LO QUE EL PASADO DEJÓ

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Hablar del pasado es como ver una película en cámara lenta, lo importante, es saber escoger los géneros cinematográficos y no quedarse en la clasificación del terror marcado por algún acontecimiento que dejó secuelas en los procesos, tanto inconscientes como conscientes, y cómo influyen en los pensamientos de forma negativa, pero también, existen los recuerdos de momentos gratos que traen consigo felicidad. En esa dualidad de vivencias del pasado hay que ser selectivos en el instante en que se originan, para poder guiar a la mente para que elija la cinta que reconforte las emociones las cuales están conectadas al corazón.

 

Lo que el pasado dejó

 

La correlación con los recuerdos se centra en la capacidad de guardar información que se trae al presente a través de las emociones, por esta razón, los episodios negativos se deben manejar como el resultado de las experiencias que se convirtieron en enseñanzas, con una actitud retrospectiva. Quedarse estacionado en situaciones traumáticas es perpetuar un recuerdo que puede causar dolor hasta convertirse en sufrimiento; hay que pasar la página y seguir viviendo de la mejor manera posible. Solo hay que voltear al pasado para recordar las noches mágicas y los días de lluvia que invitaban a estar en casa con la pijama puesta y una frazada mientras se disfrutaba de la lectura. Ahora bien, los eventos que dieron un giro inesperado y transformaron los días de paz y tranquilidad, en instantes de inquietud, hay que aprender a gestionarlos mediante la inteligencia emocional y el desarrollo de habilidades mentales.

 

Recapitulando situaciones de la vida cotidiana: Personas que se conocieron en este gran viaje de la vida y tan solo fueron entes que su presencia no se extraña; sin embargo, están los que llegaron para quedarse, y que son parte importante de los afectos, así como situaciones trascendentales. El café que se enfrió por esperar a quien nunca apareció, y la copa de vino que acompañó una cena especial, con el deseo de que el reloj se detuviera. ¡Cuántas historias!… Es como mirar por el espejo retrovisor existencial y recordar los años de la infancia que ya no volverán, pero están presentes por medio de los recuerdos. También, se puede regresar la cinta a ese primer amor de la adolescencia, o los cambios en la edad adulta y darse cuenta que todo sucedió tan rápido, y que el pasó por la vida es sólo un santiamén.

 

Lo que el pasado dejó

 

De pequeños todos deseábamos ser grandes rápidamente, cuando la niñez fue lo más bonito, pero se tenía tanta prisa por ser adultos que en ocasiones se nos olvidó vivir bien y sólo quedó la remembranza de los acontecimientos que marcaron la historia personal, pero, es precisamente el pasado el que permite soñar despiertos, pasar por las diferentes etapas y acompañar el sistema mental de pensamientos, es decir, por medio del pasado podemos disfrutar de instantes que quedaron guardados para siempre en el corazón, como regalos que se pueden disfrutar cuando se desee.

 

Lo que el pasado dejó

 

LOS ROSTROS DEL PASADO

El pasado tiene diferentes rostros todo depende del estado de ánimo. Se puede mirar con alegría cuando se vivió algo maravilloso y con tristeza cuando se recuerda la pérdida de un ser querido. Es ambivalente cuando no se sabe qué decisión tomar, y divertida, en las interminables fiestas de juventud. También, conserva tatuada los grandes amores, los desvelos cuando nacen los hijos y las noches de luna llena que generan muchos sentimientos. Asimismo, es un gran maestro de vida por todas las enseñanzas que aporta.

 

Cada rostro simboliza los diferentes matices psicoemocionales y cómo los seres humanos perciben y procesan su realidad según la forma de ver la vida y su sistema mental de pensamientos. A modo de ejemplo, las personas depresivas o con ansiedad pueden centrarse más en los recuerdos negativos que en los positivos, se recomienda, enfocarse en una vivencia agradable para mejorar su estado de ánimo. A lo que se suma, si una persona evoca recuerdos sobre personas que le causaron problemas o le ocasionaron algún daño, el cerebro se conecta al coraje, odio, impotencia, rabia y su rostro del pasado está conectado a construir pensamientos negativos y, el hubiera, aparece. “Hubiera actuado de otra manera, no sé cómo lo permití”. Para transformar esta carga energética negativa, debe aprender a perdonar, y borrar de la mente lo que ya no se puede cambiar, recordando que en su momento, “hizo lo que pudo con los recursos que tenía”.

 

De esta manera, vivir del pasado como forma de vida, no es bueno, y más, cuando no son gratos los recuerdos. Es como un enorme pulpo que abraza las emociones hasta asfixiarlas. Como dice la canción: “Ya lo pasado, pasado… No me interesa”, y más cuando se convierte en un ladrón que no permite el crecimiento interior, pero también, es agradecimiento por todas sus aportaciones que ha dejado y con el paso del tiempo se convierten en sabiduría.

 

Lo que el pasado dejó

 

GRACIAS AL PASADO

Un pasado sano moldea a los individuos, hasta convertirlos en lo que son. Enseñanzas que transformaron, caídas inesperadas que muchas veces dejaron cicatrices, la risa como símbolo de instantes divertidos, así como surge el canto al recordar alguna melodía. Agradecer por la abundancia recibida en todos los sentidos. Resaltar que tiene códigos. Aprender de las experiencias, analizar las diferentes opciones para tomar las mejores decisiones y vivir en el presente. A esto se suma, la fortaleza mediante la resiliencia, la cual, puede transformar episodios no gratos en un corazón resistente que no se queda atrapado en la infelicidad. El poder resignificar el pasado negativo, en aprendizaje, para no permanecer en un limbo existencial y volver a vivir ese dolor como un sufrimiento constante, tampoco se vale descalificarse por los resultados obtenidos, con la consigna de autocastigarse emocionalmente, convirtiéndose en su peor juez. Mejor cuestionarse, para qué me sirve esa parte de mi historia, la respuesta es: para crecer interiormente, para actuar en consecuencia, ya que al pasado no se le debe ver como un fantasma que aparece para quitar el sueño, más bien, acompaña al presente y prepara para el futuro. Es una herramienta de vida que tiene la capacidad de gestionar las emociones y fortalecer a los seres humanos, de darles identidad y de formar una parte importante de la personalidad.

 

Si se le pudiera poner color dependería de las vivencias. Gris o negro, en recuerdos no gratos; amarillo, en la alegría; azul, evoca los momentos en la playa; blanco, en situaciones de paz y armonía; rojo, cuando cupido tocó al corazón; verde, representa la conexión con el medio ambiente; un arcoíris llega con un “después de la tempestad viene  la calma”, y cada quien le pondrá el color, dependiendo de su estado de ánimo.

 

Aunque el pasado es necesario para el crecimiento personal, se debe vivir en el arte del presente, percibiendo el aquí y el ahora en perfecta armonía con el ser interior y el entorno. Aprendiendo de cada etapa y fortaleciendo los acontecimientos que han marcado de manera significativa la existencia humana.

 

Psicoterapeuta Raquel Estrada

Tanatología, Logoterapia y Prevención del Suicidio

racheles_03@outlook.com

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SALUD

Núm. 273 – Agosto 2022

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