AMORES DE AYER

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-¡Mamá Grande, mamá grande! ¿Qué crees? Un doncel que se me acerca y me pregunta una dirección. No la supe, lo mandé con el genísaro de la esquina. Pero él era un Tarzán, un rorro, un hombre bien piocha.

-Ay mi niña, tanto argüende porque un pachuco te pide una dirección. Te digo que eres bien mitotera.

-Yo no podía casi hablar de la emoción. Al final la boca me quedó sabiendo a centavo.

-Por estos rumbos no pasan más que pelafustanes. Ese hombre que dices debe ser un tinterillo o ni eso. Tú te chiflas luego luego.

-No, éste era un dandy. Vieras como olía. A rosas.

-No huelen, hieden a sudor.

-En un de repente supe que va a ser mi peor es nada, mi media naranja.

-Y sigues con el borlote. Esos mecos no tienen ni un quinto, ni siquiera para el pipirín. Diatiro que no la amuelas. Ya es tiempo que dejes de andar pajareando nomás y te pongas a estudiar.

-Es un hombre A T M. Eso sí, un poco botijón, pero eso, como que le da personalidad.

-Un pelado, es lo que debe ser.

-Su peinado era a la brosh, su chaleco de seda, su cincho bien grueso, sus papos de charol brillaban. Su corbata de pajarita tornasolado me encantó. Bueno, le pude ver hasta sus tirantes.

-Ya tate sosiega. Si sigues así me va a dar un soponcio, un patatús. No puedo tener una nieta tan luria. Diatiro que eres de lo peor. Y ya basta de tanta charla. Vete a estudiar tu silabario que buena falta te hace. Tù eres apenas una mocosa para andar viendo a los hombres. Ese que dices ha de ser un carcamán raboverde. Hazme caso niña, a tu edad lo único que hay que hacer es estudiar.

-No estés rezongando abue. Y aconséjame para pescarlo.

-Ya estoy desguanzada nomás de oírte. Me estás haciendo que me dé una muina.

– ¡Míralo abue, ahí va en su charchana, es un tarufi!

– Síguele y te doy un coscorrón o un pellizco de monja, chamaca malcriada. Quién quita y así te portes bien.

– Era pura guasa, abue, ¿a poco te lo creíste?

– Entre guasa y guasa se llenan de chilpayates.

– Sólo te estoy cotorreando, a ver qué decías. ¡Mira, ahí viene otra vez! Creo que le gusté.

– Que se atreva a acercarse. Voy a llamar a un cuico o a un azul para que se lo lleven en una Julia. ¡Y tú a tu casa! Faltaba más. Aquí todo sanseacabó.

– Pero abue…

– ¡A casa!

(Uso de 59 arcaismos)

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Núm. 245 – Abril 2020

abril 9, 2020

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