor es nada, su media naranja, su pareja, su esposa, su costilla, su… No creo que sea necesario seguir poniendo similares a la palabra tirana. Esta tirana gritó, lo que era su forma normal de hablar, lo siguiente.

Aclaro que la grosería que van a leer no es mía, es de ella. “¿A qué chingada hora vas a volver?”. Se le ocurrió a Juvencio contestar con un chiste: ‘Cuándo termine de comer la comida que tú cocinaste’. Claro que se refería a volver el estómago para los que no entendieron. No se atrevió. Supo que esta ocasión la palabra volver equivale a regresar, retornar. Temblando contestó que cuando terminara la película, que calculaba algo así como dos horas o dos horas y media, puede ser que un poquito más. Y sí fue un ‘mucho más’, pues se le antojó ir después de la película a comerse unas enchiladas al puesto de Doña Eufrosina que tiene en el mercado. No hay enchiladas como las de ella.

Esto último lo afirmo yo, el escritor. Me comí unas coloradas y después unas verdes. Terminé por pedir otras coloradas junto con verdes, media orden de cada una. Qué delicia. Lástima que me dio diarrea. Y no porque estuvieran malas sino de tanto comer. Juvencio no pensaba comer tanto como yo, él se contenta con un sólo plato, eso sí, de las coloradas. Siempre le pide a Doña Eufrosina que le ponga un poco más de cebollitas y crema.

La doña sonriente le pregunta que cuando va a volver por otras. Juvencio quiere contestar que mañana pero sabe que eso no es posible. ‘Pronto’, contesta y se va. ¿A qué hora exacta vas a volver hombrecito? Se le ocurrió al hombrecito esta vez cantar ‘Volver’ de Gardel: “Volver con la frente marchita” o “Volver, volver, volver”, creo que de José  Alfredo Jiménez: “Y volver, volver, volver, a tus brazos otra vez”. Por supuesto que no lo hizo. Vio su reloj de pulso, sin saber para qué, pues el reloj no dice el futuro del tiempo. A las diez quince, murmuró. Sea, pero ni un minuto más, rugió la fiera. Juvencio suspiró, tomó su saco pues no se atrevía a presentarse sin él en actos públicos, sin despedirse salió. Ya en la calle sonrió. ¿Iré al cine, a comerme unas enchiladas o a otro país? Decidió por lo último. Nadie lo vio volver a su casa ni ese día ni ningún otro.

F I N

ENTRETENIMIENTO

Núm. 249 – Agosto 2020

agosto 12, 2020
Asuntos destacados del 3 al 7 de agosto

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