LA INFLACIÓN QUE ALIMENTA EL HAMBRE

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Don Hilario Garcilla llevó la púa de la hebilla hasta el último agujero del cincho -que cuenta tantos años como él- y ni así pudo afianzar con firmeza el pantalón a su cintura, habría que hacerle uno aún más alejado, porque ya no tiene panza para que le dé la medida. Estaba por cumplir 80 años, precisamente cuando naciera el milenio: sí, llegó a este mundo con la Revolución galopante. Y todos los avatares que la acompañaron los vio y vivió en la orilla zacatecana pegada al Sur de Coahuila.

Ahí creció y nunca quiso salir de esas resequedades del Norte de Zacatecas, ese territorio que dicen tiene bajo su desierto y cerros pelones incalculables riquezas de metales preciosos, tanto que la bautizaron como Concepción del Oro.

Alguna vez fue gambusino, cuando las fuerzas de la juventud le daban para sembrar la tierra y una vez levantada la cosecha se podía adentrar en la sierra en los meses de otoño para agujerear las lomas. En invierno no, porque la cobija ya estaba muy remendada para aguantar las heladas del fin de año.

Dejó de hurgar en las entrañas de los cerros cuando el hambre lo andaba matando, con grandes dificultades regresó a su solar, después de noches y días infinitos que los caminó con las tripas aisladas retorcidas por vacías y ese maldito dolor de panza que lo doblaba hasta caer y encomendarse al Creador. De no ser porque se bebió sus propios orines, no hubiese sobrevivido tal epopeya. Esa fue su gran medicina para cuando se caminan grandes distancias en las soledades áridas sin alimento y agua racionada.

Hilario siempre comió de lo que sembró y escasamente llegó a disfrutar de un trozo de carne, sólo en las festividades locales que se realizan cada año. En esas lejanías la vida camina a veces de la mano, a veces abrazada del hambre; de dietas anémicas, agonizantes de largos senderos desconocidos e inéditos para las mesas de las abundancias.

 

La inflación que alimenta el hambre

 

En ese otro mundo de las grandes urbes cosmopolitas pletóricas, que jamás caminó Hilario, también la hambruna cobra su cuota de vidas humanas. Las instituciones, sus pensadores y expertos del desarrollo prometían que eventualmente los pobres podrían comprar la comida que no tenían, de la misma manera que prometían que los beneficios de lo que llamaron globalización les llegarían.

No es así, este sistema globalizador, prometedor de soluciones se alimenta del éter fantasioso del consumismo poniéndolo en el centro del desarrollo, como único motor capaz de mover al mundo y de resolver los problemas que genera y se niega a reconocer.

Sus propios números lo delatan. Los reportes de la FAO, por ejemplo, señalan que en 2007 se levantó una cosecha mundial récord de granos, había comida suficiente para todos, y al siguiente año se dio una crisis severa en la alimentación global por problemas de inflación.

“De hecho, en los últimos 20 años, la producción de comida mundial ha crecido más de 2% anualmente, mientras que la población mundial está creciendo 1.14% al año. La población no está por encima de la oferta de alimentos. Lo que pasa es que los pobres son demasiado pobres para comprar la comida que existe. Estamos viendo más gente con hambre que antes. Hay comida en los estantes, pero la gente no tiene con qué pagar”, ha dicho Jossette Sheeran, director del Programa Mundial de Hambre.

Para ECONOMÍASOLIDARIA.ORG, la crisis de inflación en los precios de alimentos es solamente la punta más reciente de un iceberg que se mueve lentamente. Aunque las rebeliones ocasionadas por los precios de alimentos han aparecido en los titulares de la prensa recientemente, los gobiernos han prometido terminar con la hambruna por más de 30 años. Y hace un recuento preciso de esos decires:

1974—500 millones de gente con hambre en los países en desarrollo. La Conferencia Mundial de Alimentos promete erradicar el hambre de los niños en 10 años.

1996—830 millones de personas con hambre. La Cumbre Mundial de Alimentos promete reducir el número de gente con hambre a la mitad para el año 2015.

2000 la Cumbre del Milenio—Los líderes del mundo prometen reducir la pobreza extrema y el hambre a la mitad para el 2015.

2002—850 millones de personas con hambre. La Cumbre Mundial de Alimentos admite que no se ha progresado mucho hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

2008—862 millones de personas con hambre. La Conferencia Mundial de Seguridad Alimentaria de la FAO anuncia que, en lugar de reducir la cantidad de hambrientos a 400 millones, el hambre ha aumentado. El Banco Mundial aumenta sus proyecciones de pobreza extrema, de 1,000 millones a 1,400 millones.

Mas de 3,000 millones de personas viven con menos de dos dólares al día. 12% de la población de los Estados Unidos todavía tiene hambre. A pesar de que se gastan 60,000 millones de dólares anualmente en programas gubernamentales de alimentación y que han surgido más de 70,000 bancos de alimentos y programas de alimentación de emergencia por todo el país, uno de cada seis niños estadunidenses pasa hambre cada mes y 35 millones de personas no consumen suficientes calorías.

En julio de 2022, la organización alemana Welthungerhilfe advirtió que una gran cantidad de países dejan de exportar alimentos, lo que agrava la crisis mundial del hambre, y ubicó en más de 811 millones el número de personas que sufren hambre en el mundo.

 

La inflación que alimenta el hambre

 

En el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2021 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) precisa que “las previsiones muestran que el mundo no está en vías de lograr el objetivo del hambre cero para 2030 y, pese a que se han realizado ciertos progresos, tampoco lleva camino de lograr las metas mundiales sobre nutrición. Es probable que la seguridad alimentaria y el estado nutricional de los grupos de población más vulnerables se deterioren aún más debido a las repercusiones socioeconómicas y sanitarias de la pandemia de la enfermedad por coronavirus (COVID-19)”.

Este informe se publicó en junio de 2021 y en él se estima que de 720 a 811 millones de

personas pasaron hambre en 2020. Los altos costos y la escasa asequibilidad impiden también a miles de millones de personas lograr una alimentación saludable o nutritiva.

El panorama numérico desvela el fracaso de la globalización como parte de los mecanismos propuestos por el sistema neoliberal para resolver la pobreza, el hambre y los desequilibrios de la sociedad moderna mundial. Después de tantas propuestas y promesas de los líderes económicos y políticos del mundo, finalmente el fantasma que atormentó durante su vida a Don Hilario Garcilla sigue firme, presente y descarado en millones de hogares del planeta en los que los cinchos ya no alcanzan para engañar el hambre.

POLÍTICA

Núm. 275 – Octubre 2022

Nueva Ley de Husos Horarios

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