“NI CLONAZEPAM, NI PROZAC, MEJOR BUENAS AMIGAS”

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Karla Aparicio

 

A veces es difícil entender qué buscamos las mujeres cuando contamos algo en un momento de angustia y desesperación. La mayoría de las veces no queremos una solución. En el fondo simplemente queremos sentirnos escuchadas. Y justo esto es lo que encontramos en nuestras amigas: la libertad de contar nuestras cosas, ser comprendidas sin ser juzgadas. La verdad es que buscamos la empatía.

Cuando somos escuchadas, el miedo y la ansiedad que tenemos dentro, se calma, y cuando esto sucede, liberamos la hormona de la oxitocina que es la clave para combatir la ansiedad, la angustia o el estrés.

Según estudios, el cuerpo produce oxitocina cuando nos encontramos en situaciones sociales positivas y nos hace ser más empáticos, generosos y, en general, más felices. Por lo tanto, juntarnos con nuestras amigas es un muy buen remedio natural para reducir los sentimientos depresivos y la ansiedad.

En días pasados, me tocó vivir una liberación de oxitocina maravillosa, que aún no pierde el efecto: me siento como si flotara. Me siento muy feliz. Hice un viaje a la playa con mis amigas de la primaria, ¡De la primaria! Con la bendita tecnología nos reencontrarnos hace unos años y la amistad se retomó, y nos hemos unido quizá más que antes. Hoy por hoy, ya somos mujeres de “más de cincuenta”. Hay de todo: divorciadas, solteras, viudas, recicladas, vueltas a casar, abuelas, empresarias, artistas… pero tenemos algo en común: somos mujeres “echadas pa´ delante”, que “ya fuimos y venimos” ¡y con los mismos achaques!

La planeación fue de lo más emocionante: parecíamos adolescentes, cabe mencionar que la pandemia produjo cambios en nosotras, y los encierros y aislamientos se nos hicieron costumbre, y a algunas nos cuesta más que a otras retomar la vida social. (¡Cuidado! Esto es algo que debemos evitar: porque cuanto menos salimos, menos queremos salir y no podemos vivir aislados).

Luego de días de planificación, de listas y más listas de lo que deberíamos llevar, la fecha llegó. Fuimos cinco de las amigas a las que los compromisos nos dieron tregua para vivir la aventura, un número ideal ya que entramos perfecto en una camioneta, repleta, de no sé qué tanto llevábamos, a pesar de que nos prometimos viajar ligero, pero no lo logramos.

 

Karla Aparicio

 

UN UNIVERSO DE CONFIDENCIAS

Aquí aplico perfecto la frase de: “Quien tiene una amiga, tiene un tesoro”, una frase que encierra un universo de confidencias. No cabe duda de que algo mágico ocurrió, porque desde el primer día tejimos un ambiente de confianza y empatía, sin juicios y con muchas risas.

De pronto nos confesamos secretos inconfesables. Ya no éramos amigas, éramos hermanas. Las noches se extendían hasta las madrugadas, que eran, en el mejor momento del clímax, el desahogo y la confesión, cual niñas en su primera comunión.

Ni siquiera conocíamos al “Dulcineo” protagonista de la historia, pero en cinco minutos el susodicho ya había pasado por todo tipo de scanner y diagnóstico existente de cinco mujeres, que no son sabias ni perfectas, pero que sí nos estamos ejercitando a decir toda la verdad, con clemencia y amor.

Fuimos soporte vital las veinticuatro horas de todos los días, siempre estuvimos ahí, no todas a la vez, había relevos, porque unas dormimos mucho más que otras. Pero invariablemente estuvimos ahí. Nos ayudamos y compartimos. Hicimos nuestra red de apoyo incondicional de manera divertida y motivadora. Así que la falta de energía, los bochornos o el insomnio, desaparecieron. Algunas sacamos del cajón las alas que tuvimos que guardar, mientras cuidamos el vuelo de alguien más. Nos transformamos, aperturamos nuestra mente y nos reparamos. Fue maravilloso.

Se construyeron lazos de poder.

 

Karla Aparicio

 

Así que, aunque te sientas cansada o con poca energía, ¡no renuncies a salir con las amigas nunca! Siempre volverás a casa con unas dosis de positividad renovada.

Además, al compartir lo que nos pasa, quizá habrá alguien que está en nuestra misma situación y así normalizamos lo que nos sucede y nos ayudemos a sentirnos comprendidas.

Hasta puede influir a cambiar creencias negativas sobre el mundo o sobre nosotras mismas. Compartir, escuchar otros puntos de vista y ampliar nuestra visión en un problema permitiéndonos navegar mejor por los altibajos. Favorece a aumentar el bienestar psicológico. Esto reduce el estrés, y además, mejora la sensación de optimismo, y lo más probable es que hasta pudiera sustituir cualquier píldora antidepresiva.

Quizás esto puede que no sea algo por lo que debamos sorprendernos; después de todo, los seres humanos hemos estado conectados con el hecho de trabajar en equipo para sobrevivir y prosperar. Es algo que venimos haciendo desde hace millones de años, pero no está de más recordarlo.

Y porque nunca está de más agradecer, gracias amigas mías por esta odisea, por inmortalizar los rituales, y recitar los antiguos rezos que recuerdan los símbolos y las formas de fortalecer nuestra AMISTAD, hoy estamos más unidas que nunca, las confidencias que compartimos quedarán resguardadas bajo el sello del amor y el respeto.

¡Por una larga amistad!

MISCELÁNEO

Núm. 277 – Diciembre 2022

Enrique Wong Pujada

¿Por qué la Alianza del Pacífico vela por la unidad y el progreso social?