NOS VEMOS EN ¡HUAQUECHULA!

De Viaje

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Nos vemos en ¡Huaquechula!

 

Noviembre, una fecha importante para los mexicanos ya que la noche de muertos es una tradición única, música, cantos, luces, platillos y aromas mezclados entre cempasúchil y copal.

 

Nos vemos en ¡Huaquechula!

 

En la mayoría de los estados se lleva a cabo esta celebración y entre las más importantes se encuentran:

Pátzcuaro,

Mixquic en la Ciudad de México,

Janitzio,

0axaca de Juárez,

Teotihuacan,

Chignahuapan y Huaquechula en Puebla, este último ubicado en la Sierra Mixteca y el volcán Popocatépetl, a 56 kilómetros al sureste de la ciudad de Puebla, se encuentra Huaquechula, célebre lugar por la belleza de sus altares.

 

A una hora de la ciudad de Puebla, por la carretera a Atlixco y rumbo a Izúcar de Matamoros, existe un pequeño pueblo pintoresco lleno de increíble historia donde abundan las flores y la vegetación, así como las vistas más impresionantes de los volcanes.

 

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Pueblo mágico, lleno de encanto, famoso por sus tradiciones. Aquí se encuentra el ex convento franciscano que data del siglo XVI y que forma parte de un equinoccio solar (evento natural del sol cuando el día y la noche duran casi lo mismo, esto sucede 2 veces al año entre el verano y el otoño), cuya luz atraviesa uno de los pasillos del lugar iluminándolo en su totalidad.

 

Pero aquí la tradición más importante es el Día de Muertos, cuando se dedican las ofrendas a seres queridos que se han ido. Los altareros, encargados de diseñar y elaborar las ofrendas, las cuales oscilan entre 3,000 y 15,000 pesos, depende de los ornamentos y el nivel económico de cada familia.

 

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En estos altares se colocan un sin fin de objetos representativos del difunto, como su comida favorita, que según las creencias vienen a comerla durante la noche, lo tradicional es el mole, el pan de muerto, frutas, dulces, chocolate, mezcal y atole, así como reliquias y objetos personales del difunto, imágenes de santos, cruces y veladoras.  

 

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Las familias que representan las ofrendas suelen preparar chocolate acompañado del pan de la región para recibir a quienes visitan las casas, no obstante, también se reciben a las personas que deseen quedarse a acompañar a las familias, algunas veces se preparan alimentos más fuertes como pozole u otros guisos, esto también dependerá del nivel económico de cada familia. Después se visita la siguiente ofrenda. La tradición es visitar cada altar de aquellos que fueron y no existen más.

 

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El 28 de octubre se reciben a las ánimas (nombre que se le da a los muertos); el 1° de noviembre, a las 2pm se les da la bienvenida, a los difuntos, después cada familia debe abrir sus puertas para que sean visitados. Estos altares son considerados sagrados y son impresionantes ya que miden 3 metros de altura y deben de contar con 3 o 4 pisos. Es común que los visitantes lleven veladoras y hagan una pequeña reverencia en señal de respeto al altar.

 

El 1er. piso representa la Vida Terrenal, aquí se coloca la foto del difunto, la cual se refleja en un espejo que significa la entrada a la eternidad o al inframundo.

 

El 2o. piso representa El Cielo, con una foto de la Virgen María, algunas imágenes religiosas, ángeles y objetos católicos como el cáliz, la hostia y variadas veladoras de diferentes tamaños.

 

El 3er. piso significa La Elevación Celestial. Aquí se coloca un crucifijo de gran tamaño.

 

El día 2 de noviembre se culmina con la visita de los familiares al cementerio para adornar con flores las tumbas de sus amados difuntos.

 

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Estos días son toda una experiencia cultural tanto para locales como para turistas, quienes hacen largas filas para conocer y disfrutar de estas extraordinarias celebraciones y costumbres de la región. Año con año las familias se preparan con meses de anticipación para poder llevar a cabo estas bellas tradiciones y aprovechar para disfrutar los platillos típicos de este encantador lugar, como son los famosos molotes, adobo negro, tamales de ceniza con frijol, pan de rosquetes, hojaldras, coloradas y el típico pan de muerto. 

 

Nos vemos en ¡Huaquechula!

MISCELÁNEO

Núm. 277 – Diciembre 2022

Enrique Wong Pujada

¿Por qué la Alianza del Pacífico vela por la unidad y el progreso social?